El mayordomo del Elíseo que entre 2023 y 2025 sustrajo un centenar de piezas de porcelana de la vajilla oficial del palacio presidencial francés, consideradas patrimonio histórico, fue condenado este jueves a un año de cárcel, que podrá cumplir en arresto domiciliario y con brazalete electrónico.
Además, el Tribunal Correccional de París le impuso otro año de prisión exento de cumplimiento y una multa de 10.000 euros, así como la prohibición de ejercer como mayordomo y de acudir a subastas.
Su pareja, anticuario de profesión, acusado de complicidad en el robo, al ser el encargado de la venta de las piezas, fue condenado a dos años de cárcel, de los que 16 meses están exentos de cumplimiento y el resto también podrá cumplirlo en arresto domiciliario con brazalete electrónico.
El tercer imputado en el caso, un joven coleccionista que compró a la pareja la mayor parte de las piezas, fue sentenciado a un año de prisión exento de cumplimiento.
La presidenta del tribunal destacó la “gravedad” de los delitos, tanto por el alargado periodo en el que fueron cometidos como por la cantidad de piezas robadas y su valor “financiero e histórico”, al tiempo que puso de manifiesto la “ruptura del vínculo de confianza” con el Elíseo, que era su empleador.
Los tres acusados reconocieron los hechos el pasado 26 de febrero, cuando la Fiscalía pidió para ellos penas de entre 18 y cuatro meses de cárcel firme, con la posibilidad de cumplirlos en arresto domiciliario.
Las penas impuestas son algo más bajas que las que había pedido la Fiscalía.
Thomas G. era uno de los responsables de cuidar de la vajilla que el palacio del Elíseo utiliza para sus cenas de gala, fabricada en la prestigiosa manufactura de Sevrès y considerada patrimonio nacional.
A partir de 2023, comenzó a extraer piezas de la misma, lo que provocó que sus superiores se dieran cuenta de que faltaban en el inventario dos años más tarde.
La investigación puso enseguida a los policías sobre la pista del mayordomo, que durante meses amasó una importante colección, unas 150 piezas de valor muy diferente.

Basándose en la estimación de la Manufactura de Sevres, que se presentó como acusación particular en el caso y que puso de manifiesto su valor histórico, el precio de los objetos robados supera los 317.000 euros, muy por encima de los 15.000 que reconocieron los acusados, que sustentaban su estimación en los precios de internet.
Según confesó durante el juicio, la crisis económica le golpeó de forma importante y junto a su pareja, Damien G., crearon un perfil en páginas de venta de objetos.
Ghislian M., un joven trabajador del Louvre apasionado de la porcelana, fue quien les compró buena parte de los platos, vasos y otros objetos.
Tanto este último como Damien, muy implicados en la compraventa de objetos de colección, se libraron de la pena de prohibición de asistir a subastas, una de las amenazas que más temían, según indicaron en el juicio.
Admiten hechos pero niegan haber planeado un sistema de desvío
Los tres reconocieron los hechos, se mostraron arrepentidos por haberlos cometido, pero rechazaron haber organizado un sistema de desvío.
“Cuando tuvimos problemas financieros empezamos a venderlos”, dijo Thomas, que recordó que en un momento no podía ni pagar el depósito de gas que alimentaba la calefacción del domicilio que compartía con Damien en la región parisiense.
El mayordomo reconoció haberse “dejado llevar” por la facilidad del acceso a las piezas, pero negó que su intención fuera inicialmente enriquecerse.
“Era admiración”, aseguró ante la jueza, al igual que su pareja, que aseguró que en un principio no sabía que los objetos procedían del robo. “Pensaba que eran regalos de sus compañeros o de sus jefes. Me fui dando cuenta con el tiempo”, aseguró.
A Ghislian le dijeron que procedían de una herencia de un abuelo de Damien y él, apasionado de la porcelana, no quiso mirar más allá. “Ni siquiera sabía que Thomas trabajaba en el Elíseo”, aseguró el coleccionista, quien dijo que se enteró viendo un reportaje en televisión y fue entonces cuando empezó a sospechar.
Entre lágrimas, pidieron perdón. Thomas al Elíseo, al que reconoció haber fallado en la confianza que había depositado en él. Damien a la sociedad. Y Ghislian a la Manufactura de Sevres, de la que se confesó un gran admirador.




