El Segundo Juzgado de Letras de Osorno sentenció el pago de 150 millones de pesos, la totalidad de lo solicitado por la demandante, tras la denuncia por negligencia médica de una paciente por un parto que la dejó con graves secuelas físicas y psicológicas.
Según relató la abogada que representó a la afectada, Roxana Carrasco, el caso ocurrió en 2022 en el hospital de Osorno, cuando la paciente fue ingresada para la atención obstétrica.
Si bien este se desarrolló sin complicaciones para el recién nacido, se llevaron a cabo maniobras desaconsejadas por organismos de salud con el fin de acelerar la expulsión de la placenta.
La maniobra de Kristeller —ampliamente cuestionada e incluso prohibida en países como Reino Unido— y la tracción manual de la placenta antes de tiempo provocaron una inversión uterina en la madre, lo que hizo necesario su traslado urgente a pabellón.
“Se determinó la indemnización por el daño moral de mi representada en 150 millones de pesos. Es una sentencia bastante ejemplar, teniendo presente sobre todo que, en este caso, hubo un muy mal manejo por parte de los profesionales involucrados y del servicio de salud del hospital”, dijo.
De los informes presentados se desprende incluso que en estas maniobras habría participado una estudiante de obstetricia en práctica, sin la presencia de un médico ginecólogo, pese a tratarse de un parto de alto riesgo, lo que era conocido con antelación.
“Es una sentencia bastante ejemplificadora por el monto y por visibilizar un poco más la violencia obstétrica o la negligencia obstétrica y los malos manejos que hay muchas veces en estos casos”, sostuvo la abogada.
El tribunal de primera instancia sustentó su fallo condenatorio en informes periciales que evidenciaron un manejo clínico inadecuado, además de inconsistencias en la ficha médica.
“Hacer presente igual que acá también lo otro que llama la atención es que no solo se condenó al servicio de salud y al hospital, sino que también a una de las profesionales que participó como parte del equipo médico en este parto”, complementó.
El equipo médico debió practicar una histerectomía para salvar la vida de la paciente, eliminando la posibilidad de futuros embarazos, lo que resultó particularmente devastador para la afectada, quien había sufrido seis abortos espontáneos previos.
La paciente fue sometida a un coma inducido, requirió transfusiones sanguíneas y sufrió importantes secuelas psicológicas que, además, dificultaron el vínculo inicial con su hijo.
Si bien la sentencia puede ser recurrida ante instancias superiores, la defensa sostiene que la evidencia reunida es concluyente.



