El día que el magnate tecnológico Peter Thiel visitó la Casa Rosada (palacio de gobierno), el gobierno argentino prohibió el ingreso de periodistas acreditados al edificio. La excusa para no dejar entrar a los periodistas a su lugar de trabajo fue que un cronista había filmado los pasillos con unos anteojos Ray-Ban Meta. Thiel, el hombre que convirtió la vigilancia masiva en un negocio de miles de millones de dólares, llegó al Cono Sur sin querer testigos.
Hace poco más de un mes, Thiel llegó al Cono Sur con su marido, sus hijos y 12 millones de dólares listos para comprar una mansión en Barrio Parque, uno de los barrios más exclusivos de la ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Desde fines de abril, el cofundador de Palantir Technologies comenzó una gira por la región que, por su opacidad, genera más preguntas que respuestas. La información pública es que en Buenos Aires se reunió con el presidente Javier Milei en la Casa Rosada y con ministros de su gabinete. Luego cruzó la cordillera hasta Santiago de Chile, para reunirse con el excandidato presidencial Johannes Kaiser y con José Piñera, arquitecto del Código Minero chileno.
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Según trascendió sin confirmación oficial, también con el presidente José Antonio Kast. En Paraguay, el presidente Santiago Peña lo recibió en la casa presidencial y celebró el encuentro en redes sociales. El 1 de mayo viajó a Brasil, donde no hay registros de su actividad.
Just met Peter Thiel in Santiago. I enjoyed so much the conversation about the Chilean miracle and world trends that decided to give him my collector stamp with our hero Thomas Jefferson’s vow: “I have sworn eternal hostility against every form of tyranny over the mind of man”. pic.twitter.com/73PyTUqqu1
— José Piñera🗽🇨🇱 (@jpinera_english) April 25, 2026
Una empresa nacida del miedo
Palantir no es una empresa de tecnología convencional. Fundada en 2003 con respaldo directo de In-Q-Tel, el fondo de inversión de la CIA, su nombre proviene de los palantíri, las esferas que permiten ver a distancia de El Señor de los Anillos.
Sus plataformas están diseñadas para integrar enormes volúmenes de datos de distintas fuentes, cruzarlos, construir perfiles y optimizar decisiones. Sus clientes principales son gobiernos y ejércitos: la CIA, el FBI, el Ejército estadounidense, el Ministerio de Defensa de Israel.
Con ingresos que superaron los 4.475 millones de dólares en 2025, Palantir es hoy componente del S&P 500, uno de los índices bursátiles más importantes de Estados Unidos. La empresa opera con países alineados con la política exterior de Washington. Sus clientes incluyen Israel, Reino Unido, Ucrania, Francia y Arabia Saudita.
Hasta ahora, América del Sur no estaba en ese mapa. Eso parece estar cambiando: en Ecuador, el gobierno de Daniel Noboa ya firmó en 2025 acuerdos con Palantir para el control aduanero. En Chile, la empresa ya registró su marca.
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El sistema nervioso del Estado
“Palantir viene a enchufarse al sistema nervioso del Estado: energía, datos, comunicaciones, infraestructura, seguridad, servicios digitales, registros públicos, migraciones, salud, educación, justicia, bancos, cámaras, cárceles, redes sociales y geolocalización”, explica a BioBioChile Ariel Garbarz, ingeniero en Electrónica y especialista en Inteligencia Artificial. La lista es deliberadamente larga, y la descripción técnica de lo que el sistema puede absorber una vez que entra al Estado.
“El riesgo no es solamente que te espíen”, advierte Garbarz, “es que el Estado entregue a una empresa privada estadounidense la capacidad de integrar, cruzar, perfilar, predecir y recomendar decisiones sobre toda la población. El ciudadano deja de ser sujeto de derechos y pasa a ser un objeto de cálculo”.
Además del factor espionaje, más explorado por la prensa, Garbarz introduce una segunda variable que no aparece en el debate público: la energía.
“Un data center hiperescalar de IA de 500 megavatios consume energía continua las 24 horas. Eso equivale aproximadamente al consumo eléctrico anual de 500.000 hogares argentinos, o al 21,9% de la generación media anual de Yacyretá (NdR: la represa hidroeléctrica compartida entre Argentina y Paraguay sobre el río Paraná)”, calcula.
“Palantir no viene solo por nuestros datos. Viene por la energía pública que necesita para convertir esos datos en poder privado. Y cuando el pueblo quiere reaccionar, ya no gobierna el voto popular: gobierna una caja negra alimentada con electricidad pública, datos nacionales e inteligencia artificial privada”.
Eso explica movimientos que hasta ahora parecían inconexos en la agenda de Thiel en la región. Su empresa Crusoe ya opera en el yacimiento de petróleo y gas Vaca Muerta, al sur de Argentina, aprovechando el gas de Neuquén para computación en la nube, y dentro de su fondo de inversión Founders Fund figura una startup de energía nuclear estadounidense. También aparece en el horizonte ARSAT, la empresa estatal de satélites y fibra óptica, donde fuentes internas señalaron presión para desplazar el financiamiento chino por el estadounidense.
Antecedentes
A pesar de la opacidad de la empresa, el historial de su trabajo da algunos indicios acerca de su operación. “Sus sistemas permiten integrar grandes volúmenes de datos, cruzar información de distintas fuentes, generar perfiles y apoyar decisiones estatales que pueden afectar derechos fundamentales”, dice a BioBioChile Mariela Belski, directora ejecutiva de la ONG Amnistía Internacional Argentina.
Destacan el uso por parte de agencias migratorias de Estados Unidos de productos de Palantir implicados en el monitoreo discriminatorio de migrantes y en la vigilancia de activistas.
En el Reino Unido, Amnistía pidió al Servicio Nacional de Salud que rescindiera su contrato con la empresa por los riesgos en el manejo de datos de salud.
En Alemania, el Tribunal Constitucional Federal declaró inconstitucionales disposiciones que permitían el uso policial de su software en Hesse y Hamburgo, porque permitían perfilar personas sin sospecha fundada, vulnerando el derecho a la autodeterminación informativa.
Palantir proveyó inteligencia artificial al ejército israelí, con una asociación estratégica con el Ministerio de Defensa anunciada en 2024.
Dentro de la región, Ecuador se convirtió en el globo de ensayo. “La excusa fue perfecta: aduanas, fronteras, contrabando, narcotráfico, modernización, eficiencia. Nadie dice ‘vamos a instalar una arquitectura de vigilancia social’, siempre entran por la puerta noble de la seguridad”, asegura Garbarz.
“Pero una vez que Palantir entra por aduanas, puede escalar a migraciones, policía, inteligencia, telecomunicaciones, registros civiles, bancos, salud, educación y asistencia social. Ese es el método: primero seguridad, después fronteras, después fraude, después eficiencia estatal, después integración total del Estado. Y ahí Ecuador anticipa lo que pueden intentar hacer en toda la región: usar el miedo al delito, al narco o al migrante como excusa para meter una plataforma privada estadounidense dentro de las bases de datos nacionales”, agrega.
Sus reuniones en Chile
En Chile, el diputado Gonzalo Winter (Frente Amplio) ofició a Presidencia para exigir que confirmara si Kast se reunió con Thiel, quiénes participaron y qué se habló.
“Lo que esta persona puede conversar con un jefe de Estado es tremendamente importante, porque hablamos de alguien que controla sistemas de datos y vigilancia utilizados en contratos con distintos Estados”, dijo. La Presidencia no respondió.
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Ese silencio tiene peso porque Palantir ya registró su marca en Chile con el objetivo explícito de ofrecer al Estado plataformas de seguridad, aduanas y digitalización. Diversas fuentes apuntan a que el modelo sería el mismo que en Ecuador.
Kaiser reconoció su reunión con Thiel y contó que hablaron de minería de metales y recursos naturales. José Piñera le regaló un sello con una frase de Thomas Jefferson sobre la “hostilidad eterna contra toda tiranía”.
“Los gobiernos de Chile y Argentina no deben avanzar en ningún acuerdo, prueba piloto, contratación o intercambio de datos sin evaluaciones de impacto en derechos humanos, auditorías independientes y control legislativo. Ningún gobierno debería contratar infraestructura de vigilancia masiva sin reglas claras y garantías efectivas para la población”, insiste Belski.




