Bolivia atraviesa una de las crisis más severas de su historia reciente. Con 33 días de bloqueos que paralizan ciudades como La Paz, El Alto y Cochabamba, el gobierno del presidente Rodrigo Paz enfrenta un escenario límite. Las últimas horas han sido particularmente convulsas: dos ministros renunciaron a sus cargos —Beatriz García de Educación y Marcelo Salinas de Defensa—, sumándose al titular de Trabajo que había dejado su puesto días antes. Más de 80 puntos de bloqueo mantienen cerradas las principales arterias del país, y en ciudades enteras ya no pasan alimentos, apenas ambulancias y medicamentos.
En este contexto de incertidumbre institucional, donde se habla abiertamente de la posibilidad de que el gobierno no concluya su mandato, Tomás Mosciatti conversó con Gonzalo Mendieta, abogado, escritor y analista político boliviano, quien ofrece una radiografía descarnada de la situación. Desde las fracturas al interior del gobierno hasta el rol de Evo Morales en las protestas, Mendieta analiza los factores que han llevado a Bolivia al borde de una crisis que podría derivar en enfrentamientos violentos.
La radiografía de un país paralizado
—Si hubiese que mostrar una radiografía de Bolivia en estos instantes, ¿qué es lo que se puede decir?
Yo comenzaría por lo más mundano, que es que hace 33 días las ciudades de El Alto y de La Paz están bloqueadas. No pasan alimentos desde los últimos días, apenas pasan ambulancias y medicamentos. El Estado no ha atinado a reaccionar, yo creo que no por falta de ganas, sino porque tampoco es que tenga las fuerzas necesarias, y estamos en el umbral de decisiones radicales que aparentemente quiere tomar el gobierno para salir de este brete.
—Entendemos que estas protestas ocurren en ciudades muy importantes como La Paz, El Alto y Oruro. ¿Estamos hablando de un país completamente paralizado?
Yo diría que grosso modo sí. En Santa Cruz, en la ciudad, por ejemplo, viven una especie de oasis, e imagino que en algunas ciudades pequeñas del oriente ocurre lo mismo, como en Trinidad o Cobija, pero el conflicto se ha extendido. La ciudad de Cochabamba, que es el centro de Bolivia, también está con bloqueos y está sufriendo ya los problemas del suministro de alimentos y de otros bienes, así que sí es un conflicto extendido.
El reporte esta mañana era que teníamos más de 80 puntos de bloqueo en el territorio. Ese número es alto, pero ha habido en las semanas previas más altos. Ciento treinta y tantos hemos llegado a tener.
—Rodrigo Paz asumió el 8 de noviembre del año pasado. ¿Cómo es posible que se haya producido un deterioro tan veloz en el poder y en la capacidad de convocatoria del presidente?
Para abstraernos de los talentos e ineptitudes del gobierno, la crisis es muy profunda. Hay una crisis económica desde el año 2014 que nos hemos venido comiendo las reservas internacionales hasta quedar casi agotadas.
Porque el modelo del boom de la economía del gas ha llegado a su fin y no tenemos nada semejante para exportar. Y creo que la distribución de bienes y haciendas que se podía con la economía del gas durante Evo Morales ya no es posible ahora. Así que estamos en una especie de debate por el excedente, pero ese excedente casi se ha esfumado.
Luego, el presidente Paz debutó con un gobierno que en la foto se parece mucho a los gobiernos previos a Evo Morales. Creo que ahí hubo al menos una falta de tacto simbólico. Y por otra parte, Rodrigo Paz fue elegido con el voto sobre todo de población de occidente y por un montón de votos que antes iban al Movimiento al Socialismo (MAS). Entonces hay una discordancia con su base electoral que siente que no está bien representada en el gobierno.
Deduzco que también hay partes más oscuras de este movimiento que no son precisamente una legitimidad social, sino algunas cosas que están ocurriendo en la economía boliviana con dinero negro. Entonces se junta el hambre y las ganas de comer.
—Rodrigo Paz ganó la presidencia en segunda vuelta a Jorge Quiroga por el 54,5% de los votos. Dos candidatos que podríamos calificar de derecha. El candidato del MAS, Eduardo del Castillo, obtuvo un 3% en la primera vuelta. ¿Qué pasó en Bolivia para que el MAS se achicara tanto y que ahora el que ganó de la derecha esté con tantos problemas?
Como siempre, la realidad boliviana ofrece una pluralidad de colores a quien quiera mirarla de cerca. Así que yo diría que la descripción que hace merece algunas calificaciones.
En primer lugar, Evo Morales, que sigue sosteniendo la parte más gruesa del MAS, llamó al voto nulo y ese voto alcanzó un 18% o 19%. Eduardo del Castillo era el candidato de Luis Arce, que estaba prácticamente demolido por su mal gobierno. Digamos, si le quitamos el histórico, el MAS, juntando la opción de Andrónico Rodríguez, que fue candidato, la de Eduardo del Castillo y los votos de Evo, yo creo que llegaba a un razonable 25% del electorado general.
Una segunda cosa es que el antiguo voto del MAS, el voto blando, no estaba muy contento con las opciones, un poco con traza más elitista, de Tuto y de Doria Medina.
Rodrigo Paz con su vicepresidente Edmand Lara parecían una opción nueva, una renovación política que le diera un poco más de espacio al mundo que acá se llama, usando un eufemismo, popular.
Y ahí viene el hecho de que un candidato de centroderecha como es Rodrigo Paz terminará recibiendo parte del voto que normalmente no ha ido en los últimos 20 años a opciones de derecha. Creo que ahí ha habido una nota que hace distinguir el voto de Quiroga, que era un voto franco y abierto, urbano, de clases medias y voto de centroderecha, del voto de Rodrigo Paz, que es un voto un poquito más combinado.
—¿Podría alterarse el régimen democrático con la caída del presidente Rodrigo Paz?
Bolivia es una mezcla de legalidad y fuerza en las calles. Y claro, estamos en una circunstancia en la que si hace dos o tres semanas se hablaba de democracia y de mantener el orden constitucional, hoy incluso quienes son adherentes del gobierno creo que se plantean la posibilidad de que el gobierno no concluya su mandato y quizás tenga un fin bastante próximo.
Como todo esto se desarrolla como una buena serie política latinoamericana, el gobierno apostó inicialmente por el desgaste de estas protestas. Pero llevamos 33 días y no tienen visos de amainar.
Se derogó una ley que hacía muy restrictivo el uso del instrumento del estado de excepción. Esta mañana el presidente ha anunciado una ley que va a reglamentar el estado de excepción y que acaba de mandar al Congreso. Es una especie de anuncio de lo que viene.
Y la renuncia de dos ministros revela las discrepancias al interior del gobierno sobre las medidas de fuerza. Yo creo que a estas alturas ya no es un secreto que el gobierno ha decidido guardar su estrategia de desgaste y pasar a la estrategia de imponer el orden.
La verdad es que yo temo mucho que no existan las condiciones para eso y que, lejos de imponer el orden, terminemos en una trifulca un poco más seria. Pero estamos yendo, sí, a un camino que puede incluir el enfrentamiento.
Renuncian los ministros de Defensa y Educación en Bolivia en medio de protestas y bloqueos
Miércoles 03 Junio, 2026 | 11:19
El MAS, la Constitución y el orden institucional
—Se dice que Evo Morales junto al ideólogo Álvaro García Linera le dieron a Bolivia una nueva Constitución, establecieron una especie de régimen y que solamente ellos pueden gobernar con esa Constitución. ¿Será verdad? ¿Esta Constitución permite a otros gobernar de acuerdo al programa que tengan?
No tengo tanta fe en que la Constitución tenga un poder tan vertical sobre lo que pasa en la sociedad. Cierto que esa constitución impide desarrollar una economía de mercado abierta que atraiga inversiones en un momento en que, a diferencia de lo que ocurría cuando entró Evo Morales al gobierno, si no ampliamos la inversión en minería, en gas y ojalá en otros sectores, el país se va quedando sin recursos y sin ingresos. Yo diría que de alguna manera la Constitución en ese sentido sí opera como un chaleco de fuerza.
Pero hay asuntos de la Constitución efectiva, real, que yo diría tienen que ver con una historia más larga. Bolivia es un país, sobre todo en occidente, pero no deja de serlo en el oriente, en el que las corporaciones, los gremios, los sindicatos siempre han tenido un poder fáctico grande frente a un Estado relativamente frágil.
Y aquí estamos en una rebelión de las corporaciones en el occidente del país que gobernaron durante 20 años con el MAS. De hecho, García Linera se inventó esto del MAS como una confederación de movimientos sociales, organizaciones sociales que tenían ministerios, tenían empleos, tenían recursos, y yo creo que no les sienta muy bien esta idea de estar ahora viviendo en el exilio del Estado.
Entonces hay una primera parte que es normativa, pero hay una segunda que tiene que ver con la usual negociación del Estado boliviano con las corporaciones. Y este es otro episodio de esa vieja historia.
La crisis económica y el pronóstico político
—Luis Arce dejó el país en malas condiciones económicas: caída económica tanto en 2024 como en 2025, 20% de inflación el año pasado y una crisis en los abastecimientos muy grande. Una de las primeras medidas muy criticadas del presidente Rodrigo Paz fue quitar el subsidio a los combustibles, que subieron su valor prácticamente en un 50%. ¿Esto es lo que detonó las actuales protestas?
Yo diría que no. Cuando el presidente entró al gobierno, ya teníamos unos problemas de abastecimiento de hidrocarburos porque nos hemos convertido en un importador neto de líquidos, de diésel que antes producíamos en mayor medida, pero que por la falta de inversiones en los años del nacionalismo económico de Evo ahora ya no tenemos. Yo creo que el país estaba con la verdad bastante asumida de enfrentar el incremento de los carburantes.
En diciembre el gobierno dictó un decreto supremo, incrementó los precios de los hidrocarburos, pero incluyó otras normas que estaban dirigidas a cambiar el modelo económico a una Bolivia de economía de mercado. Ahí fue una primera discusión con las corporaciones y yo diría con la mentalidad, la cultura política extendida del pueblo boliviano que tiene 100 años viviendo en los dogmas y axiomas del nacionalismo económico. El gobierno retrocedió en las medidas de orden económico y dejó el incremento de la gasolina y el diésel, que fue aceptado.
El problema es que con la guerra de Irán los carburantes se han incrementado al doble. Por lo tanto, lo que quisimos dejar de subsidiar se vuelve a subsidiar. Eso va a alimentar la inflación y yo no veo a este gobierno teniendo el pulso, después de este conflicto, de realizar una transformación económica y además poner, como ha hecho el presidente Kast en Chile, los precios de los carburantes al nivel del precio internacional de mercado.
—Se dice que cuando empezaron a subir los precios de los combustibles se vendió en las gasolineras combustible adulterado o contaminado que dañó a miles de vehículos. ¿Esto causó también mucha indignación?
Realmente, si hay una forma de enajenar votantes y gente que lo apoye a uno, o de quemar legitimidad, creo que se ha encontrado en este gobierno el medio más eficiente como para patentar el invento.
Entre el carburante que fue importado había gasolina que comenzó a dañar motores por doquier. Motores, además de taxistas. Aquí el sistema de transporte es un sistema también lleno de gremios y pequeños sindicatos. Esto se extendió por todo el país al grado de que el gobierno tuvo que instituir una reparación de daños para que eso mitigase la furia que desató.
Entonces, claro, el hecho de haber aceptado con cierta resignación el incremento de los carburantes en enero para tener luego gasolina de peor calidad, creo que ha sido algo que ha dañado mucho la imagen del gobierno.
De hecho, tampoco hay a quién culpar porque las investigaciones sobre cuál es el origen de esa gasolina no han aparecido con toda claridad. Entonces creo que sí, eso ha causado indignación.
Evo Morales y los actores de la protesta
—Hubo un cabildo en El Alto donde organizaciones vecinales, sindicales y sociales rechazaron el diálogo y resolvieron continuar con los bloqueos y aumentar las medidas de presión. Por lo tanto, no hay diálogo y los dos sectores han resuelto mantener sus posiciones. ¿Quién está detrás de la oposición? ¿Está Evo Morales detrás de todo esto?
A las dos y media de la tarde el vicepresidente ha convocado a una reunión para iniciar un diálogo. El presidente anunció que iba a mandar a su delegado. Recordemos que parte del condimento es que vicepresidente y presidente están peleados hace bastante tiempo acá.
Pero creo que asignarle a Evo Morales el poder sobre la sociedad que alguna vez tuvo sería exagerar sus capacidades. Creo que es uno de los actores estratégicos de la protesta, pero no el único.
También está esa dirigencia sindical, gremial, de organizaciones sociales que quiere su cuota del Estado. También está ese pueblo entre indígena y urbano, de clase media no tradicional, que tiene miedo de qué sea lo que pase en términos económicos. Ha estado acostumbrada, en general, a un Estado asistencialista.
Y yo creo que comienzan a surgir los resquemores de qué es lo que puede ofrecer una economía abierta en manos de unos tecnócratas de corbata. Entonces Evo Morales es una parte de la ecuación, pero no es el factótum de la ecuación.
¿Posible estado de excepción? Qué pasa en Bolivia y qué se sabe de las protestas contra Rodrigo Paz
Jueves 28 Mayo, 2026 | 19:47
—Evo Morales desde 2024 está con orden de detención por una presunta trata con una menor de edad. Está refugiado en la zona cocalera del Chapare, denunció un supuesto plan de Washington para detenerlo e incluso matarlo. Y además señaló que el nuevo ministro de Defensa había viajado pocos días antes de asumir a Estados Unidos. Si Evo Morales habla, opina, da entrevistas y está con orden de detención, ¿por qué no lo detienen?
Es una pregunta súper legítima y muchos se la hacen aquí con insistencia. Morales está en una zona del centro de Bolivia cercana a la ciudad de Cochabamba en la que tradicionalmente se ha producido coca, la mayor parte de la cual va para consumo ilícito, para producción de sustancias controladas, y tiene un verdadero fortín.
Entonces, aunque algunos sueñan a lo James Bond con una operación que lo extraiga del Chapare y lo lleve a la justicia, eso se dice mejor de lo que se hace porque entrañaría violencia.
Hace unas semanas, antes de que inicie el conflicto, al presidente en una entrevista le dijeron eso: ¿qué pasa con Evo Morales? Y él respondió de una manera que me hace temer los capítulos que están por desarrollarse, porque él dijo ‘¿con qué institucionalidad?’, o sea, como diciendo que sus fuerzas de seguridad no sé si alcanzan.
Si no alcanzan para ese objetivo, uno se pregunta si alcanzarán para el que comienza a diseñar el Estado. Pero creo que el asunto es básicamente un asunto de capacidad operativa y la desconfianza del Estado de poder hacerlo de una manera aséptica.
—Si usted tuviera que hacer un pronóstico, ¿cree que Rodrigo Paz se mantiene en el poder?
Para responderle derechamente, yo diría que tiene escasas posibilidades de prevalecer. Yo creo que hay el grave riesgo de que caiga. Está jugando como las últimas cartas. Bueno, si finalmente lo logra, me alegraré de que las cosas pasen de un modo que no sea el que espero.




