—Estoy un poco arrepentido.
Así concluyó la confesión de A., estudiante liceano de 17 años que este lunes se convirtió en sicario juvenil. Se le acusa de asesinar a I.B.R.(53), en Loncoche.
El crimen conmocionó a Chile: la autora intelectual del crimen —según la indagatoria— corresponde a H., la propia hija de I. Todo a cambio del pago de $90 mil pesos en cuotas que nunca terminaron de ser pagadas. H. y A. confesaron un día después de que encontraran el cuerpo de la víctima al interior de su domicilio.
Estas son sus declaraciones.
La hija
H.G.C.B se presentó a declarar voluntariamente a la fiscalía. Lo primero que dijo fue que su madre, I.B.R., era “una mala madre”.
—Nos maltrataba físicamente, nos golpeaba hasta cansarse. Decía que éramos unos estorbos en su vida. Nunca nos quiso. Nunca nos vio como hijos.
H. explicó que se refería a ella y a sus otros dos hermanos. Uno de 32 y otro de 28 años. Vivían todos juntos, incluido su padre que estrictamente estaba separado de I.
Lo siguiente que admitió fue que ella la mandó a matar. Que la idea surgió dos meses atrás tras una discusión que tuvieron. El origen de esa pelea fue por su pololo.
—Ella me dijo que si lo volvía a ver una vez más en la casa lo acusaría de robo. Eso pasó por vernos teniendo relaciones sexuales en la casa supuestamente, lo cual no fue así. Ella me dijo que eso lo hacían las personas que se prostituían.
Según su versión, esa trifulca fue un punto de quiebre. Su madre le quería pegar y H. se encerró en su habitación.
—Escuchaba después de ese momento que ojalá me hubiese muerto en el parto ya que para ella yo era una decepción. Y si quedaba embarazada me echaría de la casa. Ella no se haría responsable y que ojalá viviera en la calle.
“Pagaría en cuotas”
La decisión de contratar a alguien para matarla, admite, la conversó con su pololo R.F.F. Dijo que contrató a alguien de su mismo liceo con el que no tenía mucha relación, pero “era un conocido de su pololo”.
—Es alto, grande, musculoso de brazos, gordito de abdomen, medio moreno, pelo medio enchochado y abundante. Siempre usa gorro —describió.
Según H., su pololo le pidió que “se aguantara”, pero al final entendió su sufrimiento y aceptó matar a su suegra.
—A. [el sicario] ganaría dinero. No puso límite en plata, solo lo que pudiéramos. Yo pagaría incluso en cuotas, aunque no alcancé a pagarle nada.
I. había quedado cesante el sábado recién pasado. H. le contó a A. la rutina que tenía, la hora en la que se levantaba y el horario en el que saldría de la casa.
—La verdad es que todo iba a realizarse el sábado, pero me arrepentí ya que mi papá estaba en la casa —agregó.
Así que H. contactó a A. el domingo en la noche y le pidió que fuera el lunes por la mañana a matar a su madre. Él solo le solicitó que dejara una ventana abierta para poder ingresar.
—A. dijo que la degollaría, pero luego dijo que lo haría rápido para no hacerla sufrir. Entiendo que él lo había hecho antes unos dos o tres veces, pero no reveló detalles… Me refiero a matar.
El homicidio
El lunes H. se fue temprano al liceo. Fue su pololo, R, quien continuó el mensaje por WhatsApp con A. El problema era que su madre no se levantaba y ya eran las nueve de la mañana.
R. le explicó cuál era su habitación y él le escribió que estaba cerrada con pestillo. Al final, cuando se abrió la puerta, I. se asustó y A. la golpeó en la cabeza.
—A. mandó una foto a R., pero él no quiso que yo la viera. No la vi ni tampoco me la describió. Me dijo que lo hacía para corroborar lo que había hecho. Mi pololo la borró para que no nos pillaran.
H. declaró que ese día se empezó a sentir mareada “por la presión”. Quería llegar antes que su papá.
—Con R. me devolví a mi casa caminando, no quería que mi papá pasara por todo eso. Llegamos a la casa, abrimos la puerta principal sin ingresar, pero vimos un desorden horrible, mucha sangre en todas partes, especialmente en el living. Me bajó la presión, me tuve que sentar y R. llamó a los carabineros.
Lo último que testificó fue que nadie más sabía lo que tenían planeado hacer con su mamá. Sólo ella, su pololo y el sicario.
—Nunca denuncié a mi mamá. Casi no lo comentaba con mi familia. Yo intenté suicidarme dos veces a los 8 años y a los 15 años. Solo se enteró mi pololo (…) Era a mi pololo a quien llamaba de noche cuando tenía pesadillas, las que sucedían cuando mi mamá me pegaba.
El sicario juvenil
A.D.S.R. es el sicario juvenil contratado por H. Tiene 17 años. Declaró en Loncoche la noche del 16 de junio. En su alocución ante la fiscal del caso, Ghislaime Durán, y la PDI contó todo. Confesó que fue él quien asesinó a la mamá de H. Que le había hablado R. y H. “para hacerles la pega”.
—Me comenzaron a hablar en el liceo, específicamente en el recreo, la pega consistía en matar a la mamá. Me pagarían cerca de 90 mil pesos. Lograron darme cerca de 30 lucas en efectivo y me los pasó la chica, desconozco su nombre pero era la hija de la fallecida. Esa chica es bajita delgada medio morena y el dinero que me pasó en la calle.
A, dice que coordinó el asesinato con R., pololo de H. Era él quien le daba la información de todos los movimientos de I., la víctima.
—Él me daba la información diciéndome los días que podía ir, todo por WhatsApp, mensajes que luego borramos a petición de R.
A. dice que R. le entregó la calle, numeración y el lugar por donde podía entrar a la casa de I.:
—Me dejaron un ventanal abierto del primer piso que estaba por lado lateral de la casa, parece que lado izquierdo —acotó A.
La ventana la dejaría abierta la hija de la señora.
Y así fue.
A. levantó un palo que cerraba la reja perimetral y entró por la ventana que ya estaba abierta.
El lunes
—El lunes 15 de junio del 2026 lo escogimos porque yo lo tenía disponible para poder ir. Me junté con R. frente a su casa y caminé con él hasta la casa de su pareja y ahí ella salió y yo me quedé en la esquina esperando. Pasó un ratito me metí a la casa y subí al segundo piso. Esperé adentro cerca de una hora. No pude entrar al dormitorio porque estaba con seguro, así que simplemente esperé hasta que ella salió de su habitación y al verme gritó y hubo un forcejeo.
Fue entonces que A., según su propia versión, asesinó a I.
A. salió de la casa y enfiló en rumbo contrario al que había usado para llegar. Rodeó casa en dirección al liceo y avisó a R. que todo estaba hecho. Envió una foto a modo de comprobación, tal avezado sicario. Luego, borró la imagen de su celular.
—Al liceo Padre Hurtado llegué alrededor de las 11 puede ser, de la mañana. Entré por la entrada principal, los inspectores me vieron llegar tarde y a ellos les dije que había tenido una pelea. Ellos no preguntaron más detalles.
https://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/region-de-la-araucania/2026/06/19/crimen-de-mujer-en-loncoche-hija-de-victima-busco-en-su-celular-como-envenenar-a-una-persona.shtml
A. dice que no volvió a ver a R. ni a H. Se supone que el resto del dinero se lo darían cada cierto tiempo, sin ahondar en detalles. Incluso, le dijeron que podía sacar unas joyas de la casa de la víctima a modo de retribución, pero A. no lo hizo.
—Dejé todo tal cual, no las quise —afirmó A.
El estudiante devenido en asesino a sueldo dijo estar “un poco arrepentido”.
—Me cuesta recordarlo. La plata la quería paga mis gastos simplemente —aseveró.




