Tras años de convivir con aguas servidas, sumarios sanitarios y promesas de solución, vecinos del Villorrio Pichil en Osorno, región de Los Lagos, se declaran escépticos de los anuncios sobre la construcción de una planta de tratamiento en una zona declarada “en riesgo sanitario”.
Hay una licitación privada por una obra que no encontró oferentes bajo llamados en el sistema público, mientras la autoridad de salud atribuye responsabilidades al municipio de la capital provincial.
Ubicado a 14 kilómetros de Osorno junto a la ruta hacia Puerto Octay, el origen del Villorrio Pichil se asocia a parcelaciones agrícolas del siglo pasado y hoy reúne a cerca de 200 familias.
La electricidad y agua potable llegaron de a poco, pero el sistema sanitario quedó rezagado, constituyendo un escenario pendiente, pero ante todo complejo.
Para entender lo anterior, el presidente de su Junta de Vecinos, Román Soto, señaló “¿qué pasa cuando se te tapa el baño en tu casa? Rápidamente recurre a un gásfiter porque el olor no lo puedes soportar. Eso es lo que hace el común de la gente. En cambio acá en Pichil, la gente tiene que vivir con el olor sin destapar nada. El sentarse a tomar una taza de café con olores de agua servida dentro de la casa es terrible”.
Ante el problema sanitario se iniciaron acciones formales el 2018, con los primeros sumarios por deficiencias en el sistema de recolección y disposición de aguas servidas, y al año siguiente continúan los procedimientos administrativos sin una solución estructural.
El 2024, la Seremi de Salud abrió procesos sancionatorios, tras detectar escurrimientos de aguas servidas en distintos puntos del villorrio, declarándolo como zona de riesgo sanitario por la afectación en areas habitadas.
La actual seremi de Salud en Los Lagos, Evelyn Brintrup, dice que el tema de Pichil es delicado por sus efectos en una población que incluye una escuela, y donde el riesgo persiste, en una responsabilidad que atribuye al municipio de Osorno.
“Esa evidencia que se mantienen los riesgos sanitarios que no tiene que ver solo con los procesos medioambientales, sino con el riesgo humano. Eso nos preocupa, de la misma manera que hay un establecimiento cerca”, sostuvo Brintrup.
A ello, agregó que “se solicitaron las mejoras al municipio, que son parte de su responsabilidad, porque este sector, o sea, esta planta le pertenece al municipio de Osorno. Evitar el riesgo sanitario, nosotros entregamos los lineamientos y las sugerencias de mejora. Esas mejoras las tienen que evaluar el personal correspondiente, que en este caso es el municipio”.
La necesidad de una planta de tratamiento para Pichil lleva años sobre la mesa, de hecho, en 2019 un proyecto obtuvo aprobación técnica e incluso financiamiento para su ejecución.
Un año después comienzan las obras, pero a poco andar la empresa a cargo las abandonó y desde entonces, todo se tradujo en reevaluaciones técnicas, reformulaciones y nuevos trámites administrativos.
El alcalde de Osorno, Jaime Bertin, confirmó una licitación privada ante el fracaso de llamados públicos, para un proyecto cercano a los 700 millones de pesos.
“Tenemos los fondos, el proyecto está aprobado, ya se subió al portal. Se hizo una licitación, no llegó ningún oferente, no llegó ninguno, por lo tanto, estamos en este momento en la licitación privada, o sea, estamos invitando a cinco o seis empresas para que sean los interesados, para que vengan a ver si tenemos ahí una oferta que alguien la quiera hacer. Tenemos los fondos, está todo, entonces solamente necesitamos una empresa que haga la pega”, afirmó Bertin.
La autoridad comunal reparó eso sí, en que ésta demanda resulta de asentamientos con estructuras precarias, pero aseguró que la solución definitiva será de corto plazo.
“Hubo un tiempo en que se secaron estos villorios propiamente tal. Están las ruedas, está cierto, en Cancura, en Pichil; son un problema porque fueron muy precarias las instalaciones que se instalaron. Nosotros hoy día estamos reparando la planta de tratamiento de Cancura, esa misma planta que ha resultado bien, es la que queremos instalar en Pichil. Pero en Pichil, además de de instalar la planta, tenemos que hacer parte del alcantarillado nuevo. Y eso, como te digo, tenemos las platas, está en licitación. Esperamos que esta vez hayan empresas que quieran hacer la pega, y si fuera así, en seis, siete meses más tendríamos la pega terminada”, sentenció.
El optimismo mostrado por la autoridad municipal para solucionar la contaminación en Pichil, no es compartida por sus vecinos, afirmó Román Soto.
“Son promesas no cumplidas. Si bien es cierto estamos a la espera de la segunda licitación de la planta de tratamiento, han sido cinco ya, cinco licitaciones en la historia. Entonces, algo pasa que si las primeras no resultan, ¿por qué no han resultado estas que estamos a la espera ahora en el año 2025, 2026? Algo pasa y algo no se analiza. Entonces, pasa por promesas no cumplidas”, expuso..
Así, mientras los anuncios sobre una nueva planta de tratamiento vuelven a instalar expectativas en Pichil, los vecinos observan el proceso con cautela.
Ocho años de sumarios sanitarios, una declaración de riesgo para la salud, obras inconclusas y sucesivas postergaciones explican porqué, para gran parte de la comunidad, la solución al problema de las aguas servidas dejará de ser una promesa sólo cuando las obras estén terminadas y en funcionamiento.




