Luka Modric entró esta noche en Toronto en un club exclusivo que solo incluye a Cristiano Ronaldo, Lionel Messi y el kuwaití Bader Al-Mutawa. Se convirtió en el cuarto futbolista que alcanza los 200 partidos internacionales. Esto en el duelo que Croacia juega con Panamá por el Mundial 2026.
A sus 40 años, el capitán croata alcanzó el selecto grupo en dicho partido donde su selección se juega buena parte de sus opciones de seguir con vida en el torneo.
La efeméride confirma la dimensión de Modric como símbolo de la mejor generación de la historia croata. Balón de Oro en 2018, finalista del Mundial de Rusia 2018 y tercero en el Mundial de Qatar 2022, el centrocampista ha sostenido durante casi dos décadas el juego y la identidad competitiva de su equipo.
Zlatko Dalic, seleccionador croata, definió al volante como una extensión del cuerpo técnico sobre el césped. “Es mi mano derecha en el campo”, aseveró el estratega. También destacó su capacidad para no rendirse y su liderazgo dentro y fuera del vestuario.
El homenaje, sin embargo, llega condicionado por la presión. Dalic fue autocrítico tras la derrota ante Inglaterra, especialmente por los errores defensivos y las concesiones a balón parado. Pidió a su equipo una reacción inmediata. “Tenemos que ser mejores que la última vez” y “actuar como favoritos”, resumió el seleccionador antes de enfrentarse a Panamá.
Sus compañeros no ocultan el peso emocional de la noche. Josip Stanisic calificó de “imposible” lo construido por Modric. Lo presentó como un modelo para todos los internacionales croatas, no solo por su fútbol, sino por su forma de comportarse pese a su condición de estrella mundial.




