Mauricio Hernández Norambuena volverá a la cárcel de Rancagua. El “Comandante Ramiro” dejará atrás el régimen de Alta Seguridad luego de que la justicia acogiera la solicitud de su defensa y ordenara su retorno al recinto donde permaneció durante los últimos cinco años.
La decisión la adoptó el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago, que dio diez días de plazo a Gendarmería para concretar el traslado desde el Recinto Especial Penitenciario de Alta Seguridad hasta el Complejo Penitenciario de Rancagua.
La resolución cierra, al menos por ahora, un episodio que abrió un debate dentro de la propia institución penitenciaria. Porque mientras un área de Gendarmería defendía mantener al exfrentista bajo estrictas medidas de seguridad, otra advertía que las condiciones podían derivar en un trato inhumano.
“Comandante Ramiro” regresa a cárcel de Rancagua
Durante la audiencia, Gendarmería justificó el traslado realizado hace apenas tres semanas recordando la histórica fuga en helicóptero desde la Cárcel de Alta Seguridad en 1996. Ese episodio, uno de los más emblemáticos de la historia carcelaria chilena, fue uno de los principales argumentos para mantener a Hernández Norambuena en un recinto de máxima vigilancia.
Pero el tribunal puso el foco ahora en otro elemento. La magistratura estimó que debían prevalecer criterios vinculados a los derechos humanos y al estado de salud actual del “Comandante Ramiro”.
Para ello, consideró informes elaborados por el Departamento de Derechos Humanos de Gendarmería y también por el Instituto Nacional de Derechos Humanos, los que concluyeron que Hernández Norambuena es un adulto mayor que enfrenta diversas patologías médicas.
En su resolución, el tribunal recordó además que estar privado de libertad no implica perder el resto de los derechos fundamentales.
Derechos Humanos
La decisión judicial llega semanas después de que el propio Departamento de Promoción y Protección de los Derechos Humanos de Gendarmería recomendara su regreso a Rancagua. Ese informe, elaborado a petición de la defensa, advirtió que el exfrentista permanecía bajo el uso permanente de esposas, soportando bajas temperaturas al interior de la celda y sin acceso a programas de reinserción social.
El documento también alertó que el cambio de establecimiento interrumpió parte de las atenciones médicas que habían sido autorizadas previamente por los tribunales. Su abogado, Mauricio Menares, había acusado entonces que Gendarmería estaba deteriorando el estado de salud de su representado.
Desde la otra vereda, el exdirector de Gendarmería Claudio Martínez cuestionó que una unidad de la propia institución terminara recomendando revertir una decisión adoptada semanas antes por la administración penitenciaria.




