En Lima, la instalación de los cables del teleférico de Miraflores anuncia la inminente culminación de una obra largamente esperada, mientras en Santiago de Chile las cabinas del Teleférico Bicentenario ya realizan pruebas como parte del sistema de transporte público urbano. Expertos señalan que Chile ha tomado la delantera en la integración de teleféricos a la movilidad metropolitana, en contraste con Perú, que mantiene un enfoque principalmente turístico y aún no pone en operación sus proyectos.
El Teleférico Bicentenario avanza con ensayos técnicos que apuntan a redefinir la conectividad en la capital chilena. Conectará Providencia, Las Condes, Vitacura y Huechuraba, enlazando el eje financiero de “Sanhattan” con la Ciudad Empresarial en trece minutos, muy por debajo de los más de cuarenta y cinco que demanda el mismo trayecto en hora punta por tierra. La obra contempla 121 cabinas europeas para diez pasajeros sentados cada una, con una capacidad de hasta tres mil personas por hora por sentido, a lo largo de 3,2 kilómetros y a una velocidad de seis metros por segundo.
El Ministerio de Obras Públicas de Chile destaca que se trata de un sistema totalmente eléctrico y libre de emisiones, orientado a reducir la huella de carbono urbana. Para el arquitecto Francisco Godoy, esta incorporación supone una mejora sustantiva en la movilidad metropolitana al conectar Ciudad Empresarial con Providencia en tiempos récord. Advierte, sin embargo, que el reto no se limita a su articulación con la red de metro, sino también a la capacidad del espacio público para absorber los nuevos flujos peatonales que generará.
Mientras el proyecto chileno se integra al transporte público, el teleférico de Miraflores en Lima entra a su fase final con un propósito diferente. La obra registra un avance del 95% y la marcha blanca con usuarios está prevista para agosto, una vez obtenida la certificación de una firma alemana. “Los cables ya empezamos a instalarlos. Va a demorar hasta el día sábado (27 de junio). Son dos cables, el portante y el tracto, que son los que van a tener a la cabina”, señaló el alcalde de Miraflores, Carlos Canales, en declaraciones radiales. Según indicó, la concesionaria iniciaría operaciones para vecinos, deportistas y turistas, con tarifas de entre quince y veinte soles y descuentos para residentes.
La infraestructura requirió medidas técnicas específicas en la parte alta del acantilado, donde se colocaron cinco anillos estructurales para dar estabilidad al sistema. Pese a ello, el proyecto limeño fue concebido como un atractivo turístico: unirá la parte alta del malecón con la playa Redondo, facilitará el traslado de bicicletas, tablas de surf y personas con movilidad reducida, pero no se integrará al transporte público masivo.
En Santiago, el Teleférico Bicentenario no solo representa un salto tecnológico, sino también un refuerzo a la red de transporte. Autoridades han subrayado su capacidad potencial y su conexión con las líneas 1 y 4 del metro, además de la ubicación estratégica de sus estaciones en Tobalaba, Parque Metropolitano y Ciudad Empresarial, pensadas para responder a la demanda diaria de quienes transitan esos corredores.
La comparación entre ambas capitales también se ha visto en el debate público peruano, con usuarios que lamentan el rezago limeño y cuestionan los cambios de fechas en la puesta en marcha del teleférico de Miraflores, cuya inauguración fue anunciada para 2024, luego 2025, y sigue pendiente a mediados de 2026.
El contraste en materia de transporte trasciende los teleféricos. El tren donado a la Municipalidad de Lima se ha convertido en un caso emblemático de falta de planificación. Un informe periodístico detalla que el convoy, traído desde Estados Unidos durante la gestión del exalcalde Rafael López Aliaga, permanece almacenado en el parque La Muralla, con pérdidas superiores a setecientos mil soles por custodia, traslado y mantenimiento, sin operación ni estudios técnicos e infraestructura que lo respalden. En paralelo, Santiago cuenta desde hace años con tren eléctrico y una red de metro consolidada, mientras Lima enfrenta dificultades para activar proyectos ferroviarios básicos.
Para Francisco Godoy, el verdadero desafío del Teleférico Bicentenario no está en la tecnología ni en la operación aérea, sino en la capacidad de las ciudades para reconducir flujos peatonales y mejorar el espacio público. A su juicio, el éxito dependerá de habilitar entornos capaces de acoger a los nuevos usuarios y, al mismo tiempo, contribuir a la construcción de una mejor ciudad.
Así, mientras Chile ultima un teleférico que pronto reforzará su sistema de transporte urbano, Perú aguarda la apertura de su primer teleférico capitalino con vocación turística. Las comparaciones, cada vez más frecuentes, reflejan el deseo de los limeños de ver proyectos concretados y útiles para la vida cotidiana.




