A mediados de junio, la guerra entre Rusia y Ucrania superó en duración a la Primera Guerra Mundial, dejando un alto costo en vidas militares, civiles y en la economía. En las últimas semanas, Kiev ha intensificado dos líneas de acción: ataques contra refinerías rusas y el cerco a Crimea, península anexada por Moscú en 2014.
En paralelo, reportes recientes describen un momento complejo para el Kremlin. De forma oficial, Rusia insiste en que mantiene sus objetivos en el Donbás y descarta abrir negociaciones de paz.
Un reportaje de CNN indica que, por primera vez en cuatro años, los efectos más duros del conflicto empiezan a sentirse en grandes urbes rusas. Más allá del daño a infraestructuras, el país enfrenta una crisis energética con escasez de combustible. Este martes, el portavoz Dmitry Peskov admitió que evalúan importar gas, un giro notable para una nación que hasta hace poco abastecía a buena parte de Europa. Señaló que, si se logran acuerdos a precios aceptables, las importaciones ayudarían a estabilizar el mercado y contener la demanda. Según la misma fuente, Vladimir Putin ha reconocido ante altos cargos que persisten los problemas para conductores y empresas. En Moscú, se han visto largas filas de vehículos en busca de gasolina, una imagen inusual en uno de los mayores productores de energía del mundo y en una capital que había permanecido relativamente al margen del impacto directo de la guerra.
En junio, Ucrania recibió un impulso financiero con la aprobación de un préstamo de 4.000 millones de euros por parte de la Unión Europea, cuyos desembolsos ya comenzaron. Además de los ataques a instalaciones de combustible en Rusia, Kiev ha concentrado golpes sobre Crimea, actualmente bajo un bloqueo parcial. Los análisis sitúan un punto de inflexión el 23 de junio, con la destrucción de un puente ferroviario sobre el Canal del Norte, que dejó más aisladas a ciudades clave como Simferópol y Sebastopol. De acuerdo con AP, el 26 de junio se produjo la ofensiva más intensa: Rusia dijo haber interceptado hasta 600 drones en la península, aunque varios impactaron objetivos militares y de infraestructura crítica.
Diversas evaluaciones señalan que Ucrania busca profundizar el costo económico interno para Rusia y trasladar la presión al día a día de su población. Fuentes occidentales sostienen que la campaña en Crimea ha estrangulado el suministro de combustible y el flujo logístico militar ruso, dificultando las operaciones en el frente y elevando la presión sobre Vladimir Putin.
Pese a ello, según Reuters, el Kremlin afirma que no ha modificado su estrategia y mantiene la meta de controlar de forma permanente el Donbás. “Nuestra postura es bien conocida y no ha cambiado”, reiteró Peskov el 29 de junio, recordando lineamientos fijados por el presidente ruso en un discurso ante el Ministerio de Asuntos Exteriores.




