Ante el agravamiento de la crisis económica y su impacto en la vivienda, el Gobierno cubano anunció en marzo un plan para transformar más de 3.500 contenedores marítimos en hogares. En La Habana ya se entregaron dos unidades: cuentan con aislamiento térmico para mitigar el calor y disponen de dos dormitorios, cocina-comedor y baño. Las autoridades no han precisado si se trata de una medida provisional o definitiva.
La capital muestra con crudeza el deterioro del parque habitacional: edificios centenarios con derrumbes parciales o riesgo de colapso aún albergan familias. El país arrastra un déficit superior a las 800.000 viviendas, según cifras oficiales, un problema de larga data agudizado por eventos climáticos, la crisis económica y la escasez de materiales.
El contexto se complica por una crisis energética que lleva dos años y que se ha visto empeorada por las restricciones al suministro de combustible desde enero, dejando a buena parte de la economía estatal prácticamente paralizada. Entre los más golpeados están los adultos mayores. Rolando Din, de 82 años, vive entre escombros en la esquina de Perseverancia y San Lázaro, en Centro Habana, tras perder su casa por las inclemencias del tiempo y las demoliciones parciales en su entorno. Relata que duerme a la intemperie, sobrevive recogiendo basura y cocina en hornos improvisados de ladrillo y leña, en medio de apagones que en la capital superan las 20 horas seguidas. Sobre el apoyo institucional, expresa su frustración y asegura no haber recibido una respuesta efectiva.
A pocas cuadras, Vilma Rosa de la Cruz, de 75 años, jubilada por razones de salud y beneficiaria de asistencia social tras una isquemia transitoria, teme por su vida en un inmueble en inminente riesgo de desplome en la esquina de Sol y Monserrate, en La Habana Vieja. Afirma que no puede dormir por los desprendimientos y que sus nervios se agudizaron tras el reciente colapso de una pared contigua. Aguarda la inspección de la Oficina del Historiador de La Habana con la esperanza de ser reubicada.
Como respuesta a la emergencia, el programa de casas en contenedores se extiende a varias provincias, en un país donde las temperaturas superan con frecuencia los 30 grados. En el municipio Plaza se entregaron dos viviendas con aislamiento térmico y distribución de dos cuartos, cocina-comedor y baño; mientras, en Marianao avanza la construcción de un asentamiento con unos 80 contenedores.
Para el arquitecto cubano Abel Tablada, exprofesor de la Universidad Tecnológica de La Habana, la propuesta es viable en el contexto actual, dado el freno de la industria de materiales de construcción y del sector industrial en general. No obstante, advierte que no debería ser la única iniciativa de vivienda emergente, porque la demanda es enorme. En cuanto a la resistencia ante huracanes, señala que los contenedores, por su peso, soportan vientos fuertes, pero al adaptarlos como viviendas se debilitan por las aberturas y la incorporación de elementos como protecciones solares, dobles cubiertas o tanques de agua.
Aunque el Gobierno no ha definido si estas casas serán transitorias o permanentes, Tablada prevé que, al estar destinadas a personas de muy bajos recursos sin opciones para adquirir otra vivienda, y ante la imposibilidad real de construir alternativas más convencionales y duraderas, muchas familias podrían residir en ellas más de cinco años.




