La coalición de Gobierno alemana alcanzó un paquete de reformas que incide en pensiones, fiscalidad, mercado laboral y competitividad, con el objetivo de reactivar una economía que sus propios dirigentes califican de gravemente deteriorada. El canciller Friedrich Merz afirmó que el Ejecutivo busca flexibilizar a las empresas, recortar la burocracia, preservar el Estado de bienestar y aliviar la carga impositiva de empleados y compañías.
Tras meses de fricciones internas, la alianza entre la CDU/CSU y el SPD pactó cambios en el impuesto sobre la renta y en las reglas del mercado de trabajo, iniciativas que el Gobierno quería presentar antes del receso estival y de las próximas elecciones regionales en el este del país. El acuerdo contempla una rebaja fiscal para las rentas bajas y medias, compensada por un mayor aporte de los contribuyentes con ingresos altos.
En materia de pensiones, se prevé elevar gradualmente la edad legal de jubilación más allá de los 67 años, ampliar la base de cotización e introducir un componente de capitalización, siguiendo las recomendaciones de una comisión independiente. El paquete incluye además una reducción de impuestos por 10.000 millones de euros para los tramos inferiores y medios, financiada con la supresión de determinadas subvenciones fiscales y con un incremento de la carga sobre ingresos superiores a 250.000 euros anuales. “Quienes ganan más contribuirán más. Es una cuestión de equidad”, señaló el ministro de Finanzas, Lars Klingbeil.
Para atajar el ausentismo, el Gobierno establecerá la obligación de presentar baja médica desde el primer día e impedirá su concesión mediante consultas telefónicas. En paralelo, se anuncian medidas para mejorar la competitividad: menos trámites, mayor flexibilidad empresarial y un entorno más favorable a la inversión.
El telón de fondo es una economía estancada y el ascenso de la extrema derecha en las encuestas. Merz busca probar que la coalición puede actuar con rapidez ante una industria exportadora presionada por los costes energéticos y laborales, el exceso de trámites, la competencia china y los aranceles de Estados Unidos. Tanto la CDU/CSU como el SPD pretenden frenar a la AfD de cara a los comicios de septiembre en dos estados del este, donde un triunfo tendría un impacto político sin precedentes en la Alemania de la posguerra.
El canciller pidió respaldo social para las medidas, prometiendo “decisiones, no discusiones” y el máximo esfuerzo para superar las debilidades estructurales del crecimiento. El Gobierno avanzó además que adoptará una postura más firme hacia China en coordinación con la Unión Europea, al considerar que su principal cliente y competidor incurre en prácticas comerciales desleales.




