El Partido Socialista intenta dejar atrás la crisis interna desencadenada por el agrio choque entre las senadoras Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini. Dirigentes del partido admiten un momento de alta tensión, aunque sostienen que obedece más a un clima de irritación que a diferencias ideológicas profundas.
El conflicto surgió tras gestiones de personeros del PS con el Gobierno sobre la megarreforma. Cicardini acusó a la presidenta del partido, Paulina Vodanovic, y al senador Juan Luis Castro de sostener conversaciones con el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, sin informar a la militancia. El episodio derivó en un cruce directo entre ambas senadoras en la Sala del Senado, cuyo registro audiovisual se difundió ampliamente.
La controversia expuso las fracturas internas del PS y las distintas posturas respecto de la agenda legislativa y el vínculo con el Ejecutivo. En declaraciones a un programa radial, Vodanovic atribuyó el choque a problemas de comunicación y defendió su participación en las tratativas con el Gobierno. Señaló que, como parlamentarios, están obligados a dialogar y a sentarse en una mesa común, especialmente cuando concurren todos los senadores.
Juan Luis Castro, jefe de la bancada de senadores socialistas, afirmó que la reunión del comité realizada el miércoles ayudó a despejar dudas y a aminorar la tensión. Respaldó el rol de Vodanovic en las negociaciones, tanto por su condición de presidenta del PS como por integrar la Comisión de Hacienda. Agregó que el predominio de “puestas en escena” y dinámicas performáticas puede propiciar declaraciones desafortunadas y un ambiente hostil.
Desde la Cámara, el jefe de bancada de diputados, Nelson Venegas, reconoció un escenario complejo, pero lo interpretó como expresión de debate y de una democracia interna activa. Destacó, además, que el choque de liderazgos haya sido entre mujeres, como muestra del peso que ellas tienen dentro del partido.
Pese a los esfuerzos por apaciguar los ánimos, el episodio dejó expuesta una fisura que, a juicio de varios, aún no se cierra, con tensiones sobre el liderazgo de la colectividad y el modo en que el PS debe ejercer su papel opositor.




