Este jueves, la cárcel La Laguna de Talca se convirtió en el centro de atención nacional al recibir a cientos de internos trasladados desde distintos penales del país, en el contexto de la Operación Cancerbero impulsada por el Gobierno. La medida busca concentrar a reclusos de alta peligrosidad en un recinto con capacidades técnicas y logísticas para un control integral.
El presidente José Antonio Kast subrayó que “es un proyecto de Estado, es una unidad que se empezó a pensar hace más de 15 años”, e instó a impulsar “un cambio profundo en la forma en que concebimos la política penitenciaria en Chile”.
¿Por qué La Laguna de Talca? Es catalogada como la prisión más moderna y segura del país. Está emplazada en Panguilemo, a unos 10 kilómetros al norte de Talca, y dispone de más de 63.500 metros cuadrados construidos.
El plan se ideó en el primer mandato de Sebastián Piñera, su construcción se desarrolló durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet y fue inaugurado en enero de 2025 por el expresidente Boric, iniciando su ocupación progresiva en abril de ese año. “Al 30 de junio (de 2025) se encontraban 424 personas privadas de libertad en el recinto”, señaló en julio pasado el exministro de Justicia, Jaime Gajardo.
Entre sus atributos principales destacan:
– Alta capacidad total: el complejo puede recibir hasta 2.320 internos.
– Segmentación: el diseño contempla 14 módulos que permiten separar a la población penal por género, situación procesal (imputados o condenados) y nivel de peligrosidad.
– Módulos diferenciados: las áreas de máxima seguridad cuentan con celdas individuales y locutorios sin contacto físico; los módulos de bajo y mediano compromiso delictual integran celdas individuales y colectivas, además de salas de clases y talleres.
Es considerado el penal con mayor despliegue tecnológico de vigilancia en Chile: más de 1.500 cámaras de alta resolución, más de 30 arcos detectores de metales y 3 escáneres corporales. Suma tres equipos de detección de drogas y explosivos, además de un sistema de bloqueo de señal celular y administración de telecomunicaciones.

El establecimiento también incorpora áreas para salud y tratamiento, así como dispositivos de reinserción:
– Salud: dispone de atención de medicina general, especialidades, odontología y camas de hospitalización.
– Tratamiento: cuenta con un centro para abordar adicciones.
– Educación y trabajo: integra una escuela centralizada, capacitación laboral, deporte y actividades culturales.
– Modelo de gestión: la reinserción es liderada por Gendarmería, con apoyo de privados en la ejecución de talleres y programas específicos.
A continuación, puedes ver el video de la inauguración del recinto, en enero de este año, donde se realiza un recorrido por el interior del establecimiento.
¿Un régimen “estilo Bukele”? Bajo la administración del presidente José Antonio Kast se ha instalado la idea de que Talca adopta elementos del esquema salvadoreño de Nayib Bukele. Entre los puntos en común se mencionan:
– Uniformes obligatorios para internos de alta peligrosidad.
– Restricciones de comunicación: aislamiento sin llamadas ni enlaces con el exterior para reclusos catalogados como de mayor riesgo.
– Visitas por locutorios sin contacto físico y eliminación de beneficios como encomiendas para ese segmento.
Aunque hay coincidencias con el CECOT de El Salvador, como el uso de uniformes y la incomunicación, no se trataría de una copia fiel. El exdirector de Gendarmería, Claudio Martínez, plantea que en Chile no opera un “modelo Bukele”, sino un régimen de máxima seguridad más cercano al 41-bis italiano, destinado a cortar la cadena de mando de líderes criminales desde prisión.
En el CECOT, según la BBC, las celdas funcionan como grandes jaulas en estructuras sin ventanas ni ventilación mecánica y con mínima privacidad; los reos duermen en literas metálicas sin colchones ni sábanas, comen con las manos y solo disponen de 30 minutos diarios de ejercicio en pasillos. Además, la iluminación artificial permanece encendida todo el día, con supervisión permanente de más de mil custodios y fuerzas de seguridad.

Asimismo, a diferencia de la percepción asociada al modelo salvadoreño, La Laguna incorpora equipamiento y programas orientados a la reinserción social, con escuelas, tratamiento de adicciones y talleres laborales coordinados por el Estado.



