El sismo de magnitud 7,4 que remeció a Colombia la mañana del 10 de agosto dejó cientos de inmuebles dañados y reabrió la discusión sobre la capacidad real de las construcciones para soportar eventos sísmicos de gran intensidad.
Desde los sectores más golpeados de Manizales y Pereira, el ingeniero civil estructural chileno Daniel Morales, quien viajó desde Concepción junto a una delegación de Lind Engineering para efectuar evaluaciones de emergencia, detalló a BioBioChile los principales perjuicios observados. Además, comparó las prácticas constructivas de Colombia y Chile y profundizó en los factores que determinan si una edificación colapsa o resiste.
“Ante todo, mi solidaridad con el pueblo colombiano. La magnitud de la tragedia es enorme: miles de personas afectadas, numerosos desaparecidos y cientos de fallecidos”, expresó el especialista en gestión, monitoreo y diagnóstico de infraestructura crítica de Lind.
“Solo espero que puedan levantarse pronto. Dentro de estas duras circunstancias, agradezco la posibilidad de contribuir desde la ingeniería estructural, mitigando riesgos y aportando certezas sobre seguridad”, añadió.
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-¿Cuál fue su primera impresión al llegar a las zonas afectadas por el terremoto?
Estuve el martes 11 en Manizales y el miércoles 12 y jueves 13 en Pereira. Al arribar a Manizales y recorrer los alrededores de la Universidad Católica —un sector con alto nivel de daño— nos sorprendió ver a la ciudad reactivándose con rapidez y a muchas personas colaborando. La alcaldía ha estado muy presente en el despeje de calles y retiro de escombros.
La entrada a la ciudad lucía limpia y, a simple vista, el impacto no parecía evidente. Sin embargo, al internarnos por la Avenida Santander, aparecieron numerosos edificios con daños estructurales, incluso algunos colapsados. Esa primera impresión encajó con lo que nos comentaron: Manizales se distingue por su orden, limpieza y vida cívica.
En Pereira la impresión inicial fue distinta. Ingresamos por el acceso norte y cruzamos el centro; encontramos barrios con muchas viviendas y edificaciones antiguas destruidas. La ciudad se veía más detenida, con múltiples vías cortadas y escombros por doquier. La sensación fue la de un daño más extendido y severo.
-Después de recorrer las estructuras dañadas, ¿qué es lo que más le ha llamado la atención?
Principalmente, la gran cantidad de edificaciones afectadas en sus muros de albañilería o mampostería de bloques de hormigón. En muchos casos no se trata de los elementos estructurales principales, sino de muros de relleno. En Colombia su uso es muy común, tanto en perímetros como en interiores, y estos fueron los más perjudicados. También observé más daños en construcciones bajas y edificios de menos de 10 pisos; salvo excepciones, los de mayor altura presentaron menos afectaciones en los sectores que recorrí.
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-¿Qué factores explican la cantidad de construcciones colapsadas en Colombia?
En gran medida, la antigüedad de muchas edificaciones. Antes de 1984, Colombia no contaba con una normativa sísmica propia, por lo que numerosos edificios antiguos fueron diseñados sin un código adaptado al país. A eso se suman prácticas constructivas y de detallamiento que, en su momento, no garantizaban un buen desempeño frente a altas demandas sísmicas.
Otro elemento es la construcción de carácter más artesanal en viviendas y edificios bajos, muchas veces sin controles de calidad adecuados, sin proyectos formales de ingeniería o arquitectura, y con alta autogestión, lo que deriva en incumplimientos de los estándares mínimos sismorresistentes.
Además, hasta los años 70 persistía la idea de que estructuras de hasta cinco niveles no requerían diseño sísmico. Esto implicaba no cumplir requisitos mínimos de dimensiones, cuantías de acero o detallamiento propio de estructuras preparadas para sismos, asumiendo condiciones de zonas no sísmicas.
-¿Qué señales permiten identificar rápidamente que una estructura puede tener un problema grave después de un terremoto?
Es clave distinguir entre daños en elementos estructurales y no estructurales. En la mayoría de las construcciones locales, la estructura principal es de columnas y vigas, a diferencia de Chile, donde predominan los muros de hormigón armado. En Colombia, los espacios entre vigas y columnas se rellenan con bloques de albañilería o mampostería.
Detectar si el daño afecta muros de relleno —no estructurales— o columnas y vigas —estructurales y sismorresistentes— es determinante. Si hay afectación en columnas y vigas, la evaluación debe ser rigurosa por posibles riesgos de estabilidad. Si el perjuicio se limita a los muros de relleno, existe peligro por desprendimientos que pueden herir a personas, pero no implica, por sí solo, un riesgo de colapso global.

-¿Qué tipo de daños son los que ha visto con mayor frecuencia en las zonas afectadas por el terremoto?
Predomina el deterioro de muros de relleno —bloques de hormigón o albañilería—. Esto se explica porque el sistema estructural habitual en Colombia es de pórticos de hormigón (columnas y vigas), conocidos en Chile como marcos de hormigón, que son más flexibles que los sistemas basados en muros. Esa mayor flexibilidad implica mayores deformaciones durante un sismo; no es necesariamente negativo, pero incrementa el daño en elementos no estructurales como los muros de relleno.
-¿Hay elementos de la normativa colombiana que, después de este terremoto, cree que deberían revisarse?
El diagnóstico es claro y las normas han evolucionado por décadas. Se observó que las construcciones recientes —diseñadas con la NSR de 1984, luego la de 1998 y la actualización de 2010— tuvieron escaso daño; prácticamente nulo en lo estructural. Las de 1984 mostraron afectaciones en elementos no estructurales, pero con las versiones más modernas el perjuicio fue muy reducido. Esto confirma que la actualización normativa ha fortalecido la resiliencia y seguridad.
En Chile existe desde 2015 una norma específica para elementos no estructurales (NCh3357), que contribuye a limitar su daño. Este es un ámbito que siempre puede perfeccionarse a la luz de los datos y la evidencia nueva que deja un evento sísmico de esta magnitud.

-¿Puede una estructura estar correctamente diseñada según la norma y aun así sufrir daños importantes durante un terremoto?
Sí. El propósito principal de la normativa es salvaguardar vidas evitando el colapso y permitiendo evacuar, incluso admitiendo daños severos. Por ello, una edificación puede registrar deterioros significativos aunque cumpla íntegramente la norma. No obstante, las expectativas sociales aumentan y la ingeniería estructural avanza hacia diseños cada vez más resilientes, con nuevas tecnologías y metodologías.
Además, el desempeño no depende solo del cálculo: la etapa constructiva es crítica. Si fallan los controles de calidad, si el detallamiento no se ejecuta tal como indican los planos o si los materiales no cumplen las especificaciones, el comportamiento real puede alejarse del previsto.
-Es inevitable hacer un símil con la experiencia chilena. ¿Cuáles son las principales diferencias que ha podido observar entre las normas de construcción en Colombia respecto a Chile?
La diferencia más visible es la tipología. En Chile predominan los muros de hormigón armado, que reducen significativamente las deformaciones y, por ende, limitan el daño en elementos secundarios. En Colombia son más comunes los pórticos o marcos de hormigón armado, con mayor flexibilidad y desplazamientos, lo que incrementa la vulnerabilidad de los componentes no estructurales.
Esa mayor deformación exige un detallamiento muy riguroso del acero de refuerzo en columnas y vigas. Hay prescripciones específicas sobre la disposición y amarre del refuerzo, particularmente en estructuras de pórticos. Si los controles en obra no son estrictos, es probable que esos requisitos no se cumplan cabalmente, comprometiendo el desempeño esperado del edificio.




