Antes de convertirse en figura de la campaña de O’Higgins en 2026, Arnaldo Castillo debió superar uno de los tramos más duros de su carrera.
Sus primeros meses con la camiseta del Capo de Provincia estuvieron lejos de lo esperado. La sequía goleadora, las críticas y el hostigamiento contra su familia lo golpearon con fuerza, al punto de llevarlo a contemplar la posibilidad de quitarse la vida.
Hoy, con 29 años, el atacante paraguayo-chileno vive un presente opuesto en Rancagua. Acumula 15 tantos en 42 encuentros durante la temporada, se erigió como máximo goleador del equipo y alcanzó una versión futbolística que buscó por largo tiempo.
Detrás de esa producción hay una historia de sufrimiento y de transformación personal que él mismo sitúa hace dos años.
“Hoy O’Higgins significa mucho para mí. No solamente por lo que representa el club, sino también por todo lo que viví acá. Hubo momentos muy malos. Pasé un periodo en el que no hacía goles y la gente se fue encima mío. También atacaron a mi señora, le mandaban mensajes y llegaron incluso a desearles cosas malas a mis hijas”, señaló en conversación con Jugada Nacional: Jugada Nacional.
Liga de Primera: O’Higgins remontó a tiempo y venció a La Serena con gol agónico de Arnaldo Castillo
Domingo 02 Agosto, 2026 | 17:06
El mal rato traspasó la cancha. Las críticas por su rendimiento cruzaron una línea especialmente sensible para él: su familia. El delantero cargó en silencio con una presión que, con el correr de las semanas, se volvió casi insoportable.
“Llegué a tener pensamientos suicidas por todo lo que estaba pasando y por los malos deseos de la gente”, admitió.
Castillo cuenta que se sintió atrapado en una oscuridad sin salida. En ese contexto, un giro profundo en su vida personal fue clave para recuperar el rumbo.
“Me hundí en algo a lo que no le encontraba salida, hasta que conocí al Señor, porque yo venía de una familia católica. Ese punto fue el quiebre del cambio en mi vida, yo siempre digo que Cristo me salvó esa oscuridad, que hoy en día estoy viendo a plena luz. Ese cambio fue en 2024”, aseguró.
Todo este proceso lo vivió casi en silencio. Pese a la magnitud de su sufrimiento, nunca pidió apoyo psicológico al club. Su esposa fue de las pocas personas que supo de cerca lo que atravesaba, mientras él, hacia afuera, intentaba aparentar normalidad.
“Nunca pedí ayuda. Mi señora sabía lo que me pasaba y lo que estaba viviendo, porque yo nunca demostré que estaba mal. Uno sabe guardar demasiadas cosas y comerse toda la mierda por dentro. Por fuera no demostraba nada, pero internamente estaba sufriendo. Tampoco fui tan valiente para tomar esa decisión”, reconoció.
El delantero que fue blanco de cuestionamientos y tocó uno de los puntos más oscuros de su vida logró reconstruirse, en lo personal y en lo futbolístico.




