La labor del ministro de Justicia, Fernando Rabat, empieza a ser valorada incluso por sectores de la oposición, que subrayan su disposición al diálogo y su habilidad para forjar consensos, en contraste con las dificultades que ha enfrentado el ministro de Seguridad, Martín Arrau.
Desde el principio, la estrategia del Gobierno fue mostrar a ambos secretarios de Estado como un tándem en seguridad, especialmente por las reformas constitucionales y los ajustes al sistema penitenciario.
No obstante, a medida que la agenda ha avanzado, sus trayectorias han comenzado a separarse.
Mientras Arrau sigue bajo presión —incluso desde el propio oficialismo— por su reforma de seguridad, Rabat ha asumido la conducción de buena parte de los proyectos pendientes de la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo, ACOT.
Este jueves concretó un nuevo hito: consiguió despachar por unanimidad el proyecto que extiende de 12 a 24 horas el plazo para configurar una hipótesis de flagrancia.
Antes, había logrado la aprobación de la llamada Ley Antipelotazos, que fija medidas de seguridad perimetral en las cárceles.
Según fuentes del Gobierno, las iniciativas lideradas por Rabat han avanzado con un sello marcado por la búsqueda de consensos.
Un ejemplo es el proyecto de Responsabilidad Parental, que comenzó enfrentando resistencias en la Comisión de Familia de la Cámara, pero gradualmente ha sumado respaldo.
Algo parecido ocurrió con la reforma a la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, que al inicio generó reparos y hoy cuenta con apoyo transversal. En el Senado, de hecho, fue aprobada en general por 37 votos contra 3.
También alcanzó un acuerdo transversal para ampliar de 5 a 120 días el plazo de detención de inmigrantes con fines de expulsión.
El diputado del PPD, José Montalva, señaló precisamente una de las claves que, a su juicio, explican este avance.
Subrayó que el ministro Ravat entendió algo elemental: escuchar no debilita la seguridad, la fortalece; en cambio, al ministro Arrau le ha faltado aquello y ha confundido firmeza con rigidez.
En la oposición así resaltan la forma de trabajo del ministro: la elaboración de minutas en lenguaje sencillo para explicar los proyectos, material específico para asesores y una presencia constante en el Congreso.
A ello se suma su disposición a convocar a parlamentarios opositores, alcaldes y exministros a su cartera.
La diputada nacional libertaria Gloria Naveillán también valoró los acercamientos impulsados por Rabat.
Resaltó que, en su opinión, es una persona muy dialogante y que es muy fácil trabajar con él en temas de agenda de seguridad, de justicia, etcétera.
En la UDI, su presidente, Guillermo Ramírez, puso el acento en que ambos ministros forman parte de un mismo equipo.
Matizó que, por supuesto, corresponde felicitar al ministro Ravat, quien condujo las conversaciones —y se suman a ese reconocimiento—, pero enfatizó que también hay otras personas que hacen su parte y que, finalmente, es el trabajo en equipo lo que permite obtener estos buenos resultados.
Y aunque quienes conocen la dinámica de ambas carteras aseguran que los ministros y sus equipos operan coordinadamente y mantienen un intercambio permanente sobre los proyectos y avances en seguridad —como quedó patente durante la Operación Cancerbero—, reconocen una diferencia de estilo.
Por ello, señalan, Rabat ha priorizado mantener la capacidad de diálogo y no aferrarse a sus propias propuestas.




