El filme israelí “NAZA” se exhibió con éxito en el Festival de Venecia con una imputación especialmente delicada: mediante testimonios de militares, cuestiona cómo Israel eligió los blancos de sus bombardeos en la Franja de Gaza y examina el uso de sistemas de inteligencia artificial durante la ofensiva.
La obra, dirigida por los periodistas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, obtuvo el Premio Especial del Jurado en la Mostra de Venecia. No obstante, ese reconocimiento internacional vino acompañado de una dura reacción en Israel.
El jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, teniente general Eyal Zamir, acusó a la película de intentar “socavar la legitimidad” del país y de sus Fuerzas Armadas. Además, instruyó evaluar posibles acciones legales contra el documental y sus responsables.
La polémica se intensificó cuando el ministro de Cultura de Israel, Miki Zohar, anunció que buscaría que Abraham y Szor perdieran su ciudadanía israelí, a quienes acusó de cometer una “traición al Estado”.
Entonces, ¿qué muestra la cinta para provocar una reacción de tal calibre?
NAZA: El documental con testimonios de efectivos israelíes
NAZA es un acrónimo en hebreo que el Ejército israelí emplea para referirse a los daños colaterales. Según DW, el término también implica el cálculo de cuántos civiles podrían fallecer durante un bombardeo.
La película compila 24 testimonios anónimos de integrantes de las fuerzas israelíes y pone en cuestión la táctica empleada por Israel en Gaza, en particular el uso de tecnología y sistemas de inteligencia artificial para seleccionar objetivos.
Los directores presentan relatos de militares que explican cómo realizaban ataques a objetivos en el enclave palestino basándose en información generada por estas herramientas.
El Ejército israelí contraataca a “NAZA”
El Ejército de Israel rechazó las imputaciones formuladas por la película y puso en duda tanto la identidad como las funciones de los entrevistados, cuyos testimonios se presentan de manera anónima.
El jefe del Estado Mayor fue aún más lejos. Eyal Zamir afirmó que el documental no pretende ofrecer una crítica legítima ni esclarecer lo ocurrido durante las operaciones militares.
“Basándonos en lo publicado hasta ahora, esta no es una película que ofrezca críticas a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), ni un intento de establecer la verdad. Se basa en libelos de sangre, distorsiones deliberadas de la realidad y acusaciones graves y falsas contra los soldados y comandantes de las FDI”, afirmó.
Zamir sostuvo además que las Fuerzas Armadas actúan “de acuerdo con el derecho internacional y sus normas éticas” y aseguró que sus tropas hacen esfuerzos por minimizar el número de civiles afectados durante sus operaciones, explicó EFE.
El militar también dispuso crear un equipo para preparar la respuesta a las acusaciones de NAZA, estudiar posibles medidas legales y verificar si los realizadores usaron material clasificado sin permiso durante la producción.
Las recriminaciones llegaron además desde diversas corrientes políticas. El opositor Gadi Eisenkot acusó a los autores de ofrecer una visión “distorsionada y unilateral” del conflicto.
Por su parte, el ex primer ministro Naftalí Bénet apuntó directamente a los cineastas. “Lo que lo hace especialmente doloroso e indignante es que esta mentira provenga de cineastas israelíes y se esté difundiendo ahora por todo el mundo”, afirmó.
El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, también tildó de “desgracia y vergüenza” a Abraham y Szor, mientras que el Likud, partido del primer ministro Benjamín Netanyahu, calificó la película de “antisemita”.
Ministro propone retirar la ciudadanía a los realizadores
La disputa sumó un nuevo capítulo cuando el ministro de Cultura israelí, Miki Zohar, cuestionó la permanencia de la nacionalidad de los dos directores.
“Actuaré de inmediato para revocar la ciudadanía israelí de estos despreciables creadores por traición al Estado”, escribió Zohar en X.
El ministro también acusó a Abraham y Szor de pretender “perjudicar a su patria para recibir aplausos de antisemitas de todo el mundo”, señala Deutche Welle.
Aunque la ley israelí contempla la opción de retirar la ciudadanía, es una medida aplicada en contadas ocasiones.
En 2022, el Tribunal Supremo israelí avaló que el Estado puede despojar de la nacionalidad a personas por falta de “lealtad”, por ejemplo, en casos de espionaje o traición. Un año más tarde, la normativa amplió esta facultad para incluir a quienes hayan sido condenados por “terrorismo”.
No obstante, la decisión no recae únicamente en el ministro de Cultura. Para ejecutarla, el ministro del Interior debe presentar la solicitud, el ministro de Justicia aprobarla y, posteriormente, el Poder Judicial validarla.




