El técnico del elenco juvenil de Santiago Wanderers, que en el Santiago Bernabéu intentará posicionar a los caturros y al fútbol chileno en la cúspide mundial, muestra su faceta más desconocida. Revela pasajes inéditos de cómo fue forjando su trayectoria: de ser capitán en cada club donde jugó, a su paso por las comunicaciones y la receta con la que gana la confianza y mantiene la concentración de un grupo de jóvenes que, desde Valparaíso, busca dejar huella.
El joven Felipe Salinas, que no alcanzaba los 20 años cuando debutó profesionalmente en su Quillota natal con la camiseta de San Luis, difícilmente habría imaginado que, dos décadas después, viviría algo así como entrenador del Sub 20 de Santiago Wanderers. En cuestión de horas, ocupará una de las bancas del estadio Santiago Bernabéu para dirigir al campeón de la Copa Libertadores juvenil frente al Real Madrid, su par europeo.
Fue un defensor central duro, destacado por su estatura y dominio del juego aéreo, rasgos que lo llevaron a vestir casi todas las camisetas de la región de Valparaíso. Además de los Canarios, pasó por Unión La Calera, Unión San Felipe y San Antonio Unido. Paradójicamente, nunca llegó a jugar por los Caturros, un club que siempre le llamó la atención por sentir que su estilo aguerrido y valiente calzaba ahí.
Para entender al DT que llevó a Santiago Wanderers a disputar el encuentro más trascendente del planeta a nivel juvenil, también hay que mirarlo fuera del césped. Mientras jugaba, asumió que el fútbol no lo era todo. Primero cursó Prevención de Riesgos y luego Geografía en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Al mismo tiempo, en el campo se afirmaba como un líder nato. Fue capitán en cada institución por la que pasó, incluido Cobreloa, donde jugó entre 2018 y 2020 y alcanzó su punto más alto. Tras colgar los botines, y mientras concluía su formación como entrenador, aceptó la invitación de Radio Damiana de El Salvador para comentar los partidos de Cobresal y participar en los programas de la emisora nortina, en el campamento minero donde vivió entre 2013 y mediados de 2014, período en que defendió al cuadro atacameño.
Salinas se aparta del arquetipo del entrenador que orbita solo alrededor del balón. Se ha preparado para los vaivenes de la vida, la misma que hoy lo premia situándolo como protagonista del que será el duelo más relevante que un club chileno afronta en divisiones juveniles y el primero que disputará un encuentro oficial en el Santiago Bernabéu.
“Cuando uno se detiene a pensar con calma, muchas veces no alcanza a dimensionar la magnitud de lo logrado. Hoy, todos hablan de Santiago Wanderers. Ninguna escuadra juvenil había conseguido esto de presentarse en un estadio tan legendario como el Bernabéu, algo con lo que todos soñamos”, comenta el estratega a BioBioChile, en una charla que permite descubrir su faceta menos visible, sus raíces, sus metas y, por supuesto, su metodología.
Felipe Salinas: “El tiempo te ubica donde corresponde, pero hay que llegar preparado”
—Llama la atención que, siendo un técnico joven (45 años), ya puedas decir que ganaste una Copa Libertadores, que jugarás una final intercontinental y que dirigirás un partido oficial en el Santiago Bernabéu. La vara queda altísima para lo que sigue en tu carrera… aún no debutas en Primera. ¿Qué desafíos te quedan por delante?
Siempre busco seguir creciendo y evolucionando, y vamos cumpliendo etapas. Esta es una gran etapa y queremos cerrarla de la mejor manera, pero mi idea es seguir progresando y rodearme de los mejores. Eso impulsa el desarrollo personal. En Chile no es tan habitual, porque cuando opinas mucho o manejas más, te ven como una amenaza y buscan bajarte. Me parece que el medio es muy mezquino. Hoy estoy enfocado a full en el partido ante el Real Madrid. Llevamos más de tres meses analizando y trabajando horas largas para competir de la mejor forma, tal como lo hicimos en la Copa (Libertadores). Después de eso, espero que se abran puertas hacia retos profesionalmente atractivos, porque creo que, con trabajo —más allá de la infraestructura y los recursos de los equipos grandes—, logramos hitos inéditos a punta de convencimiento.
—¿Qué le dirías a ese Felipe Salinas que a comienzos de los 2000 debutaba en San Luis y tuvo que salir a préstamo un par de veces para afirmarse? ¿Se habría imaginado este presente?
Le diría que el trayecto fue largo, pero era el que tenía que ser. Me tocó pasar por todas las categorías, con altibajos; viví descensos, títulos, planteles con todo y otros con muy poco. Ese aprendizaje y experiencia de los técnicos que tuve; y, luego, el tiempo ya como entrenador, me hacen pensar que los tiempos fueron perfectos. El tiempo te ubica donde corresponde, pero para eso debes estar preparado, y nunca dejé de hacerlo. Siempre creí que podía alcanzar cosas importantes y este último año con Santiago Wanderers me ha regalado momentos hermosos. Así que a ese Felipe del pasado le diría que estuvo bien, que fue constante y no se vino abajo pese a las dificultades del camino.
La elección de dirigir, la huella de Meneghini y el paso por las comunicaciones
—Has dicho que te gusta rodearte de los mejores y tuviste técnicos como Gustavo Benítez o Marco Antonio Figueroa. ¿Quiénes fueron moldeando tu mirada?
Creo que uno va tomando un poco de todos. En su momento me marcó Marco Antonio Figueroa, a quien tuve en mi mejor periodo en Cobreloa. Había cosas que me gustaban y otras no, como con cualquier entrenador. En esa etapa aún no tenía el bichito de dirigir y miraba todo desde el prisma del jugador. A veces uno se equivoca en eso, al no ver el todo y enfocarse solo en uno. Ya en el final de mi carrera me tocó con Paqui (Francisco Meneghini) y ahí mi visión era otra, porque ya estudiaba para ser entrenador. Cuando quedaba fuera, me transformaba en su ayudante. Me pareció una persona muy inteligente y coherente entre lo que se entrenaba y lo que se buscaba. Por ahí se fue delineando la idea que yo quería plasmar y entendí mejor el juego, justo cuando pasaba a la otra vereda y dejaba de ser futbolista.
—Lionel Scaloni (campeón y subcampeón del mundo con Argentina) cuenta que desde los 16 años ya sentía el llamado de dirigir y analizaba siempre al rival. En tu caso, eso apareció recién al final, ¿no?
Siempre fui capitán en todos los equipos y eso se debía a un liderazgo y a que era muy analítico, pero no tenía esa veta de entrenador. Aun así, sí analizaba bien los partidos; solía comunicarme mucho con el técnico para resolver situaciones de juego durante los encuentros. De hecho, varios técnicos me decían que debía formarme para seguir la carrera; me señalaban que tenía buena visión. Con el tiempo entendí que era posible seguir ligado al fútbol, pese a que había estudiado cosas ajenas al deporte.
—En esta etapa de descubrimiento de tu perfil, además fuiste comentarista radial en El Salvador, analizando a Cobresal. ¿Sigues con eso? ¿Te ha servido moverte también en comunicaciones?
Mira, llevo más de cuatro años en Radio Damiana y, cuando puedo, seguimos haciendo el programa de estudio en la semana y comento los partidos de Cobresal cuando el tiempo me alcanza. Y claro, me ayudó mucho para manejarme frente a los micrófonos, expresarme mejor y seguir creciendo. Por eso asumí ese desafío. Es valioso hablar ante gente que te escucha y comentar en vivo, armando ideas rápido según lo que observo. Aún pertenezco a la radio, aunque con tiempos más acotados, pero ha sido muy enriquecedor.
—Imagino que esa faceta también te sirve para llegar mejor al jugador, administrar los tiempos y sostener la atención de los chicos en el mensaje.
Sí, pero intento que el mensaje sea muy concreto. Me gusta ser preciso con el jugador, porque haber jugado te entrega cosas que algunos entrenadores no tienen por no haber vivido el camarín. El futbolista es muy particular: se incomoda rápido y su mente se va a mil lados, menos a lo que le estás diciendo. El mensaje debe ser claro y sostenido, y lo que se promete hay que cumplirlo, porque el jugador detecta al tiro si le mienten. Procuro no hacer lo que a mí no me gustaba como futbolista. Así que no más de 10 minutos de video, charlas breves antes de entrenar y también antes del partido. Me ha funcionado: los chicos lo comprenden, están cómodos y la comunicación es muy buena. Saben que hay cariño, pero también exigencia.
La receta de Felipe Salinas en Wanderers Sub 20: “El mensaje es claro: quien no esté alineado no juega”
—¿Esa brevedad en el mensaje también responde a cómo procesan hoy las nuevas generaciones, con hiperconectividad y todo al alcance?
Sí. Hoy todo es instantáneo. Son nativos del smartphone y lo aprovecho: les envío por ahí los PDF con los planes de partido para que los revisen; luego les hago preguntas, repasamos lo que queremos y quedamos alineados. En mi época tuve técnicos de charlas eternas y otros más concretos, pero hoy contamos con mucho material audiovisual para facilitar la comprensión.
—Una crítica común al fútbol formativo es la falta de “hambre” y la ansiedad por lograr temprano casa, auto y gran sueldo. ¿Cómo son estos chicos de Wanderers en eso y cómo lo gestionas?
Aquí el mensaje es claro: quien no esté alineado no juega. Así de simple, y lo planteé desde el primer minuto. Me tocó bajar a futbolistas con muchos minutos en Primera que, si no cumplían lo que pedía, quedaban fuera y no volvían a jugar. Ellos saben que tienen todo y hay buena onda, pero también que no nos sobra nada y debemos ser un equipo. He insistido en eso estos días al retomar la preparación para la final, porque hacía rato que no estábamos todos juntos. No quiero que nadie se salga de lo trabajado y no hay dobles discursos.
—El plantel que enfrentará al Real Madrid ya no es el mismo que ganó la Libertadores: varios debutaron en Primera B, son titulares y figuras. Según lo que explicas, ¿no habrá trato distinto para ellos?
Tienen una doble misión: justificar por qué están ahí y seguir evolucionando. No hay margen para la displicencia. Al contrario, deben ser líderes positivos y, si no están en sintonía, conmigo no jugarán. Algunos ya cerraron su proceso formativo y deben ser ejemplo.
“Chupete” Suazo, de compañero a un inesperado DT promisorio
—Vuelvo a tus inicios para ese San Luis campeón de Tercera en 2003. Llama la atención que los titulares fijos eran Víctor Rivero (hoy DT de Limache), Chupete Suazo (técnico en San Luis) y tú. Algo debió ocurrir para que los tres integren la nueva camada de entrenadores del fútbol chileno…
En ese plantel también estaba Osvaldo Cataldo, que fue mi asistente en la Libertadores de Ecuador y tiene una gran trayectoria en fútbol joven. San Luis llevaba años entre idas y venidas buscando ascender y había gente que ya miraba el fútbol distinto. Éramos muy inteligentes en la lectura de los partidos. Chupete, no tanto; él era el distinto, el que recibía y convertía. Ahora cambió mucho. Hace poco conversamos largo; está más maduro y hace una campaña muy buena en San Luis de Quillota. Todos evolucionamos: éramos muy jóvenes entonces, pero teníamos la mística de un equipo fuerte mentalmente y conocíamos la categoría, lo que nos llevó a un logro histórico para la ciudad.
—¿Te sorprendió que Chupete arrancara tan rápido su carrera como DT?
Lo veo muy honesto con lo que quiere. Además, es muy preciso y simple. Cuando el jugador percibe un entrenador honesto, que trabaja con la verdad y que, cuando debe corregir, corrige a cualquiera, eso refuerza su liderazgo en San Luis. Quizá no se esperaba tanto de él, pero lo veo muy bien. Cuando se retiraba en San Luis y estaba en la banca, ya hacía de asistente, así que fue un proceso corto, pero posible. Hay que creer más en el producto nacional. Chupete lo está haciendo excelente, igual que Esteban González en México. En Chile hay talento, pero falta atreverse.
—Sobre esto último, también destaca la apuesta de Wanderers con su plantel profesional para 2026, confiando mayormente en estos chicos campeones de la Libertadores que enfrentarán al Real Madrid. ¿Es hora de volver a creer en la cantera del fútbol chileno?
Mucho de esto es mérito de don Reinaldo Sánchez, que confió en este grupo y en que yo fuera el entrenador, y salió bien. Por suerte, muchos ya firmaron contrato, son 14 o 15, y compiten bien. También es cierto que había quienes no confiaban, y uno sabía que podían rendir. Han demostrado ser una camada que debe seguir su desarrollo y que tiene mucho por ofrecer.
—Más allá de la Intercontinental, ¿qué viene para Felipe Salinas después de 2026? ¿Seguir en fútbol joven, una selección chilena o dar el salto a un primer equipo?
Me encantaría una selección juvenil. A cualquiera le gustaría culminar su trabajo en una selección nacional. También quisiera proyectarme afuera, porque dirigir en el extranjero es una oportunidad enorme de crecimiento. Pero ahora mi foco es hacer un gran papel ante el Real Madrid. Tengo contrato hasta fin de año y no sé qué pasará. Ojalá vengan cosas lindas. Estoy tratando de hacer mi mejor labor y llevar al club a lo más alto posible. Desde ahí, esperar oportunidades que me sigan haciendo crecer en esta carrera que comencé hace poco, pero en la que siento que puedo acelerar procesos y empezar a dirigir. Cuando llegue el momento, creo que me encontrará preparado.
—Esta entrevista saldrá a horas del partido ante el Real Madrid, cuando muchos wanderinos y gran parte del fútbol chileno los alienten desde el Santiago Bernabéu y las pantallas de TV o la radio. ¿Qué mensaje les dejas, especialmente a los Caturros?
Son espectaculares. De las hinchadas que me ha tocado vivir… son extraordinarios. Estuve hace poco en Valparaíso y me colmaron de fotos, abrazos y cariño. La gente está muy agradecida, porque se ve reflejada en un equipo que lucha, se esfuerza, va con todo y no deja de correr. Eso es parte de la identidad y el carisma de la gente del puerto. Solo agradecimientos y la certeza de que nos acompañarán con todo en la final. Son extraordinarios y ojalá nunca pierdan esa identidad por el club, que no es fácil de encontrar.




