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Un error costó un voto y tumbó la reforma para expulsar migrantes

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Gonzalo OlguínPeriodista Radio Bío Bío Valparaíso. Corresponsal en Congreso Nacional

Un artículo mal citado, una petición ingresada fuera de plazo y una alternativa que no se aprovechó durante la semana distrital. Esa seguidilla de desaciertos fue decisiva para que la Cámara rechazara por solo un voto la reforma constitucional que pretendía extender los plazos de detención de extranjeros con orden de expulsión administrativa.

La propuesta alcanzó 88 votos favorables, 28 en contra y 19 abstenciones, pero requería 89 respaldos para cumplir el quórum de cuatro séptimos.

En esa mínima diferencia resultaron determinantes las ausencias de los diputados republicanos Felipe Ross y Stephan Schubert, ambos fuera de Chile acompañando al presidente José Antonio Kast en Estados Unidos.

Sus inasistencias eran conocidas. El inconveniente fue que los permisos constitucionales que permitían excluirlos del cómputo del quórum se gestionaron de manera incorrecta.

El error que partió con un artículo

Para que un permiso constitucional tenga efectos sobre el quórum, no basta con comunicar que un diputado saldrá del país. La solicitud debe ingresarse formalmente, darse cuenta de ella y luego someterse a votación. Solo una vez aprobada empieza a regir, hasta que el parlamentario vuelve a participar en una sesión de Sala o de comisión.

En resumen: se ingresa, se informa, se vota y recién entonces surte efecto.

Según información recopilada por Radio Bío Bío, las primeras solicitudes que Ross y Schubert presentaron por la oficina virtual fueron rechazadas por errores en su tramitación.

Uno de esos errores fue la norma invocada. Los parlamentarios apelaron al artículo 34, usado para informar una salida del país, cuando el permiso que incide en el cálculo del quórum correspondía al procedimiento del artículo 9.

Más tarde reingresaron las solicitudes a las 09:43 horas, pero la cuenta de la sesión se había cerrado a las 09:30. En consecuencia, no alcanzaron a completar el trámite antes de la votación de la reforma.

Y el impasse no podía resolverse minutos antes de votar.

Si un diputado pretende que su ausencia altere el quórum de una sesión del miércoles, por ejemplo, debe presentar con antelación la solicitud para que sea informada y votada antes de esa jornada.

Eso no sucedió con Ross y Schubert.

La opción durante la semana distrital

Existía, además, otra alternativa que habría evitado buena parte del problema.

La semana previa fue distrital y coincidió con las Fiestas Patrias. En esos periodos, el reglamento permite que el presidente de la Cámara autorice directamente ciertos permisos constitucionales, sin esperar una posterior votación en la Sala.

Ross y Schubert pudieron pedir oportunamente esa autorización al presidente de la Corporación, Jorge Alessandri (UDI), también parte del oficialismo.

Si se hubiese usado esa vía dentro de los plazos, el permiso podía haber quedado resuelto antes de la sesión de este martes.

Cuando se realizó la votación, ambos diputados estaban fuera del país, pero sus ausencias continuaron considerándose para el cálculo del quórum.

A esas bajas se sumaron otras del oficialismo. Marlene Pérez y Francesca Muñoz tenían licencia médica, mientras que el diputado UDI Guillermo Ramírez también estaba en Estados Unidos. Las licencias, sin embargo, no alteraban por sí solas el quórum exigido.

También faltó el diputado y presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, quien, al igual que Ross y Schubert, se encontraba en Estados Unidos como parte de la comitiva que acompañó al presidente Kast.

Su caso, sin embargo, era distinto.

De acuerdo con los antecedentes que maneja Radio Bío Bío, no estaba previsto que Ramírez gestionara un permiso constitucional para ser excluido del quórum. Por ello, la falta de coordinación se centró en Ross y Schubert, respecto de quienes sí se intentó activar el mecanismo, frustrado finalmente por los errores y los tiempos del trámite.

Las miradas puestas en la Segpres

La caída de la reforma abrió de inmediato otra discusión: cuánto debía haber anticipado la Secretaría General de la Presidencia este escenario.

El propio ministro José García Ruminot admitió tras la votación que había apoyos que el Ejecutivo esperaba asegurar y que no se concretaron.

El ministro señaló que, según su información, algunos votos comprometidos finalmente no se materializaron.

García afirmó que el conteo se realiza de forma “rigurosa” y “minuciosa”, aunque reconoció que al momento de votar hay parlamentarios que pueden ausentarse o cambiar de postura. Consultado por una posible autocrítica, indicó que en la Segpres evalúan permanentemente su desempeño.

Dentro del oficialismo, de todos modos, no todos responsabilizaron al ministro.

El jefe de bancada de RN, Diego Schalper, salió a respaldarlo públicamente y trasladó la responsabilidad a los propios partidos y sus diputados.

Schalper planteó que el ministro García no tiene por qué actuar como “inspector de curso” ni “mamá a cargo” de nadie, y que corresponde a cada comité tramitar sus permisos constitucionales, añadiendo que no es función del secretario de Estado llevar “de la mano” a los parlamentarios a la Sala.

En privado, sin embargo, hay reparos oficialistas a la coordinación previa. Sostienen que, tratándose de una reforma constitucional dependiente de un conteo exacto, el cálculo debía considerar no solo las intenciones de voto, sino también las ausencias y su efecto en el quórum.

Republicanos miran a la oposición

En el Partido Republicano admiten problemas en la tramitación de los permisos, aunque públicamente han puesto el foco sobre los parlamentarios opositores que no respaldaron la reforma.

Allí asoma la segunda razón de la derrota.

Desde la oposición reconocen, en reserva, que en las horas previas algunos diputados advirtieron que existía una opción real de que la iniciativa no alcanzara el quórum y cambiaron su voto.

El Gobierno inicialmente esperaba un apoyo más transversal, pero ese escenario empezó a diluirse.

Desde sectores de izquierda hubo diputados que terminaron rechazando la propuesta, mientras que el Partido de la Gente optó por abstenerse, pese a los diálogos previos con el Ejecutivo.

Desde el oficialismo cuestionaron que algunos parlamentarios que habían respaldado la iniciativa en su tramitación cambiaran de postura en la Sala. Schalper también dirigió críticas al PDG.

La caída se explicó, así, por dos variables: votos opositores que La Moneda esperaba asegurar y no llegaron, y ausencias oficialistas cuyos permisos no se gestionaron correctamente para alterar el quórum.

Una herramienta casi en desuso

El episodio abrió además una discusión menos visible sobre los propios permisos constitucionales.

Conocedores del trabajo legislativo explican que esta figura se utiliza con mucha más frecuencia en el Senado que en la Cámara de Diputadas y Diputados, donde con los años ha quedado prácticamente en desuso.

Una de las razones es precisamente su impacto en los quórums.

También hay reparos respecto de usar permisos por plazos menores a los previstos originalmente en la normativa, especialmente cuando el parlamentario retorna al país antes del periodo declarado.

Entre asesores legislativos existen, por lo mismo, interpretaciones diversas sobre cuán apropiado es emplear esta herramienta exclusivamente para modificar el universo sobre el que se calcula un quórum.

El ambiente fúnebre en la Segpres

Tras la votación, mientras oficialismo y oposición repartían responsabilidades, en la Segpres el golpe se sintió con especial fuerza. Quienes estuvieron esas horas en el Congreso describen un ambiente de conversaciones en privado, semblantes serios y análisis sobre qué falló.

La diferencia fue mínima, pero la cadena de errores venía de antes: se invocó la norma equivocada, el permiso corregido llegó tras el cierre de la cuenta y no se usó a tiempo una alternativa que pudo resolver el problema durante la semana distrital.

En definitiva, esos yerros terminaron inclinando la balanza en una reforma que se perdió por un solo voto.