“Las encuestas se miran y se estudian, pero no alteran el curso de acción”, afirma un asesor del Palacio de La Moneda al referirse a los sondeos en la actual administración.
El respaldo con que llegó el gobierno de José Antonio Kast se fue diluyendo con el correr de los meses. Hoy, su aprobación ronda el 30%.
Aunque preocupa caer por debajo de ese umbral o quedar anclados en el llamado “piso ideológico” que acompañó al expresidente Gabriel Boric durante gran parte de su periodo, en el gobierno le restan dramatismo al escenario.
“Siempre advertimos que este sería el año de las decisiones complejas y procederemos con responsabilidad, aunque eso no se traduzca en popularidad”, señaló otra autoridad del Ejecutivo encargada de comunicaciones.
Más de 20 puntos de baja
La Plaza Pública Cadem registró el arranque de la administración de Kast con 57% de aprobación y 34% de rechazo.
Luego de hitos como el alza de los combustibles, los ajustes ministeriales y las cifras de desempleo, el panorama cambió con fuerza y, al 17 de septiembre, llegó a apenas 36% de apoyo y 60% de desaprobación. En otras palabras, una baja de 21 puntos en medio año.
En el caso de Agenda Criteria el panorama es similar. Kast llegó al Ejecutivo con 50% de aprobación, 30 puntos de rechazo y seis meses más tarde el mandatario registra 29% de respaldo y 59% de desaprobación. Otra vez, 21 puntos menos.
Las reglas del juego
El 14 de septiembre, el presidente Kast sostuvo que decir la verdad puede doler al ser consultado por los resultados de las encuestas.
El mandatario indicó que el “bencinazo” fue el primer golpe a sus índices de aprobación y defendió las decisiones adoptadas. En Radio Agricultura, remarcó que optaron por la responsabilidad (…) que había que hablar con la verdad, aunque eso a menudo se refleje en los sondeos.
En privado comparten la mirada del Mandatario, pero consideran que, más allá del precio de las bencinas, la baja se explica por la situación del empleo y, en general, por el deterioro de la economía doméstica.
Además, se instala la idea de que la era digital, el uso de redes sociales y la polarización política han fijado nuevas reglas que dificultan que los gobiernos mantengan su aprobación por periodos prolongados.
De la emergencia a la esperanza
Durante la campaña, José Antonio Kast planteó un gobierno de emergencia abocado a gestionar las crisis migratoria, económica y de seguridad.
Tras el triunfo del 14 de diciembre —en la etapa de la Oficina del Presidente Electo (OPE)— se delineó un cronograma comunicacional.
La hoja de ruta contemplaba cuatro momentos: Preparar, durante los dos meses previos a la asunción; Asumir, el 11 de marzo de 2026; Trabajar, con la ejecución del Plan Desafío 90; y Cumplir, con resultados exhibidos en la Cuenta Pública del 1 de junio. El curso del gobierno llevó a modificar ese diseño y a cambiar el relato.
El Ejecutivo describe un itinerario lineal que parte con el dolor de constatar un escenario nacional peor al previsto; continúa con la primacía de la verdad para transparentar la situación y actuar con claridad; el tercer paso —el actual— se concentra en ordenar las finanzas y el funcionamiento del Estado para retomar la senda del crecimiento y la seguridad; y concluye en la esperanza respecto del futuro.
De hecho, los conceptos de unidad y esperanza han sido los ejes de los últimos discursos del presidente Kast. Así lo manifestó en el Te Deum Evangélico, donde llamó a salir adelante juntos y recalcó que es la patria común de todos, por encima de las diferencias.
Repitió esa idea en su cadena digital por Fiestas Patrias e incluso en su primera intervención ante el pleno de la Asamblea General de Naciones Unidas, cuando afirmó que es posible recuperar un país sin destruirlo, con votos, con acuerdos, con leyes y con resultados.
En La Moneda aseguran que ese viraje del discurso —de la crisis a la esperanza— no es un cálculo, sino que responde al desarrollo natural de la “gestión de la emergencia nacional”, que al ordenarse permite elevar las expectativas.
Aunque mejorar en las encuestas no es la prioridad del Ejecutivo, dicen mantener el optimismo, pues con la megarreforma económica, los cambios en el mercado de capitales, la agenda de seguridad y las políticas pro empleo —que serán el eje del erario 2027— la percepción ciudadana debería repuntar.




