El gobierno de José Antonio Kast pasa por un momento complejo en el Congreso Nacional: caídas en las votaciones, falta de coordinación entre ministros y legisladores, y unas declaraciones que continúan complicando al titular de Seguridad, Martín Arrau.
En ese contexto, al término de una de las semanas más difíciles para La Moneda, proliferan los análisis que buscan entender cómo, contando con uno de los Congresos más favorables para un Ejecutivo desde el retorno a la democracia, la agenda del Gobierno comenzó a desdibujarse.
Un panorama adverso para el Gobierno en el Congreso
En la oposición predomina la tesis de que esta crisis se ha ido “gestando a fuego lento”: en los últimos meses creció la frustración por ministros que no asisten a comisiones o que, cuando lo hacen, no responden lo que se les consulta, al punto de que este lunes se llevará a cabo la primera de lo que podrían ser varias interpelaciones parlamentarias.
Un factor clave es la experiencia de los llamados “cuadros”. En términos simples, los equipos de los ministerios sectoriales y de la Segpres provienen mayoritariamente del Partido Republicano o de su centro de estudios —Ideas Republicanas—, y no son pocos los jóvenes que están dando sus primeros pasos en el Parlamento.
De hecho, este lunes el Ejecutivo debió reingresar oficios para nombramientos judiciales y en el Tribunal Constitucional por problemas de forma; el martes estalló la controversia por el mal ingreso de permisos constitucionales por parte de diputados republicanos y sigue presente el caso del permiso sin firma del senador Sebastián Keitel, que terminó desfinanciando sala cuna.
Ante este panorama, el senador y jefe de bancada del Partido Socialista, Juan Luis Castro, sostiene que existe un “desorden legislativo”.
En diálogo con el Expresso Bío Bío, el parlamentario afirmó que “algo ocurre” al interior del Gobierno y que el trabajo no está “ordenado, como todos hubiésemos querido”.
Por su parte, fuentes de la Secretaría General de la Presidencia señalan que los parlamentarios tienen muy claras cuáles son sus obligaciones.
Cada semana se realiza el comité político, en el que se comunican las votaciones relevantes y se revisa qué congresistas están con permiso o licencia; un proceso que descansa en la responsabilidad de los equipos de cada legislador para gestionar esos trámites.
Así, si el martes el diputado Diego Schalper (RN) planteó que el ministro José García Ruminot no podía ser “inspector de colegio”, el jueves, la Presidenta del Senado, Paulina Nuñez (RN), sostuvo que la responsabilidad es compartida.
El traspié del ministro Arrau
En paralelo, y con distintos grados de ironía, el Parlamento reaccionó al “ataque de sinceridad” del ministro de Seguridad, Martín Arrau, quien señaló que “por mí, no iría al Congreso”.
Lo cierto es que debe asistir, porque por su pertinencia sectorial su ministerio tiene que supervisar el trámite de casi una treintena de proyectos de seguridad, aunque por decisión del Gobierno esa labor se ha distribuido entre varias carteras.
Con todo, el senador Cristian Vial (IND-REP) advirtió que las palabras de Arrau no pueden condicionar la votación de los parlamentarios en la agenda de seguridad.
En tanto, la senadora Karol Cariola (PC) abordó el sentido de oportunidad de los dichos. Con la reforma de seguridad que Arrau firmó completamente estancada y necesitando el respaldo de al menos 7 senadores opositores para la reforma migratoria, Cariola sostuvo que sus declaraciones no le ayudan.
A su vez, Martín Arrau salió a precisar sus palabras. El secretario de Estado señaló que sus comentarios se dieron en un marco de valoración de lo que hace el Congreso Nacional y que solo planteaba que la tarea operativa del Ministerio de Seguridad es gigantesca, confirmando que seguirá yendo al Congreso.
Así, la falta de experiencia de varios equipos, el exceso de confianza por el quórum base en ambas cámaras y una mirada que relega al Congreso: todo esto y más se pone en la balanza para explicar el difícil momento del Gobierno, que parece un golpe auto infligido.




