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Chile impulsa nuevas bases, cazas y refuerzos militares para aumentar su poder frente a Argentina

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Escrito por:Alberto González

Chile alista para los próximos años un despliegue que incluye nuevas bases, el recambio de sus F-5, la actualización de vehículos blindados, incorporación de drones, capacidades de guerra electrónica y un refuerzo de su presencia en la Antártica. Una hoja de ruta divulgada semanas después de las fricciones con Argentina por el Estrecho de Magallanes y mientras Buenos Aires reactiva su base naval en Ushuaia. Defensa, no obstante, enfatiza que las definiciones obedecen a una planificación de largo aliento y no a la coyuntura bilateral.

De un lado de la cordillera, Argentina retomó la construcción de una Base Naval Integrada en Ushuaia. Del otro, Chile informó la instalación de nuevas bases militares, la renovación de una porción relevante de sus capacidades aéreas y terrestres y el fortalecimiento de su presencia naval y antártica.

Las decisiones se suceden con escasa separación temporal y tras una cadena de episodios que volvió a poner el extremo austral en la agenda entre Santiago y Buenos Aires.

Desde Punta Arenas, el ministro de Defensa, Fernando Barros, quiso enfatizar desde el inicio que el plan chileno no surge de la coyuntura.

El secretario de Estado recalcó que la política de defensa no es improvisada ni responde a situaciones pasajeras, al presentar una estrategia que, dijo, está inserta en una planificación proyectada hasta 2043.

La amplitud del anuncio explica esa insistencia.

No es una adquisición aislada de equipamiento. La cartera puso al mismo tiempo en discusión el porvenir de los cazas que custodian el extremo sur, la modernización de los tanques, nuevas tecnologías para el Ejército, la apertura de bases adicionales, patrullaje marítimo de largo alcance, obras de infraestructura naval y una expansión de las capacidades hacia la Antártica.

En síntesis, Chile comenzó a perfilar cómo pretende sostener su presencia militar en el extremo austral durante las próximas décadas.

Se cierra el ciclo de los F-5

Uno de los componentes más emblemáticos del programa se ubica en la base aérea de Chabunco.

Los F-5 de la Fuerza Aérea acumulan medio siglo de operaciones y se acercan al cierre de su vida útil. Por ello, Defensa dio formalmente el puntapié inicial para su recambio.

Aún no hay un modelo seleccionado. La FACh deberá elaborar los estudios que definan qué aeronave asumirá esa capacidad estratégica por las próximas décadas, y el Gobierno asegura que el proceso considerará las opciones disponibles en el mercado.

La definición es relevante porque esos aparatos operan precisamente en la zona austral.

Sin embargo, la renovación en el ámbito aéreo es más amplia.

El reemplazo de los helicópteros Bell UH-1H —con casi 60 años en servicio— ya cuenta con aprobación y recursos. En paralelo, iniciará el proyecto para renovar la capacidad de transporte estratégico hoy a cargo de los C-130 Hércules, clave para el apoyo a las bases antárticas y la atención de emergencias.

Además, en 2027 se prevé sumar nuevas capacidades de patrullaje aéreo de largo alcance para la Armada.

Se trata del primer tramo de una modernización que también alcanzará al ámbito terrestre.

Más bases, drones y capacidades de guerra electrónica

Los Leopard 1 apostados en Magallanes también serán intervenidos.

Defensa autorizó su modernización para prolongar por algunos años su vida operativa y, en paralelo, encomendó al Ejército evaluar una renovación más profunda de sus capacidades en el sur austral.

El foco ya no se limita a blindados y potencia de fuego. El Ministerio busca incorporar lecciones de conflictos recientes mediante plataformas no tripuladas, guerra electrónica, comunicaciones seguras y nuevas herramientas de observación y respuesta.

A ello se añade una definición de mayor alcance territorial: Chile planea levantar nuevas bases militares en la zona austral.

El propósito es incrementar de forma permanente los efectivos y medios disponibles y mejorar la capacidad de respuesta en áreas hoy desatendidas.

De acuerdo con Defensa, se busca que los contingentes no roten solo por periodos acotados, sino que haya personal que resida de manera permanente en el territorio.

La premisa se repite en prácticamente todos los documentos del anuncio: para el Gobierno, la soberanía no se agota en una declaración, requiere presencia física, infraestructura y capacidad operativa.

Barros lo sintetizó así: la soberanía no solo se proclama; se ejerce.

Argentina también dirige su mirada hacia el sur

Con todo, el anuncio nacional cobra otra lectura por el momento en que se produce.

Del otro lado de la frontera, la administración de Javier Milei también empezó a accionar en el extremo austral.

En septiembre, Argentina reimpulsó el proyecto de la Base Naval Integrada de Ushuaia, concebida como plataforma logística en el Atlántico Sur y apoyo a su proyección antártica. El propio Gobierno argentino anunció mayores recursos para Defensa con el objetivo prioritario de iniciar su construcción y fortalecer capacidades de telecomunicaciones e inteligencia. Buenos Aires ha indicado que el proyecto no es de carácter bélico.

El avance, además, ocurrió prácticamente en paralelo a una controversia diplomática con nuestro país.

A inicios de septiembre, los presidentes José Antonio Kast y Javier Milei procuraron zanjar las diferencias surgidas por el Estrecho de Magallanes. Ambos gobiernos ratificaron la vigencia de los tratados de 1881 y 1984 y la soberanía chilena sobre la totalidad del paso.

Sin embargo, pocas horas más tarde, el canciller argentino Pablo Quirno describió a su país como “bicontinental, bioceánico” al explicar precisamente la construcción de la base de Ushuaia y la intención de reforzar la presencia argentina en el Atlántico Sur y su proyección antártica. Más tarde precisó que sus dichos aludían al Atlántico Sur y afirmó que Buenos Aires respetaría los tratados vigentes con Chile.

Así, pese a los esfuerzos de ambos gobiernos por descomprimir, y sin que los antecedentes revisados indiquen que el plan chileno sea una respuesta al argentino, resulta evidente que ambos países están robusteciendo, casi al mismo tiempo, su infraestructura y capacidades estratégicas en el extremo sur.

Y el foco de ambos converge en un mismo destino: la Antártica.

La otra disputa: ser la puerta de entrada a la Antártica

Para Chile, Punta Arenas se sitúa en el corazón de esa estrategia.

Defensa considera a Magallanes como el punto desde el cual el país se proyecta hacia el continente blanco, tanto por su ubicación como por la infraestructura logística que respalda operaciones nacionales y extranjeras.

Por ello, el plan prevé gestionar financiamiento para optimizar la infraestructura portuaria naval de Punta Arenas y potenciar las capacidades de la Armada en el Estrecho y los mares australes.

Más al sur se impulsará otra intervención.

La pista Teniente Marsh será intervenida con el fin de extender en torno a dos meses la temporada de vuelos hacia la Antártica. También se reforzará la infraestructura de la Base Presidente Eduardo Frei Montalva y seguirán las mejoras del muelle de Bahía Fildes.

A esto se añadirá un incremento de la vigilancia aérea y de los patrullajes en el mar.

La iniciativa argentina comparte rasgos. Buenos Aires presenta su futura base de Ushuaia como un polo logístico para el Atlántico Sur y como soporte de su proyección antártica, mientras autoridades de Tierra del Fuego han vinculado el proyecto con el fortalecimiento de la presencia argentina en la zona.

De este modo, más allá de las controversias diplomáticas, a ambos lados de la cordillera se están destinando esfuerzos para afianzar la posición logística en un ámbito que previsiblemente ganará peso estratégico en las próximas décadas.

Defensa queda al margen de los recortes

Ese despliegue demanda financiamiento, y allí asoma una de las señales políticas más nítidas emanadas desde La Moneda.

El Gobierno resolvió dejar a Defensa fuera del recorte presupuestario del 3%, argumentando que una merma adicional podía afectar capacidades directamente ligadas a la seguridad y la soberanía.

Además, según antecedentes del Ministerio, en 2026 la inversión en capacidades estratégicas será casi el doble de la registrada el año anterior.

Defensa señala que el sector arrastraba una década de restricciones, periodo en el que el aporte fiscal habría caído 12% en términos reales mientras las Fuerzas Armadas asumían nuevas tareas y diferían inversiones. Con ese argumento, el Ejecutivo justifica el cambio de rumbo.

En consecuencia, el plan trasciende una mera declaración de intenciones.

Hay iniciativas que recién inician sus estudios —como el reemplazo de los F-5 y la futura renovación de capacidades terrestres—, otras ya financiadas —como los nuevos helicópteros— y obras para las que aún deberán obtenerse recursos, entre ellas parte de la infraestructura portuaria.

La ejecución integral tomará años y probablemente cruzará más de una administración.

De hecho, esa es la premisa con la que Barros presentó la iniciativa.

“No adoptamos decisiones para los próximos meses, sino para las próximas décadas”, afirmó el ministro.

El horizonte definido por Defensa se extiende hasta 2043. Para entonces, si los proyectos avanzan como se prevé, el panorama militar del extremo sur sería muy distinto al actual: nuevos cazas en reemplazo de los veteranos F-5, capacidades terrestres renovadas, más vigilancia marítima, infraestructura antártica reforzada y una presencia militar permanente más amplia.

Todo ello mientras, a pocos kilómetros y al otro lado de la frontera, Argentina impulsa su propia apuesta austral.

En un extremo del continente donde en las últimas semanas reaparecieron nociones como soberanía, bioceanidad, Estrecho y Antártica, Chile ha comenzado a alistar las capacidades con las que busca proyectarse hacia las próximas décadas.