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Araya provoca tensiones en la oposición mientras negocia la reforma del Gobierno

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Alberto González, Gonzalo OlguínPeriodista de Prensa en BioBioChile

La negociación para destrabar la reforma constitucional de seguridad puso al senador PPD Pedro Araya en la incómoda posición de actuar como un “puente” entre el oficialismo y la oposición. Mientras Araya defiende las gestiones que ha realizado para armar una propuesta alternativa, desde el Socialismo Democrático rechazaron que tenga mandato para representarlos y exigieron que cualquier entendimiento con el Gobierno pase por una negociación formal con el sector.

La disputa dejó al descubierto una diferencia que va más allá del contenido de la reforma. Ahora la controversia también gira en torno a quién está legitimado para sentarse a negociar con el oficialismo y en representación de quién lo hace.

En las últimas semanas Araya ha trabajado junto a los senadores Arturo Squella (Republicanos) y Andrés Longton (RN) en una alternativa, en un momento en que el Gobierno busca una salida que le permita retirar su cuestionado texto original.

Sin embargo, esa capacidad de Araya para tender puentes entre sectores distintos terminó generando fricciones dentro de su propio espacio.

La presidenta del PS, Paulina Vodanovic, manifestó su molestia durante la discusión en la Comisión de Constitución, señalando que recién se enteró del texto la tarde del martes y criticando la manera en que se hicieron las conversaciones.

“Me enteré del texto ayer por la tarde, un texto en el que no participé y para el que nadie tuvo la cortesía de invitarme”, dijo.

La tensión escaló cuando Vodanovic habló de “mansplaining” tras la explicación de Squella sobre la postura que, según él, la parlamentaria habría sostenido en las tratativas.

“Eso implica que el senador interpreta y habla en mi nombre, algo que no corresponde, y eso es lo que me molesta en este tema”, afirmó.

Araya responde: acusa pelea por “protagonismo”

En lugar de retroceder, Araya defendió su rol de articulador y negó que las conversaciones se hubieran llevado a cabo a espaldas de la oposición.

“Todos los senadores estaban al tanto de este asunto; esto no se hizo a escondidas. La senadora Vodanovic conocía los temas que se discutieron previamente y los documentos que circularon; dentro del Comité del PPD comenté la discusión en la que estábamos”, aseguró.

Explicó que lo único que sus colegas no habían visto era la redacción final del texto, porque aún no estaba completada.

Además, Araya atribuyó parte de las críticas a una disputa por el liderazgo de las conversaciones.

“No voy a perder el tiempo en peleas menores ni en disputas de protagonismos sobre quién toma las decisiones. Lo esencial es lograr acuerdos en materia de seguridad”, señaló.

El senador incluso cuestionó que quienes critican hoy las negociaciones vayan finalmente a rechazar el contenido de la reforma.

“Me cuesta creer que el Socialismo Democrático, que el senador Celis, que la senadora Vodanovic o el senador Castro voten en contra de una reforma constitucional que condena al crimen organizado y que otorga más atribuciones a Gendarmería”, sostuvo.

“En esto creo que sí hay un tema de protagonismo”, añadió.

El Socialismo Democrático desconoce su representación

La reacción del Socialismo Democrático dejó en evidencia lo incómodo de la posición de Araya: puede facilitar acercamientos con el oficialismo, pero su propia coalición niega que esa interlocución comprometa sus votos.

El senador PS Juan Luis Castro afirmó que quienes participaron en la confección de la propuesta alternativa no tienen mandato del bloque.

“Los que participaron no cuentan con el respaldo del Socialismo Democrático, para decirlo con todas sus letras y con total claridad”, señaló.

Castro añadió que las “iniciativas individuales” difundidas en las últimas horas “carecen de consulta, validación y el respaldo en votos necesario para prosperar cuando se someta a votación”.

El socialista además marcó la hoja de ruta para futuras conversaciones: “Estamos disponibles para discutir todo, todos los proyectos relacionados con seguridad, pero existe una mesa para hacerlo de manera transparente y clara, con el Socialismo Democrático, no con personas”.

El senador Ricardo Celis reforzó esa línea con una contundente frase que apuntó al núcleo de la disputa.

“No aceptamos que alguien nos represente sin consultarnos”, sostuvo.

Según Celis, cualquier negociación tiene que realizarse de manera formal con las bancadas y los comités. “Si el Gobierno quiere conversar con nosotros sobre el proyecto de seguridad, que lo haga de forma amplia y por la vía correspondiente (…) y no de modo personal”, agregó.

Las opciones que se barajan contra Araya

La molestia no se ha limitado a declaraciones públicas: en reuniones privadas del sector han analizado distintos escenarios sobre el futuro político de Araya.

Entre las medidas que se han considerado figura sacarlo del comité PS-PPD e incluso retirarle el espacio que hoy le permite presidir la Comisión de Constitución del Senado.

Por el momento ninguna de esas alternativas se ha concretado. Las tensiones han motivado una evaluación más cautelosa sobre el costo político de tomar medidas drásticas, sobre todo porque una ofensiva contra Araya podría poner en evidencia las divisiones internas de la oposición justo cuando el Gobierno enfrenta un escenario complejo en el Congreso.

Además existe un cálculo de futuro. El voto de Araya será clave para que la oposición pueda reafirmar el próximo año el control de la Comisión de Constitución, cuando toque renovar la presidencia y Paulina Vodanovic aspire a liderarla.

Por eso el disgusto convive, por ahora, con la prudencia. Castigar a Araya podría satisfacer a quienes critican su actuación en las negociaciones, pero también desajustar los equilibrios que el sector necesitará más adelante.

El costo de ser el “puente”

La controversia vuelve además a tensar la relación de Araya con el PPD.

Consultado sobre si el incidente reactivaría sus diferencias internas, el senador dijo sentirse cómodo en la colectividad, aunque dejó abierta la posibilidad de revisar su continuidad.

“Si existe un partido que no comprende que el principal problema de Chile es la seguridad y que hay que construir acuerdos para buscar soluciones, será difícil que podamos seguir en el PPD”, advirtió.

El episodio deja a Araya en una paradoja: su voluntad de negociar de manera transversal lo convirtió en interlocutor para intentar una salida al conflicto por la reforma, pero esa misma interlocución tensó su vínculo con su propio sector.

Ese es el precio de ser el “puente incómodo” en esta negociación. Mientras Araya insiste en que continuará buscando consensos en seguridad, el Socialismo Democrático trata de dejar claro que hablar con él no equivale a pactar con el bloque.

No obstante, excluirlo tampoco sería una decisión exenta de consecuencias: quienes hoy cuestionan su independencia negociadora podrían requerir mañana su voto para sostener espacios de poder de la oposición en el Senado.

Así, la disputa ya no se limita a cuál será la reforma que reemplazará el proyecto del Gobierno. También se abrió una pelea por quién tiene la llave para negociar con La Moneda y hasta qué punto la oposición está dispuesta a tensar sus propias filas para recuperarlas.