El papa León XIV habló sobre el avance de la ultraderecha en Alemania y comentó que con frecuencia mezcla sus planteamientos con una suerte de religiosidad que no constituye una manifestación auténtica del cristianismo, durante la conferencia de prensa en el avión de regreso de su viaje a Francia.
El sumo pontífice instó a comprender que los valores del Evangelio no se basan en el odio ni en la división, sino en la comprensión, la compasión y el acompañamiento.
«Espero sinceramente —y confío en que la Iglesia también pueda ser parte de ello— que encontremos maneras de, por así decirlo, llegar a una mayoría de personas de buena voluntad que aprecien lo importante que es que su compromiso, incluso al participar en procesos políticos, les permita tomar decisiones claras en favor del bien común y no de ideas extremistas que quizá causen mucho más daño del que somos conscientes ahora mismo», afirmó.
Añadió además que lo que proclama la iglesia es «la vida y no la destrucción, la división y el odio».
La Iglesia continuará haciendo oír su voz
Ante otra de las preguntas de los medios, entre ellos EFE, el papa aseguró que «la iglesia tiene la responsabilidad de promover esos valores invitando de forma continua a líderes, como los de Rusia, Ucrania y otros países, a sentarse a dialogar y buscar cómo resolver los problemas sin prolongar guerras que ya no tienen sentido».
«La Iglesia seguirá alzando la voz; no podemos obligar a nadie (a sentarse a dialogar). A veces parece que puede ser inútil, pero vamos a seguir hablando, vamos a seguir invitando, vamos a seguir proclamando el Evangelio», dijo.
Manifestó su preocupación porque entre algunos dirigentes «vuelve a hablarse de armas nucleares y de guerras que son cada vez más y más destructivas».
Reprobó que cada vez se destinen más recursos «a esa tremenda industria» y señaló que solo unos pocos se están enriqueciendo enormemente con una industria que promueve la guerra, cuando con esos miles de millones de euros o dólares podrían solucionarse problemas como el hambre en el mundo, la vivienda o el desempleo, entre otros.
Censuró «la violencia de esas potencias que buscan imponer su poder en vez de dialogar y promover negociaciones» y afirmó que así «vamos siempre más y más cerca de una guerra, o de varias guerras como las que encontramos hoy en el mundo».
La Iglesia, dijo, «trata de promover los valores de la dignidad humana, la importancia de la vida y la posibilidad de quizás gastar más en salud y educación y menos en las armas».




