Los científicos lo habían señalado con años de antelación: no era apropiado edificar en la franja costera de La Guaira, en Venezuela. El terreno presentaba mala calidad, se encontraba junto a una falla geológica activa y tenía antecedentes de deslizamientos e inundaciones.
No obstante, el gobierno venezolano desoyó ese aviso y, en 2011, construyó allí decenas de torres de departamentos de hormigón. Ese fallo cometido hace 15 años, según una indagación de Associated Press (AP), ayuda a explicar por qué más de 6.500 personas perdieron la vida cuando dos potentes terremotos sacudieron la zona el 24 de junio de este año.
Un mínimo de 14 torres se vinieron abajo casi al mismo tiempo, piso tras piso, mientras estallaban tanques de gas. Imágenes de seguridad tomadas cerca de una bolera en Caraballeda registraron el derrumbe de ocho inmuebles en menos de un segundo.
Un área señalada por el riesgo mucho antes de las obras
La Guaira, próxima a Caracas, ya había sufrido un terremoto en 1967 y fue arrasada por inundaciones y aludes en 1999 que causaron decenas de miles de muertes. Tras esa última catástrofe, el entonces presidente Hugo Chávez encargó al ingeniero Carlos Genatios diseñar un plan de reconstrucción que incluía restricciones en el uso del suelo costero.
Genatios dijo a AP que esas áreas debían destinarse a “construcciones muy ligeras, parques, canchas o instalaciones similares que no provoquen daños severos y, sobre todo, que no causen víctimas mortales”.
La razón era clara: el terreno estaba compuesto por sedimentos sueltos acumulados durante siglos por inundaciones, lo que amplifica las oscilaciones sísmicas como si el subsuelo fuera gelatina en lugar de roca sólida.
A pesar de esas indicaciones, el gobierno de Chávez levantó 43 torres en el estado de La Guaira, la mayoría de entre 10 y 20 pisos, en el marco del programa “Gran Misión Vivienda Venezuela”.
Estructuras que pueden fracasar ante un sismo
Los edificios altos como los erigidos en Caraballeda pueden entrar en resonancia: un fenómeno por el cual la construcción oscila a la misma frecuencia que las ondas sísmicas, provocando movimientos más intensos y prolongados que aumentan la carga sobre las columnas hasta el colapso.
No está claro si los contratistas respetaron las normas de diseño antisísmico o si se realizaron estudios geotécnicos antes de levantar las torres, ya que el gobierno nunca publicó esos documentos.
El gobierno guarda silencio y los especialistas temen una repetición
Francisco “Farruco” Sesto, que dirigió la oficina de vivienda en la época de Chávez, no respondió a la solicitud de entrevista de AP. Días después del sismo afirmó sin aportar pruebas que los terrenos habían sido analizados y atribuyó la responsabilidad al sector privado, tildando las críticas de “campaña insidiosa y maliciosa”.
En los escombros se encontró poliestireno expandido, lo que reforzó las denuncias de habitantes sobre el uso de materiales económicos para abaratar costos, en medio de esquemas de corrupción ya documentados entre funcionarios y empresas constructoras.
Mientras las torres de Caraballeda se venían abajo, edificios al otro lado de la cordillera, en Caracas —con suelos que amplifican de manera similar—, aguantaron el mismo terremoto porque su diseño les permitió oscilar y disipar la energía sísmica en lugar de quebrarse de forma abrupta.
El gobierno, ahora encabezado por Delcy Rodríguez, ha ofrecido escasas explicaciones sobre las causas del derrumbe y ya anunció nuevos terrenos para la reconstrucción. Los expertos consultados esperan que en esta ocasión no se repitan los errores cometidos hace 15 años.
¿Cómo elaboramos esta nota?
Este artículo fue redactado con la ayuda de la inteligencia artificial de Claude (Anthropic). El periodista llevó a cabo una investigación preliminar, seleccionó las fuentes y suministró ese material a Claude para la redacción siguiendo el estilo del autor. Luego el periodista revisó el texto, hizo ajustes y verificó las fuentes.




