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Ejecuciones de traficantes desatan lucha por el control del sur de Santiago

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Escrito por:Felipe Díaz Montero

Los homicidios de dos jefes del narcotráfico, perpetrados con poco más de medio año de diferencia, junto al reciente asesinato de un carabinero en Lo Espejo, volvieron a sacar a la luz una sangrienta disputa entre bandas que pugnan por el dominio del extremo sur de la región Metropolitana. Es una área de la capital con una larga trayectoria de crimen organizado, en la que ahora abundan sicarios extranjeros contratados que no dudan en disparar cuando tienen a su víctima delante.

El primero en ser ejecutado fue Robert Soto Guerra (35), cabecilla de Los Pájaros. Un experimentado dealer con base en La Legua, cuyo homicidio desestabilizó un equilibrio que venía tensionándose hace años. Por el grado de cercanía y respeto que existía entre ellos, al funeral asistió Héctor “El Poroto” Cárdenas Venegas (45), narcotraficante de la población José María Caro en Lo Espejo, quien —coincidencia o no— el 22 de septiembre pasado terminó sufriendo el mismo destino que su colega.

A diferencia de épocas anteriores, la manera de eliminar adversarios y abrirse paso cambió: hoy en día los encargados del trabajo sucio suelen ser asesinos extranjeros contratados por honorarios. Se sospecha que uno de ellos estuvo involucrado en el homicidio de Cristopher Aguilera Fernández, cabo segundo de Carabineros, abatido durante una fiscalización el fin de semana pasado, al recibir un disparo directo en la cabeza.

“En la zona sur esto es histórico. Es como una zona geográfica de asiento permanente, un enclave, de criminales”, comenta fuera de cámara un exfiscal de la vieja escuela que conoce al detalle el bajo mundo de la capital.

El ascenso de Los Pájaros

Hasta el 19 de marzo de 2026, la influencia en el sector sur de Santiago la ejercía de manera notable, aunque no exclusiva, Robert Soto Guerra. En términos simples, era el narco que estaba imponiéndose. El Pájaro comandaba una de las agrupaciones con mayor presencia en La Legua y disputaba terreno a César Liberona Miranda, conocido como El Cojo César, otro rostro con arraigo en el tráfico de drogas de esa área.

—Robert comenzó a ganar mucho poder, empezó a crecer —relata, fuera de micrófono, una fuente policial que ha seguido de cerca las indagatorias en el sector.

En parte, su consolidación se explica porque otros cabecillas, como los de Los Marchant y el propio Cojo César, estaban, al menos sobre el papel, fuera de circulación. La primera organización, con un bastión en José María Caro, fue desarticulada en 2022, mientras que Liberona fue detenido en 2024.

La versión que toma fuerza entre los investigadores es que fue este último quien, aún desde prisión, ordenó detener su avance antes de que siguiera ganando terreno. Posteriormente habría hecho algo similar con El Poroto.

Con el fútbol como fachada

Fuentes policiales consultadas por esta Unidad de Investigación señalan que la relación entre los involucrados no siempre fue de enfrentamiento abierto. Indican que El Pájaro y El Cojo César incluso mantuvieron cierta cercanía en algún momento, y que El Poroto era amigo de ambos. Un nexo que reforzó la relación entre Pájaro y Poroto fue el fútbol amateur: El Poroto actuaba como director técnico del Juventud Polonia, equipo de la José María Caro que hasta 2018 se llamó Juventud Varsovia. Ese plantel llegó a participar en la Copa Chile de 2010, donde perdió con Audax Italiano por 13 a 0.

Además, ambos quedaron vinculados a la misma cadena de suministro de estupefacientes, asociada al club Betis de Cerrillos, otro equipo barrial que habría servido como pantalla para esconder el tráfico. Una investigación de la PDI en 2025 terminó con ocho detenidos, entre ellos el exfutbolista profesional Cristopher Veas, alias El Lory.

Según la información recabada en esa pesquisa, la organización movía cargamentos relevantes desde el norte del país hasta Santiago y mantenía lazos directos con grupos asentados en el sur de la ciudad. Entre esos grupos estaban precisamente las organizaciones que lideraban los narcos asesinados este año.

Fue por esa ruta que los investigadores terminaron enfocándose tanto en Robert Soto como en Héctor Cárdenas.

—Los del Betis conocían a Robert, que tenía el equipo Legua Junior, y conocían también al Poroto con el equipo del Varsovia —comenta uno de los policías que participó en las pesquisas.

El prefecto Eduardo Gatica, jefe de la Brigada Antinarcóticos Metropolitana, ratifica esa conexión:

—Estas investigaciones tienen un factor común, que es el haber nacido de una investigación inicial que fue la Operación Betis. Una investigación desarrollada en 2025 que logró desarticular una importante organización criminal que traía grandes cargamentos de droga desde Bolivia, la cual luego era distribuida en la zona sur de Santiago y donde luego existía un blanqueamiento de los ingresos a través de empresas de fachada.

Según el oficial, uno de los compradores principales, que luego vendía la droga en poblaciones del sur a través de sus puntos de venta, era El Poroto.

Seguimientos policiales a “El Poroto”

Otra fuente lo ilustra de esta manera:

—Los del Betis suministraban cocaína y pasta base a ambas estructuras con cargamentos que podían alcanzar hasta los 700 kilos. En ocasiones, cerca de la mitad de la mercancía enviada a la región Metropolitana iba al grupo del Poroto y la otra parte quedaba para Los Pájaros.

Otra hipótesis

Al Pájaro lo acribillaron la madrugada del jueves 19 de marzo de este año en La Legua. Iba en su vehículo acompañado por su sobrino, Diego Soto (25), cuando sujetos desconocidos los atacaron. Ambos fueron trasladados de urgencia al Hospital Barros Luco pero fallecieron en el trayecto.

Seis meses después le tocó a El Poroto. Sufrió un ataque similar: llegaba a su domicilio en un automóvil y, en la intersección de los pasajes 21 Sur con 6 Poniente de Lo Espejo, fue sorprendido por desconocidos que le dispararon repetidamente sin mediar palabra.

Hasta ahora no hay arrestos por ninguno de los dos crímenes. Sin embargo, mientras algunas fuentes señalan al Cojo César y su entorno, otros conocedores del tráfico en el sur de la capital apuntan hacia otro clan conocido: Los Marchant, cuya posible implicación en la muerte de El Pájaro y/o El Poroto también se baraja como hipótesis.

Aunque varios de sus miembros llevan años en la cárcel, los consultados por esta Unidad de Investigación ponen la mira en Antonella Marchant, la cabecilla del clan familiar dedicado al narcotráfico cuyo epicentro estuvo precisamente en Lo Espejo, la misma comuna donde El Poroto, tras la muerte de El Pájaro, se preparaba para consolidarse como líder indiscutido.

Contrato criminal

Las sospechas también señalan el uso de sicarios extranjeros para ejecutar los asesinatos. Una suerte de mercenarios contratados para la pelea territorial. Quienes conocen el fenómeno los describen como combatientes menos temerosos que los nacionales, a quienes se les ofrecen auténticos contratos delictivos.

—Les dan una pistola, un teléfono, les pagan día a día. A algunos les fijan un sueldo y hasta les organizan turnos —explica uno de los investigadores consultados.

Se presume que uno de esos operarios del emergente narco estuvo detrás del homicidio de Cristopher Aguilera Fernández, cabo segundo de Carabineros, quien falleció por un disparo en la cabeza el pasado domingo.

Su homicidio ocurrió a pocas cuadras y cinco días después del asesinato del Poroto. Todo ocurrió en medio de un recrudecimiento de los controles en la zona por los efectos de la guerra entre bandas que sacude la capital. Su agresor fue Brayan Farías Díaz, un ciudadano venezolano de 29 años en situación migratoria irregular, quien fue abatido en el lugar.

Portaba una Beretta, con cargador ampliado, que habría sido usada en otros dos homicidios y cinco ataques a policías, informó BioBioChile.

La narco-resiliencia

Un exfiscal con amplia trayectoria en la investigación del narcotráfico y el crimen organizado en el sur de la región Metropolitana —hoy abogado en el ámbito privado— describe la violencia ligada al narcotráfico como un fenómeno que supera con creces los episodios recientes.

—En la zona sur esto es histórico —asegura—. Es como un asentamiento permanente, un enclave de criminales por décadas.

En su opinión, una característica relevante es la perduración de los clanes familiares.

—Eso provoca que cuando cae un capo narco, el negocio pasa a manos de uno de sus hermanos, hijos u otros miembros del mismo círculo.

El exfiscal recuerda, por ejemplo, que figuras como la del Cojo César han aparecido en pesquisas criminales durante más de veinte años.

—Yo lo vengo escuchando desde 2005 —afirma.

Según su análisis, la experiencia acumulada por esos grupos, el control de ciertos barrios y el acceso a armamento les permiten resistir numerosos golpes policiales. Para él, la estrategia que mejores resultados dio durante su paso por el Ministerio Público fue primero identificar a quienes concentraban el poder y luego ir desmantelando la estructura desde ahí.

“Cuando el Estado retrocede”

La alcaldesa de Lo Espejo, Javiera Reyes Jara, ha recibido amenazas de muerte de parte de los grupos narco que operan en la comuna. El Poroto incluso llegó a poner precio a su cabeza. En diálogo con Bío Bío Investiga plantea que detrás de estos hechos existe un problema que supera las capacidades municipales.

Según su visión, el crimen organizado halla mayor espacio para consolidarse en comunas que arrastran años de abandono y donde la presencia del Estado es más débil.

—Cuando el Estado retrocede o llega con menos fuerza a las poblaciones, ese espacio puede ser ocupado por otros actores, entre ellos el narcotráfico —opina.

Sobre las posibles disputas entre bandas, Reyes se muestra cauta. Señala que corresponde a la fiscalía y a las policías determinar si los últimos homicidios están vinculados entre sí y qué organizaciones están detrás. Desde la municipalidad, asegura, están disponibles para aportar los antecedentes que se les soliciten.

La alcaldesa también detalló parte de las acciones emprendidas en los últimos años. En 2023, por ejemplo, el municipio creó la Dirección de Seguridad Pública y Humana. A ello se sumó el derribo del primer mausoleo narco del país (perteneciente a un integrante de Los Marchant), en cuyo lugar se construyó una plaza con juegos infantiles.

Durante 2025, añade, se retiraron más de 130 cámaras instaladas de forma irregular y utilizadas por organizaciones delictivas. También se han llevado a cabo operativos junto a las policías, retiro de mausoleos y otras estructuras vinculadas al narcotráfico, además de intervenciones en plazas, luminarias y espacios públicos.

Para Reyes, ese trabajo forma parte de la disputa por los barrios.

—Recuperar una plaza, mejorar la iluminación o transformar un espacio abandonado es una manera concreta de disputar territorio al crimen organizado —asegura.

Pero, advierte, ese esfuerzo tiene límites:

—No podemos enfrentar este fenómeno únicamente con acciones reactivas cada vez que ocurre un homicidio o un hecho de alta connotación pública.

En ese sentido, la alcaldesa pidió una mayor presencia del Estado. Concretamente, más policías, refuerzo en la capacidad investigativa para seguir la ruta del patrimonio, un plan de desarme en las poblaciones y recursos permanentes para intervenciones sociales y urbanas.

También cuestionó la falta de financiamiento. Según afirma, este año Lo Espejo no ha recibido fondos del Ministerio del Interior para este tipo de intervenciones.

—Enfrentar al crimen organizado requiere mucho más que reaccionar frente a la contingencia —sentencia.