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Falso mensaje, eliminaciones y un interrogatorio que lo delató: así fue capturado el femicida de Javiera Jiménez

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Escrito por:Sandra Martínez Tapia

“Mamita, perdóname estoy bien no sabes por que estoy pasando, atropellé a un hombre, …Andrés hizo lo que nadie más haría por mí… no quiso que me entregue y eso fue lo más feo que el fue a enterrar al que atropellé… juró no decirle nada a nadie… Saluda a mi abuela, a la xixi, a mi hermano. No me busques y borren este mensaje (sic)”.

En la madrugada del 28 de agosto de 2022, Andrés Sutar Araya envió ese mensaje al teléfono de la madre de Javiera Jiménez. Había adquirido una tarjeta SIM exclusivamente para remitir ese texto, con la intención de suplantarla y simular que su desaparición no había sido ocasionada por él.

La madre, que no tenía noticias de su hija desde hacía dos días, lo leyó, le tomó una fotografía con otro celular y luego borró el mensaje. Al principio creyó que provenía de Javiera o quiso creerlo, pero con el paso de los días notó giros y formas de escribir que su hija nunca empleaba.

Todo el entorno sabía que Andrés había sido la última persona que vio a Javiera con vida, aunque siempre ofrecía explicaciones distintas cuando le preguntaban: que ella se había ido a operarse, que había atropellado a alguien y huido, o que la había dejado en una rotonda sin saber más.

Al ser detenido en Bolivia, las evidencias lo acorralaron. En su vehículo había restos de sangre de Javiera por múltiples sectores.

El tribunal le impuso la pena de presidio perpetuo calificado y lo absolvió de dos cargos: porte ilegal de arma de fuego e inhumación ilegal.

Engaños

Así es, en síntesis, la versión que entregó Andrés Sutar.

Relató que conoció a Javiera en 2022 y que, tras varios viajes, iniciaron una relación sentimental. Señaló que pernoctaban juntos en departamentos y hoteles de Antofagasta y que él financiaba sus gastos, incluso un negocio de reventa de ropa que ella administraba. Aun viviendo en el mismo lugar, recalcó que no convivían “como pololos”.

—Indicó episodios de conflicto en la pareja, entre ellos un viaje a Iquique en que la víctima habría tenido una crisis que calificó de “show” —se recoge en los documentos a los que accedió Bío Bío Investiga.

Manifestó además que lo vincularon con un homicidio y que, por ello, recibió amenazas y hasta disparos contra su vivienda, motivo por el cual decidió trasladarse a Calama.

Desde Calama relató que la noche del 26 de agosto de 2022 fue a buscar a Javiera, quien estaba en Antofagasta en la casa de una amiga. Dijo que llegó a las 03:36 horas y que al instante comenzaron agresiones mutuas: ella le reprochaba su demora y él respondía.

Afirmó que la víctima llevaba una cartera en cuyo interior había un arma de fuego que le pertenecía, aunque insistió en que no era él quien la portaba esa noche; narró que, al llegar al sector del Trocadero, ella la sacó, que él la sujetó en un forcejeo, retiró el cargador y comprobó que no había proyectil listo para disparar.

Tras ello, mientras él conducía, aseguró que ella se lanzó desde el vehículo en movimiento y que no alcanzó a frenar. Al regresar la vio tendida entre la berma y el pavimento y la subió nuevamente al asiento del copiloto.

Volvió a la casa a buscar una maleta, escribió el mensaje a la madre de Javiera y regresó a la Ruta B-400, donde dijo que enterró y quemó el cuerpo.

Al ser consultado por qué no la trasladó a un hospital, respondió que actuó por miedo.

Sin embargo, esa versión resultó ser falsa, o al menos en gran parte inexacta.

Antecedentes de violencia

Desde la familia de Javiera relataron que la relación estuvo marcada por violencia física y psicológica, con celos patológicos, conductas de control y un progresivo aislamiento de su círculo cercano.

Su madre, Gladys, la vio por última vez la noche del 25 de agosto, un día antes de que desapareciera. Compartieron la cena y Gladys le preguntó si todo estaba bien con Andrés, pues le inquietaban rumores sobre su posible implicación en un homicidio. Javiera restó importancia y prácticamente defendió a Andrés, considerándolo “un hombre intachable”.

Esa misma noche hablaron hasta la medianoche por teléfono. Al día siguiente, ante la falta de respuesta a sus mensajes, la madre se alarmó y fue a la casa donde vivían. Allí encontró chalecos antibalas y municiones sobre la cama, además de orificios de bala en las paredes, pero no halló rastro alguno de su hija.

Dos días después recibió un mensaje y luego una videollamada de Andrés; notó que tenía un ojo morado y cuando preguntó por Javiera él dijo que ella había tomado pastillas, que se había ido con dinero, que viajó para operarse y hasta que planeaba un viaje a Talca con amigas.

La amiga más cercana de Javiera, que estaba en la casa cuando Andrés llegó en la madrugada a buscarla, declaró que ese mismo día Javiera le había dicho a Andrés que no quería seguir con la relación.

A las dos horas Andrés llegó golpeando desesperado la puerta; Javiera salió discutiendo y terminó subiendo a la camioneta de él.

Los últimos mensajes vinculados a Javiera se enviaron entre las 06:51 y las 07:18 horas. Cuando la llamaron de vuelta, el teléfono estaba apagado. Esos mensajes también habían sido remitidos por Andrés.

En su declaración agregó un dato relevante: la cartera que llevaba Javiera medía como máximo 20×20 centímetros y era una Michael Kors, por lo que, según él, era imposible que en su interior cupiera una pistola.

Rastro de sangre en la camioneta

Otro antecedente incluido en la carpeta es el testimonio de un testigo protegido, quien relató que un domingo alrededor de las 20:30 horas Andrés llegó a su domicilio y le pidió con urgencia que limpiara su camioneta porque la vendería al día siguiente.

—Describió manchas de sangre en el sector del conductor —volante, zona de la llave y palanca de cambios. El acusado atribuyó a las heridas de sus propias manos; y, con mayor abundancia, en el sector del copiloto: el asiento, la alfombra, la consola central, pequeñas salpicaduras puntiformes en el parabrisas y en el vidrio de la puerta del copiloto— describen los documentos.

Andrés preguntó si tenían una luz ultravioleta para comprobar que no quedaran rastros y justificó la mancha en la alfombra diciendo que un amigo se había disparado en la pierna.

Tardaron cinco horas en limpiar todo. A simple vista la camioneta parecía en buen estado, pero había un objeto cuya mancha no pudieron eliminar: el cinturón de seguridad del asiento del copiloto.

Evidencia en su contra

El comisario que realizó la primera entrevista a Andrés lo interrogó el 2 de septiembre de 2022. En ese momento él no aparecía como imputado ni sospechoso; estaba citado por una investigación por presunta desgracia. Fue, sin embargo, su propia conducta la que terminó por cambiar el curso de la indagatoria.

Durante la entrevista, el acusado comenzó a manipular su teléfono y a borrar contenidos, además de negarse a entregar el dispositivo, lo que motivó que se solicitara de inmediato una orden de detención en su contra.

Se constató que tenía fotos borradas en las que aparecía con armas de fuego y con chaleco antibalas en el desierto.

Diez días después inspeccionaron su camioneta y, aunque las manchas no eran evidentes a simple vista, mediante una revelación con bioluminiscencia azul intenso determinaron que el vehículo estaba impregnado de sangre humana. Además, se detectó que el cinturón de seguridad del copiloto estaba cortado.

Otro peritaje analizó el tráfico de llamadas: entre las 05:13 y las 06:16 horas se perdió la señal tanto de Andrés como de Javiera, momento en que ingresaron a una quebrada sin cobertura. Ese mismo lugar fue donde, el 12 de enero de 2024 —504 días después de su desaparición— aparecieron sus restos, junto a grandes piedras y evidencias de que habían sido quemados.

Cadena perpetua

El Ministerio Público concluyó que no era consistente que Javiera se hubiera caído o arrojado desde el vehículo en movimiento, dado que las marcas halladas en el automóvil no se correspondían con esa hipótesis; la explicación más lógica fue la de un disparo. El perito también descartó que un golpe de puño hubiese provocado las lesiones observadas.

El tribunal, además, estableció que la lesión se produjo en el interior de la camioneta, en el asiento del copiloto.

Aunque la querella le imputó los delitos de porte ilegal de armas e inhumación ilegal, el tribunal los desestimó: el primero porque no se pudo acreditar el origen del arma ni su autorización, y el segundo porque los actos de enterrar y quemar el cuerpo no fueron acogidos como fundamento de agravante.

El Tribunal de Juicio Oral en lo Penal lo encontró culpable del delito de femicidio y le impuso la pena de presidio perpetuo calificado.