Opinión

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Lo que aprendimos sobre el futuro de la IA en el World Summit AI de Ámsterdam

foto Gabriela Tenorio
Escrito por:Gabriela TenorioPeriodista Canal 9
foto Rodrigo Moraga Guerrero
La información es de:Rodrigo Moraga GuerreroMiembro del Directorio del Instituto Transpacífico de Inteligencia Artificial y Deep Tech.iD.

COLUMNA DE OPINIÓN

Nuestra sección de OPINIÓN es un espacio abierto, por lo que el contenido vertido en esta columna es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Canal 9.

Durante cinco días, la semana pasada se juntaron en Ámsterdam investigadores, fabricantes de chips, reguladores, médicos, periodistas y emprendedores para hablar de inteligencia artificial. Los temas fueron variados: desde robots humanoides hasta cookies y nuevos medicamentos, pero casi todas las conversaciones sobre IA volvían, de una u otra forma, a tres preguntas sencillas: «¿Qué está en juego? ¿Quién decide? ¿Quién paga?»

Hoy ya nadie discute si la IA va a cambiar nuestras vidas. Lo que se discute es quién la controla, con qué reglas y para qué.

Estas son las ideas principales.

La IA dejó de conversar y empezó a actuar

El chat fue la puerta de entrada de la IA, pero la frontera ya está en otra parte: en agentes que hacen tareas por sí solos, en una IA que ayuda a diseñar nuevos chips y nuevos modelos, y en robots que aprenden del mundo físico.

Un investigador de NVIDIA lo resumió con un ejemplo: un trabajo que antes tomaba un año ahora se hace en una semana… aunque después hay que destinar dos meses a verificar que el resultado sea correcto. La IA acelera mucho, pero comprobar se volvió el nuevo cuello de botella, y para eso todavía se necesitan especialistas.

Los números lo respaldan: según el informe internacional sobre seguridad de la IA de 2026, el largo de las tareas que un agente puede completar se duplica aproximadamente cada siete meses. En robótica, los expertos hablan de un cambio importante en tres a cinco años, con China avanzando muy rápido.

La IA es energía, y la soberanía es control

Detrás de cada respuesta de un chatbot hay chips, centros de datos y mucha electricidad. Según la Agencia Internacional de Energía, el consumo de los centros de datos se duplicará de aquí a 2030 y llegará a niveles parecidos al de todo Japón. Por eso ya hay comunidades que se oponen a nuevos centros de datos.

También se habló mucho de IA soberana, y quedó una idea muy clara: tener los datos guardados en tu país no es lo mismo que controlarlos. La soberanía real consiste en poder operar, auditar y proteger tus propios sistemas sin depender de otros. De fondo está la competencia entre Estados Unidos y China, y una Europa que no quiere quedar a merced de ninguno de los dos.

Cuando «la IA se escapa», en realidad fallaron los controles

En algunos incidentes se dijo que la IA «se había escapado». Los expositores fueron directos: lo que pasó es que faltaron pruebas, controles y tiempo. Los aviones vuelan con miles de chips, pero en la cabina sigue habiendo un piloto. La seguridad tiene que estar en el diseño desde el principio, no agregarse al final.

Y no es un tema menor: los incidentes de IA documentados aumentaron de 233 a 362 entre 2024 y 2025. Uno de los argumentos que más convenció fue el de la capa de ozono. Los gases de los refrigeradores la estaban dañando; se reguló, la industria inventó refrigeradores mejores y hoy la capa se está recuperando. Regular bien puede impulsar una IA mejor, no frenarla. Audrey Tang, embajadora digital de Taiwán, agregó la mirada ciudadana: el poder sobre la IA debe estar en las personas, y cada comunidad debería poder definir sus propias reglas de convivencia con ella.

Privacidad: ya no sabemos a qué decimos que sí

Aceptamos cookies y términos de uso sin saber realmente qué entregamos, y esos datos terminan entrenando modelos de los que después es muy difícil sacarlos. La propuesta es un consentimiento verdaderamente informado y con plazo, no para siempre, junto con una responsabilidad por diseño: que proteger la privacidad sea lo normal y no la excepción. Se recordó que los datos de salud son los más delicados de todos. Hubo también una advertencia sobre los chatbots hechos para dejarnos contentos. Si un sistema siempre nos da la razón, conviene desconfiar.

El trabajo cambia primero para los más jóvenes

La señal más concreta: se están contratando menos recién egresados. Un estudio de Stanford encontró que el empleo de los jóvenes de 22 a 25 años en los trabajos más expuestos a la IA cayó alrededor de un 13%. Una frase lo resume bien: la IA reemplaza procesos; la robótica reemplaza funciones.

El Foro Económico Mundial calcula que hacia 2030 se crearán 170 millones de empleos y se perderán 92 millones; el saldo es positivo, pero la transición será dura para muchos. Hay otro riesgo, más silencioso: delegar tanto que dejemos de pensar. En un estudio, médicos que usaron IA durante meses detectaban menos tumores cuando trabajaban sin ella.

Donde la IA más ilusiona: la salud y la ciencia

Aquí el optimismo fue evidente. Hoy, de cada 100 medicamentos que llegan a ensayos clínicos, menos de 10 terminan aprobados, y cada uno cuesta más de mil millones de dólares. La IA ayuda a elegir la proteína correcta, a diseñar la molécula, a encontrar al paciente adecuado para cada ensayo y a leer imágenes médicas con más detalle.

En los medios de comunicación pasa algo parecido: más de la mitad de los periodistas ve oportunidades en la IA para investigar y verificar mejor, siempre con una regla de oro: nunca usarla para inventar hechos.La próxima frontera no es la inteligencia, es la sabiduría

La inteligencia humana nació de la necesidad de sobrevivir y cooperar. Por eso se dijo que la verdadera «superinteligencia» ya existe: es la que surge cuando las personas se comunican y colaboran. La IA, en cambio, refleja lo que escribió la mayoría y no tiene más propósito que el que le damos.

Chile ante la encrucijada

Para Chile y América Latina, la tarea es doble: cooperar entre países para no ser solo consumidores de tecnología extrajera o de grandes transnacionales, y gobernar la IA con seriedad dentro de cada organización, sobre todo en la salud, donde la nueva ley de datos personales sube el estándar a partir de diciembre. Como se escuchó en Ámsterdam: ¿quién debe tener el poder de la IA? La respuesta es: las personas.

En Ámsterdam ya nadie discutía si la IA cambiará nuestras vidas, sino quién la controla, con qué reglas y para qué. La IA acelera, pero verificar sigue siendo tarea humana; tener los datos en casa no es lo mismo que controlarlos; los riesgos vienen de controles insuficientes y, por eso, se pueden evitar; y regular bien puede impulsar la innovación, no frenarla.

Aplicados estos principios a Chile, se puede pensar en que podemos ganar una salud más cercana y con menos listas de espera, aportes en la ciencia y nuevos medicamentos, un Estado que atienda mejor, pymes más productivas, educación personalizada y liderazgo latinoamericano.

Debemos cuidar que nadie quede afectado por una decisión automática sin un responsable. Tenemos que resguardarnos frente a los problemas como la afectación al primer empleo de los jóvenes, nuestra capacidad de pensar sin la máquina, la privacidad, la democracia frente a los engaños sintéticos, y el agua y la energía que consumen los centros de datos.La respuesta y preparación de Chile frente a los desafíos de la IA puede resumirse en diez acciones:

1. Una ley de IA que impulse y proteja, con derechos mínimos: saber cuándo se trata con una IA y pedir revisión humana.

2. Un fiscalizador que funcione desde el primer día de la ley de datos personales.

3. El Estado como ejemplo: registro público de algoritmos y una persona responsable de cada decisión.

4. Transición laboral justa, con prioridad para los jóvenes y formación antes de perder el empleo.

5. Educar para pensar con la IA y también sin ella en el colegio y durante toda la vida.

6. Soberanía real: inversión en cómputo, talento y cooperación con América Latina.

7. Centros de datos con regulación para el agua, la energía y las comunidades vecinas.

8. La salud como gran oportunidad, siempre con juicio clínico humano y datos protegidos.

9. Proteger la democracia, a los niños y la mente frente a la manipulación.

10. Que cada uno haga su parte: empresas, sindicatos, universidades, colegios, familias, iglesias y municipios.


Se trata, en definitiva, de que ninguna persona en Chile sea tratada como un dato, reemplazada sin protección, manipulada por un algoritmo, ni excluida del desarrollo tecnológico. ¿Quién debe tener el poder de la IA? ¡Las personas!