En América Latina, dar el paso hacia la política siendo mujer continúa implicando un costo elevado y una cuenta que se cobra tanto a la izquierda como a la derecha. Al ingresar a la vida pública, independientemente de la filiación ideológica, una mujer suele encontrarse aislada, con escaso respaldo y vulnerable a la violencia. Así lo considera Michelle Bachelet desde Panamá.
La dos veces mandataria chilena, ex primera directora de ONU Mujeres y actualmente vicepresidenta del Club de Madrid —un foro internacional de expresidentes y ex primeros ministros democráticos que reúne a más de 130 miembros de más de 70 países— ofreció una entrevista a EFE en el país centroamericano.
“Las mujeres que ingresan a la política enfrentan iguales desafíos, trabas y dificultades. Con frecuencia se encuentran muy solas y sus propias expectativas políticas no las respaldan ni las acompañan en tiempos de crisis“, afirma Bachelet.
Frente a esos retos, el retroceso mundial en derechos de igualdad y el aumento de la violencia política dio origen a la Red Iberoamericana de Mujeres en Política, impulsada por el Club de Madrid y ONU Mujeres, que esta semana celebró en Ciudad de Panamá su primer encuentro presencial con la participación de 14 países.
“La finalidad de la red es, por un lado, intercambiar experiencias y los obstáculos afrontados, observar qué estrategias han dado resultado, aun cuando no puedan aplicarse de forma idéntica a todas. En segundo lugar, acompañar, porque el papel de una mujer en la política suele ser muy solitario y por eso es necesario brindar apoyo, además de orientar sobre qué iniciativas pueden ser eficaces y protegernos”, comenta Bachelet.
Bachelet subraya que las mujeres en la política sufren discriminación, estereotipos que ponen en duda sus capacidades y una escalada de violencia verbal, física y digital —esta última mediante el uso de tecnología para desprestigiarlas— y además siguen siendo las principales responsables de los cuidados familiares.
Bachelet: “La paridad no equivale al poder”
También suelen sentirse aisladas, carecer de respaldo partidario en momentos de crisis y, pese a alcanzar representación paritaria, a menudo se les niega el verdadero poder dentro de las instituciones.
De acuerdo con ONU Mujeres, apenas siete países en el mundo cuentan con al menos un 50% de mujeres en sus cámaras bajas o parlamentos unicamerales, entre ellos Cuba, Nicaragua y Bolivia. En América Latina y el Caribe, las mujeres representan en promedio el 37% de los escaños parlamentarios.
La organización indica que, al ritmo actual, la igualdad de género en los parlamentos nacionales no se conseguiría hasta 2063.
“Hemos observado progresos hacia la paridad y un aumento de legisladoras. Aun así, la cifra de alcaldesas sigue siendo muy baja, solo el 16% en la región. La paridad no es lo mismo que el poder. Hay numerosas mujeres que cuentan con representación pero carecen de poder porque las instituciones políticas y sus pares no se lo conceden”, afirma.
Ante la ausencia de cifras generales, en Honduras se registraron 74 casos documentados de violencia política contra mujeres entre septiembre de 2025 y mayo de 2026. En detalle, el 85,1% sucedió mientras ejercían el cargo, el 67,6% implicó violencia digital y el 62,2% fue denunciado.
En Uruguay, un informe de Naciones Unidas señala que cuatro de cada cinco parlamentarias electas en 2024 padecieron violencia debido a su labor política. Asimismo, un estudio iberoamericano de 2025 indicó que una de cada cinco interacciones en redes dirigida a mujeres con visibilidad pública es violenta.
“Consideramos que una democracia se fortalece cuando hay más mujeres y mayor igualdad. Además, un país progresa más cuando las mujeres participan en la política y disfrutan de iguales oportunidades y derechos. Pienso que todas las sociedades salen beneficiadas con una mayor presencia femenina”, reflexiona Bachelet.





