Convertida en una empresa fantasma, luego de la tragedia en donde seis personas perdieron la vida y que develó una serie de irregularidades, Línea Azul mantiene a su personal en la incertidumbre.
A la oficina de la empresa en Chillán, llegan todos los días decenas de trabajadores en busca de una respuesta respecto al pago de sus finiquitos.
Les deben el sueldo de julio, así como tres meses de cotizaciones.



