Según Unicef, los primeros 1.000 días en la vida de un niño son cruciales, ya que en esta etapa se define su desarrollo cognitivo, social y afectivo. Esto está también determinado en gran parte por una buena nutrición como la que se da en nuestros centros educativos, pero también por la experimentación y la vivencia de experiencias emocionales enriquecedoras, como las que ofrece la sala cuna y jardín infantil.

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