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Carla de la Barra nos compartió una historia que refleja esfuerzo, desgaste, pero también un proceso de reconstrucción que hoy la tiene en una etapa distinta, marcada por la superación.
Carla no eligió este camino, pero lo asumió desde muy joven. Comenzó a cuidar a su madre cuando era niña, en un proceso que fue avanzando con los años hasta convertirse en su única cuidadora.
“Empecé como a los ocho años, pero fue progresivo. Ya a los 21 tuve que hacerme cargo completamente”, relató.
Su madre, que hoy depende totalmente de ella, requiere atención permanente. Eso significó postergar estudios, trabajos y proyectos personales. Durante largos periodos, su rutina se limitó a estar en casa, cumpliendo tareas básicas de cuidado: alimentación, higiene y acompañamiento constante.
“Hubo años en que estuvo postrada y yo tenía que hacer todo. No podía pensar en otra cosa”, explicó.
El momento más complejo llegó cuando su pareja sufrió un grave accidente que terminó con la amputación de una de sus piernas. En ese instante, Carla pasó de cuidar a una persona a dos.
“Tenía que estar en el hospital con él y volver a la casa a cuidar a mi mamá. No había tiempo para nada”, recordó.
Esa sobrecarga física, emocional y económica la llevó a un límite. Fue entonces cuando decidió grabar un video y compartir su realidad en redes sociales.
“Dije no puedo más”, comentó.
Ese registro se viralizó rápidamente y generó una ola de apoyo. Pero más allá de la visibilidad, fue el inicio de un proceso personal distinto.
Tras ese episodio, Carla comenzó a buscar alternativas que le permitieran generar ingresos sin abandonar el cuidado de su madre. Ahí aparece su nuevo emprendimiento.
“Necesitaba algo que se adaptara a mi tiempo. Si no produzco, no vendo, y si no vendo, no hay ingreso”, explicó.
Así comenzó a fabricar dispositivos de autorregulación, conocidos como fidget toys. Son pequeños objetos diseñados para manejar la ansiedad, el estrés o conductas repetitivas.
Se trata de figuras flexibles o “clickers”, que funcionan a través del tacto o el movimiento.
A diferencia de su anterior emprendimiento de tejido, este formato le permite organizar mejor sus tiempos y compatibilizar el trabajo con el cuidado.
Cada pieza es diseñada, ensamblada y terminada por ella. Además, trabaja con plástico reciclado, lo que le da un valor agregado a su proyecto.
“Incluso el residuo que genero lo vuelvo a reciclar”, señaló, destacando también que existe producción local de los materiales que utiliza.
Su catálogo incluye distintos diseños, pensados para niños, jóvenes y adultos, con un enfoque práctico y accesible.
Uno de los pilares en este proceso ha sido el respaldo de quienes la siguen en redes sociales. Carla ha construido una comunidad que no solo consume su contenido, sino que también la acompaña.
“Estoy muy agradecida. Me apoyan con mensajes, comprando, compartiendo. Todo suma”, afirmó.
Ese apoyo ha sido clave no solo en lo económico, sino también en lo emocional, en una realidad donde el desgaste del rol de cuidador es constante.
Carla no esconde las dificultades. Su rutina sigue siendo exigente y el tiempo sigue siendo limitado. Pero hoy hay una diferencia: existe una herramienta que le permite avanzar.
“Esto no es de un día para otro, ha sido trabajo, ensayo y error. Pero estoy contenta”, dijo.
Su historia ya no solo habla de cansancio o desesperación. Hoy también habla de adaptación, de buscar soluciones y de salir adelante dentro de un contexto complejo.
Encuentra a Carla de la Barra en Instagram como @carli.cuida donde ella publica sus productos disponibles y, además, comunicarte directamente con ella.
También puedes encontrar sus productos en Galería Giacaman local 6 y Galería Boulevard Gascón local 13.

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