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Nuestra Casa
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Este 7 de mayo de 2026, Chile ha alcanzado oficialmente su sobregiro ecológico, una alarmante cifra que indica que el país ha consumido la totalidad de los recursos naturales que su ecosistema es capaz de regenerar en un año. A partir de hoy, Chile comienza a vivir "a crédito" con el planeta.
En una entrevista para Nuestra Casa, el director nacional de Greenpeace, Matías Asun, explicó de manera cruda la gravedad de este indicador: "Es como si nos pagaran el sueldo anual en enero y ya lo habríamos gastado a día de hoy. El impacto de nuestra huella ecológica en transporte, uso de suelo y residuos ya no puede ser procesado por nuestros ecosistemas"
La fecha del sobregiro se ha ido adelantando sistemáticamente, transformándose en un termómetro de la crisis climática actual. Asun destacó que, aunque parte del adelanto se debe a una mejor precisión en las mediciones actuales (metodología conocida como now casting), otra parte importante es el reflejo directo de una degradación ambiental real y acelerada.
"Para sostener el nivel de impacto que estamos generando hoy, se necesitarían casi dos planetas enteros", advirtió el dirigente ambientalista.
Durante la conversación, se abordaron las causas detrás de este temprano agotamiento de recursos. Asun apuntó a la "ignorancia política" en la administración de los territorios. Mencionó específicamente la falta de protección de los humedales, los cuales funcionan como barreras naturales contra tsunamis e inundaciones, además de ser capturadores de carbono.
El director de Greenpeace también criticó la persistencia de las "zonas de sacrificio", como Coronel en la Región del Biobío, donde se prioriza la generación de energía contaminante por sobre la salud de los ecosistemas y las personas.
El sobregiro ecológico no es solo una cifra estadística; se traduce en fenómenos climáticos extremos que afectan directamente a la población:
Asun realizó una autocrítica hacia el movimiento ecologista, señalando que muchas veces no han sabido comunicar que la protección ambiental es, en realidad, la base de una economía estable a largo plazo.
"El regular, el tener leyes de protección de glaciares o humedales, no es frenar el desarrollo; es poner semáforos para que la convivencia sea posible".
Finalmente, el llamado es a acelerar una transición energética que no solo cambie la fuente de energía, sino que apueste por el ahorro y la resiliencia, asegurando que aún es posible revertir o ralentizar este indicador para vivir en armonía con la naturaleza.