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¿Tu hijo rechaza la comida? Especialista explica por qué surge la selectividad alimentaria y cómo abordarla en casa

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con informacion de:Canal9

La nutricionista Kristel Rebolledo advierte que obligar a los niños a comer aumenta el rechazo y entrega claves para fomentar una relación sana con los alimentos desde la infancia.

la nutricionista especialista en rechazo y selectividad alimentaria, Kristel Rebolledo, abordó una de las mayores preocupaciones de los padres y cuidadores: la falta de apetito y la repentina selectividad de los niños frente a las comidas. Según la experta, esta conducta suele manifestarse con fuerza alrededor de los dos años de edad y, lejos de ser una simple "maña", responde a un proceso natural del desarrollo infantil.

¿Por qué disminuye el apetito a los dos años?

Rebolledo explicó que, al cumplir los dos años, la velocidad de crecimiento de los niños disminuye drásticamente en comparación con su etapa de lactantes. Esta desaceleración biológica reduce de forma natural el apetito.

A la par, los menores se vuelven mucho más sensibles a los sabores, texturas y a cualquier cambio que el adulto realice en la presentación de los platos. "Cosas que antes comía, como las verduras, de repente como que ya no quiere", señaló la especialista, indicando que es el momento en que los padres deben poner atención para distinguir si es una etapa normal del desarrollo o un rechazo alimentario más complejo.

El error de obligar y las "trampas" de los premios

Frente al rechazo de un alimento, la nutricionista enfatizó que la paciencia es la herramienta principal y desaconsejó de forma rotunda el uso de la fuerza. "Muchos estudios dicen que obligar al niño a comer (...) aumenta el rechazo alimentario", advirtió. Perseguirlos por la casa con la cuchara o forzarlos a tragar solo agrava el problema.

Asimismo, Rebolledo derribó el mito de las recompensas inmediatas (como prometer un paseo o un postre a cambio de terminar las verduras). Aunque admitió que puede funcionar en el momento, aclaró que a largo plazo daña la relación con la comida:

"Vemos el alimento que no nos gusta como algo negativo y, en cambio, el postre como algo positivo. Eso no construye a la larga una relación sana".

Estrategias prácticas para el hogar

Para sobrellevar esta etapa, la profesional compartió diversas recomendaciones tácticas para implementar en casa:

  • El "alimento seguro": No se debe presentar un plato compuesto únicamente por alimentos rechazados. Lo ideal es ofrecer un "alimento seguro" (que al niño le guste y le sea familiar) junto a una porción pequeña del alimento nuevo o rechazado.
  • La comida no empieza en el plato: Involucrar a los niños en todo el proceso —desde acompañar a comprar a la feria, dejar que elijan su propia fruta, hasta ayudarlos a lavar o clasificar los ingredientes— disminuye la resistencia hacia los alimentos.
  • Anticipación y rutinas: Avisarles con tiempo que se acercará la hora de comer (incluso usando una alarma en el celular) ayuda a que hagan la transición desde el juego hacia la mesa de manera regulada.
  • Adiós a las pantallas: El uso de teléfonos, tabletas o televisión durante el almorzar o cenar fue catalogado como un error grave. "El niño no se está concentrando nada en lo que come, está solamente tragando. No alcanzamos a darle al cerebro la señal de que estamos comiendo y de que estamos satisfechos", alertó.

El mito del "plato vacío" y el manejo de pataletas

La nutricionista hizo un llamado a los padres a dejar de exigir un "plato vacío", ya que después del año de vida los niños tienen la capacidad de regular su propia saciedad y esta debe ser respetada.

Por otro lado, aconsejó no ceder ante los berrinches preparando un menú alternativo (como papas fritas o fideos) cuando rechacen la comida principal, ya que el niño aprenderá rápidamente que el llanto le otorga lo que quiere. Si el menor experimenta un desborde emocional o pataleta en la mesa, lo ideal es esperar a que se calme antes de continuar con la alimentación.

Señales de alerta: ¿Cuándo es necesario consultar?

Finalmente, Kristel Rebolledo aclaró cuándo la selectividad pasa de ser una conducta normal a un problema de salud. Si el niño come poco o rechaza ciertos grupos alimenticios pero mantiene un crecimiento, peso y talla adecuados en su control sano, se trata de un tema principalmente conductual.

La alarma debe encenderse si el menor se estanca en su desarrollo físico, baja de peso o si los tiempos de comida se transforman en peleas constantes y niveles de estrés intolerables para la familia. En esos casos, la experta recomendó acudir a un control médico y enfatizó que el tratamiento de la selectividad severa requiere un enfoque multidisciplinario, donde trabajen en conjunto nutricionistas, psicólogos y terapeutas ocupacionales.