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El guanaco vuelve a La Araucanía tras 100 años: proyecto busca recuperar una especie clave para el territorio

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foto Nilson Pereira
Nilson PereiraPeriodista Canal 9

La iniciativa de Fundación Luan, junto a Rewilding Argentina y Fundación Huilo Huilo, contempla la reintroducción de ejemplares en Lonquimay a fines de noviembre. El proyecto busca recuperar una especie que forma parte de la historia y cultura ancestral del territorio, además de impulsar la restauración de los ecosistemas y el turismo de naturaleza.

Después de más de un siglo de ausencia, el guanaco prepara su regreso a La Araucanía. La iniciativa, liderada por Fundación Luan en alianza con Rewilding Argentina y Fundación Huilo Huilo, contempla la llegada de los primeros ejemplares a la Reserva Huellas de Lonquimay durante noviembre de 2026.

El proyecto comenzó hace aproximadamente cinco años, cuando surgió la idea de recuperar esta especie en su territorio histórico. Desde entonces, el trabajo no solo se ha concentrado en preparar el espacio físico para recibir a los animales, sino también en involucrar a las comunidades que compartirán nuevamente el territorio con ellos.

Una reintroducción que también busca recuperar la historia

Para Nagore Guerrero Carlsson, directora de Fundación Luan, el regreso del guanaco representa mucho más que un proyecto de conservación. Se trata de recuperar parte de la historia, los relatos y la relación que las comunidades de La Araucanía mantuvieron tradicionalmente con esta especie.

La primera etapa contempla la llegada de ejemplares provenientes de Huilo Huilo, que pasarán por un período de aclimatación y adaptación en la Reserva Huellas, antes de avanzar hacia su liberación en un espacio más amplio. Según los antecedentes del proyecto, la primera partida contempla 20 animales.

El objetivo final es que los guanacos puedan desplazarse por un corredor biológico que conecte la cordillera de La Araucanía con territorio argentino, particularmente con la provincia de Neuquén.

Niños de Lonquimay serán parte del proceso

Uno de los componentes centrales de la iniciativa es el trabajo con las comunidades locales. Fundación Luan desarrolló junto a la escuela de Liucura el programa “Guardianes de Luan”, involucrando a estudiantes y profesores.

La participación de los niños es especialmente relevante considerando que muchas de sus familias están vinculadas al arreo y la crianza de animales, por lo que eventualmente compartirán la montaña con los guanacos.

Los estudiantes incluso viajaron hasta Huilo Huilo para conocer a los animales y tener un primer acercamiento con una especie que, después de 100 años, volverá a formar parte de su paisaje.

El “jardinero natural” de los ecosistemas

El proyecto también plantea beneficios ambientales. El guanaco es considerado un gran herbívoro y su presencia puede contribuir a procesos de regeneración de los suelos y mantenimiento de los ecosistemas, además de aportar a la prevención de grandes incendios forestales mediante su interacción con la vegetación.

La iniciativa se desarrollará en el entorno del Geoparque Mundial UNESCO Kütralkura, convirtiendo a Lonquimay en un nuevo escenario para la conservación y observación de fauna nativa.

Guanacos y pumas: una oportunidad para el turismo de naturaleza

La recuperación de la especie también abre una oportunidad económica para las comunidades locales a través del turismo sustentable y de naturaleza.

El proyecto apunta a que el regreso del guanaco pueda atraer a fotógrafos, investigadores y visitantes interesados en observar fauna silvestre, particularmente el vínculo entre guanacos y pumas, una dupla que ya se ha transformado en un atractivo para el turismo de naturaleza en otros territorios.

La apuesta es que esta actividad genere beneficios para las propias comunidades, incorporando servicios como alojamiento, alimentación, transporte y guiados locales.

De esta manera, el regreso del guanaco a La Araucanía busca convertirse en una experiencia de restauración ambiental, cultural y económica, con una primera etapa que comenzará a concretarse a fines de noviembre en Lonquimay.

Después de un siglo, el territorio se prepara para recibir nuevamente a una especie que alguna vez fue parte de su paisaje cotidiano y que hoy representa una nueva oportunidad para recuperar biodiversidad y fortalecer el vínculo entre las comunidades y la naturaleza.