mié. 12 mayo, 2021 18:30

Los biotextiles revolucionan e innovan la forma de fabricar ropa

En busca de reducir su impacto ambiental e incrementar la funcionalidad de los productos, la industria textil se renueva a través del desarrollo de biotextiles creados a partir de hongos, piel de manzana y seda de araña, entre otras materias orgánicas.

Esto, debido a la reinvención de la industria textil y cómo mejorar sus ingresos, intentando aumentar su producción y venta desde la sustentabilidad, además de reducir el impacto ambiental que las fábricas generan.

Desde telas fabricadas con desechos de la industria alimentaria a alternativas al cuero y a la seda, como fabricarlas en laboratorio, los horizontes de la moda se expanden en busca de reducir su impacto ambiental e incrementar la funcionalidad de sus géneros de manera sostenible, según se explica en una investigación de The Business of Fashion.

Orange Fiber es una compañía italiana, líder en la fábrica de ropa a partir de este tipo de elementos. Específicamente, crean prendas a partir de los derivados de la producción de jugos cítricos.

Nanollose, empresa australiana ofrece una alternativa similar: desarrolló un sustituto del rayón a partir de celulosa generada con la fermentación de residuos orgánicos líquidos y, con un enfoque basado en la funcionalidad.

Dentro de este modelo de producción, uno de los materiales más populares es el biocuero vegano. Esta alternativa está hecha a partir del bagazo de uva, un excedente de la industria vinícola, mientras que otras formas de telas se crean a partir de la fibra, celulosa y azúcares de la piel de manzana desechada tras la producción de jugos y compotas.

Por otro lado, algunas compañías han incursionado en otro tipo de organismos vivos para la fabricación de telas, como es el caso del micelio, un compuesto que forma a los hongos, frecuentemente utilizados en el desarrollo de alternativas al cuero, mejor conocidas como ‘cuero de hongos’.

No obstante, entre los materiales más novedosos empleados para el desarrollo de biotextiles se encuentran aquellos descubiertos por la investigadora inglesa Alice Potts, quien utilizó pétalos de flores para crear lentejuelas y sudor y lágrimas humanas cristalizadas en accesorios en colaboración con la marca australiana Mimco y en ornamentos para sus prendas, según consigna la revista Forbes.

Pese a que este tipo de prendas aún están en sus inicios, varias compañías lo han estado implementando y adaptándolo para disminuir los riesgos ambientales, realizando un trabajo mancomunado entre la biología y la moda.

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