El tráfico de drogas en Sudamérica atraviesa una transformación silenciosa, con la ketamina como motor de una expansión que une a Perú y Chile en una ruta que ha desplazado a los antiguos esquemas del narcotráfico.
Organizaciones criminales han trazado un corredor que parte desde laboratorios, almacenes y clínicas veterinarias en Lima y termina en las calles y fiestas de Santiago, donde la ketamina y sus derivados ocupan un lugar central en el mercado de sustancias ilícitas.
Datos recientes muestran que las incautaciones de ketamina en Perú se multiplicaron por dieciocho entre 2023 y 2025, pasando de 27,6 kilos a casi media tonelada, según reportes oficiales.
Ketamina llega a Chile desde Perú
El auge de la ketamina como droga recreativa se explica en gran parte por un vacío legal en la legislación peruana, que ha permitido a grupos criminales operar con notable libertad, de acuerdo a expertos.
Mientras que en Perú la ketamina se puede adquirir legalmente en farmacias veterinarias y agropecuarias, en Chile está catalogada como droga ilegal, lo que convierte al país andino en una fuente y paso estratégico para el tráfico de esta sustancia.
La metamorfosis del Tren de Aragua y un nuevo plan que no incluiría a Chile ni Perú
Sábado 18 Octubre, 2025 | 08:30
El fiscal Bruno Hernández Tuñón de la Fiscalía Regional de Arica y Parinacota explicó a Ojo Público: “Los criminales que trafican con ketamina lo hacen desde Perú porque no es algo ilícito: cualquier persona puede comprarla. Eso les da un cierto margen de seguridad. En Chile, en cambio, la ketamina está considerada una droga. Es como vender cocaína”.
La facilidad para adquirir grandes cantidades de ketamina en Perú ha transformado la frontera sur en un punto neurálgico del tráfico.
Tacna, región limítrofe con Chile, concentra más de la mitad de las incautaciones realizadas en territorio peruano entre 2020 y 2025, con 498,6 kilos decomisados de un total nacional de 929,8 kilos, según datos de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional del Perú (Dirandro).
Cómo la ketamina pasa del circuito legal al narcotráfico
La ketamina, destinada originalmente a la medicina veterinaria y humana, ha visto distorsionado su uso. En Perú, las farmacéuticas pueden importar y distribuir el producto con autorización de la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid) y el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa).
Entre 2019 y marzo de 2026, el país importó al menos 123,7 toneladas, con India y Alemania como principales proveedores, según registros aduaneros obtenidos por BioBioChile.
El paso de la ketamina del circuito legal al tráfico ilegal es simple: la solución líquida se evapora para obtener cristales, que luego se mezclan con otros compuestos y se convierten en polvo listo para el consumo.
Esta facilidad técnica, sumada a la amplia disponibilidad, potencia el negocio para organizaciones delictivas transnacionales.
Bandas internacionales entran al negocio
El crecimiento del mercado de ketamina ha interesado a grupos como Tren de Aragua, facción criminal originaria de Venezuela, que, según el consultor Pablo Zeballos, citado por Ojo Público, “está avanzando hacia el control y eventual monopolio del mercado de ketamina en las Américas”.
La Fiscalía de Antofagasta en Chile pidió en septiembre de 2025 condenas que suman 527 años de cárcel para siete integrantes de una organización vinculada a este grupo, acusados de tortura y asesinato vinculados al tráfico de ketamina.
Otras bandas, como Los Tiguerones de Ecuador y Los Costeños de Colombia, también han incursionado en la ruta, según investigaciones judiciales en Chile. Estas organizaciones han comprado legalmente ketamina en Perú y la trasladaron a Santiago mediante buses interprovinciales o en embarcaciones marítimas.
El negocio se ha vuelto tan lucrativo que carteles como Jalisco Nueva Generación de México y el brasileño Primeiro Comando da Capital han identificado el tráfico de ketamina como una fuente emergente de ingresos, según información fiscal en Perú.
Mega incautación en Arica marca récord
Hace unos días, la Armada de Chile realizó una de las mayores confiscaciones en la historia de la región: 68,7 toneladas de cocaína y ketamina en el puerto de Arica. Del total, 24,5 toneladas correspondían a productos contaminados con ambas sustancias y 44,2 toneladas eran exclusivamente de ketamina.
Las cargas, que llegaron desde Bolivia, tenían como destino final Alemania, Italia y México. La droga fue hallada en madera de Tajibo, baldosas de caucho y madera aserrada, oculta con métodos sofisticados.
El director de Seguridad y Operaciones Marítimas, Sigfrido Ramírez, subrayó la importancia de la operación para la seguridad portuaria: “Esta incautación es particularmente relevante, dado que, por la dependencia de nuestro país del comercio marítimo, permite que nuestros puertos sigan operando de manera segura y, junto con ello, impedir el empleo de estas instalaciones y de las cadenas logísticas portuarias y marítimas por parte del crimen organizado transnacional”.
Rituales y control psicológico en redes de tráfico
Las redes de tráfico han encontrado métodos alternativos para asegurar la lealtad y el silencio de sus miembros.
A fines del 2025, una investigación de la Fiscalía de Arica y la Policía de Investigaciones (PDI) de Chile reveló el funcionamiento de una organización liderada por José Herrera Pozo, conocido como “El obispo”. Él utilizaba rituales religiosos y el culto a la Santa Muerte para dominar a un grupo de 17 mujeres y una chilena encargadas de transportar ketamina desde Perú hacia Chile.
Según audios divulgados, “Que cada una de las chicas que están caminando con esto lleguen con bien”, decía Herrera Pozo en mensajes enviados por WhatsApp antes de cada traslado ilegal.
La Fiscalía detalló que estas prácticas formaban parte de un sistema de control psicológico, donde la espiritualidad y el temor se mezclaban para garantizar la obediencia.
Las mujeres, reclutadas por promesas económicas, llevaban hasta tres kilos de ketamina cada una, “fajada” al cuerpo o escondida en tampones y accesorios. Algunas cruzaban por pasos fronterizos formales, otras por rutas informales o carreteras.
El caso, que involucró vínculos con la banda ecuatoriana Los Lobos, terminó con la detención de los 18 miembros de la red, quienes esperan juicio oral con penas que podrían alcanzar los 100 años de prisión para el líder.
Modus operandi
El alcance del tráfico de ketamina involucra incluso a miembros de las fuerzas de seguridad. En julio de 2025, cinco integrantes de la Fuerza Aérea de Chile fueron investigados por transportar la sustancia en vuelos militares desde Iquique hacia Santiago.
Dos meses después, policías peruanos fueron relacionados con un intento de contrabando desde Perú en vehículos a través de la frontera terrestre.
El director de la Dirandro, Antonio Huamán Daza, declaró a Ojo Público que las organizaciones reclutan personas en situaciones de vulnerabilidad extrema para utilizarlas como “mulas”, transportando ligeras cargas de ketamina en paquetes ocultos bajo la ropa.
“La participación de fuerzas de seguridad refuerza la idea de un tráfico flexible, oportunista y todavía sin una gobernanza criminal unificada”, interpretó Christian Campos Vásquez, investigador del Instituto de Criminología de Perú.
El auge del ‘tusi’ en fiestas
El tráfico de ketamina ha generado nuevas dinámicas de consumo en Chile y Perú, donde sustancias como el tusi —mezcla de ketamina líquida, anfetaminas y cocaína— se popularizan en fiestas y eventos.
“En el grupo de amigos de Fernando, el consumo de tusi está ‘bastante normalizado’”, relata Ojo Público al recoger el testimonio de un joven chileno que inició el consumo hace nueve años y hoy accede a la droga por WhatsApp, con entregas en menos de 15 minutos.
El fenómeno se refleja también en la música urbana, donde artistas como Marcianeke aluden al consumo de estas sustancias en sus letras, que superan los 70 millones de reproducciones en Spotify.
En Lima, el director de SOMA, Esteban Acuña Venegas, advirtió: “Siempre esperamos que la gente sepa qué es lo que va a consumir, para que esté preparada para los efectos. Con el tusi, al ser un cóctel de drogas, las personas en realidad no saben qué van a sentir”.
El uso de tusi se ha extendido desde fiestas electrónicas en distritos acomodados hasta eventos populares en toda la ciudad.
El vacío legal
La legislación peruana sigue sin incorporar de manera explícita a la ketamina en la lista de sustancias ilícitas, lo que ha permitido a las organizaciones criminales operar con ventaja.
Aunque se presentó un proyecto de ley para enmendar este vacío, la iniciativa permanece estancada en el Congreso peruano.
Modificaciones recientes permiten procesar algunos casos bajo la categoría de “nuevas sustancias psicoactivas”, pero la interpretación no es uniforme entre fiscales y jueces.
El crecimiento del tráfico de ketamina a través de Perú y Chile, con rutas que conectan la región andina con Europa y Norteamérica, ha consolidado a ambos países como nodos clave del nuevo mapa narco sudamericano.




