A primera vista, la escena podía prestarse para confusión. A pocos metros de la línea que divide a Chile y Perú, maquinaria pesada removía tierra en el sector del complejo fronterizo Santa Rosa, en Tacna. La imagen —una zanja de varios metros de extensión— bastó para encender especulaciones: ¿se trataba de una réplica del endurecimiento fronterizo que impulsa Chile en el norte?
Pero al otro lado del límite, la explicación fue distinta.
Las autoridades peruanas salieron al paso de las interpretaciones y descartaron que la excavación tenga relación con control migratorio. Lejos de eso, aseguraron que responde a una necesidad más terrenal: ordenar el flujo de camiones y evitar el colapso de uno de los pasos fronterizos más transitados de la zona.
Según información difundida por Infobae, los trabajos se desarrollan a unos 60 metros de la Línea de la Concordia. Allí, el Gobierno Regional de Tacna lleva adelante una intervención que forma parte de un plan mayor de mejoramiento de la infraestructura destinada al transporte de carga pesada.
Zanjas, cercos electrificados y más: avanza implementación del Plan Escudo Fronterizo en el norte
Lunes 23 Marzo, 2026 | 18:55
La zanja —de cerca de 200 metros de largo, dos de ancho y similar profundidad— no busca impedir el paso de personas, recalcan desde Perú. Su función es otra: separar los circuitos de circulación.
En la práctica, explican desde Tacna, los camiones de alto tonelaje suelen mezclarse con buses, taxis y vehículos particulares, sobre todo en jornadas de alta demanda. El resultado: atochamientos, demoras y un tránsito desordenado en el acceso al complejo.
La solución, entonces, apunta a crear una suerte de antesala. Un espacio donde los vehículos de carga puedan someterse a controles previos sin interferir con el flujo de pasajeros. A la obra se suman iluminación y señalización, pensadas para reforzar la seguridad en el área.
La aclaración peruana ocurre mientras, a escasos kilómetros, el paisaje cambia de tono.
En el lado chileno, en las cercanías de Chacalluta, el movimiento de tierra también es visible, pero con un objetivo distinto. Allí, desde mediados de marzo, el Ejército y personal de Vialidad trabajan en la construcción de zanjas y barreras físicas como parte del denominado “Plan Escudo Fronterizo”, una estrategia que busca contener el ingreso irregular de migrantes y el avance del crimen organizado en la macrozona norte.
Dos zanjas, dos propósitos
La coincidencia geográfica —menos de un kilómetro de distancia entre ambos puntos— alimentó la lectura inicial de una acción coordinada o, al menos, similar. Sin embargo, desde Perú insisten en marcar la diferencia: su intervención no apunta a cerrar el paso, sino a hacerlo más fluido.
Los efectos tras puesta en marcha de Plan Escudo Fronterizo y excavación de zanjas en límite con Perú
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Y razones no faltan. El complejo fronterizo entre Tacna y Arica concentra un intenso movimiento diario. De acuerdo con cifras aduaneras y policiales, por ese paso circulan cerca de siete millones de personas al año, en ambos sentidos, además de unos dos millones de vehículos.
En ese contexto, cada minuto cuenta.
Por eso, mientras en Chile las zanjas se integran a una política de control territorial, en Perú la excavación responde a una lógica operativa: reducir cuellos de botella, ordenar filas y evitar que el tránsito —literalmente— se convierta en un problema mayor.
Al final, la zanja que generó suspicacias terminó siendo menos simbólica de lo que parecía. No es una barrera, dicen desde Tacna. Es, más bien, una vía para que todo siga avanzando.




