En mayo de 2025, mientras llovía en la región Metropolitana, la Escuela Rafael Sotomayor Baeza de La Florida sufrió un robo de computadores que pudo haber cambiado el destino del establecimiento. Sin embargo, el ilícito no desalentó a los profesionales de esta institución, ubicada en la población Los Copihues.
Sin ir más lejos, ese mismo año la escuela logró obtener un notable aumento en el promedio obtenido en la rendición del Simce.
BioBioChile visitó el colegio para conocer su historia de superación, el esfuerzo realizado y el lado humano detrás de las cifras.
El papel como alternativa ante la adversidad
La coordinadora académica del colegio, Denisse Illanes, recordó el hurto de los equipos adquiridos para fomentar el aprendizaje digital.
“Se habían logrado comprar 15 computadores, pero el día en que se instalaron, ingresaron por el techo porque la sala de computación está totalmente ‘blindada’; pero, lamentablemente, nos quedaba el punto débil, que era el techo (ingresaron por ahí). Se llevaron todos los computadores y los que quedaron se mojaron, así que la verdad es que lo perdimos todos“, relató Illanes.
Ante la carencia de una sala de computación funcional, el cuerpo docente utiliza proyectores (“data”) para visualizar contenidos. Además, imprimen las hojas de cálculo de Excel y las diapositivas de Power Point, para enseñar el funcionamiento de Microsoft Office de forma manual en los cuadernos.


“No es lo ideal, pero es la estrategia que nosotros como colegio hemos utilizado a raíz de que no tenemos estas herramientas”, explicó Illanes.
Actualmente, el recinto gestiona con universidades y empresas la reposición del inventario tecnológico a través de los equipos que las instituciones den de baja.
Sobresaliente mejora en el desempeño en el Simce
Pese a las adversidades, este establecimiento particular subvencionado —cuyo grupo socioeconómico (GSE) en cuarto básico es bajo y medio en octavo, con un índice de 63% de vulnerabilidad— logró grandes resultados.
En la prueba de Lenguaje y Comunicación: Lectura, el cuarto básico obtuvo 284 puntos promedio, lo que representa un alza de 42 unidades respecto a 2024. Idéntica progresión se registró en Matemática, pues el mismo nivel alcanzó los 277 puntos frente a los 235 del año anterior.


En comparación con otros colegios del mismo GSE, el cuarto básico de la escuela se situó 25 puntos por encima en Lectura y 34 puntos arriba en Matemática. Asimismo, superó los promedios regionales y nacionales en ambas mediciones, destacando especialmente en Matemática, donde aventajó por 15 puntos la media nacional.

Gracias a este rendimiento, desde la institución aseguran que el colegio se posicionó como el número 1 en su mismo grupo socioeconómico y alcanzo el puesto 15 en toda la comuna de La Florida en el nivel de cuarto básico.

La fórmula docente: altas expectativas y el “emocionómetro”
Gabriela Acevedo, profesora jefe de cuarto básico y encargada de las asignaturas del plan de estudio (excepto Educación Física e Inglés), apuntó a mantener “altas expectativas” en los estudiantes y “motivarlos“.
“Verbalizarles, como son niños tan pequeños, que en realidad ellos pueden ir a la universidad, ser profesionales“, expresó.
La docente implementó la estrategia llamada el “emocionómetro“, una herramienta para evaluar el estado anímico de cada alumno al inicio de la jornada, priorizando un ambiente de respeto y compañerismo en el aula.
Acevedo relató que, a su llegada hace más de un año, ella observó una falta de organización y orden que, según su análisis, “generaba un ambiente de aula no propicio para el aprendizaje”.
“Los profesores tenemos que generar estos cambios y creer en los niños en contextos de vulnerabilidad como los que tiene esta escuela, con alto porcentaje de migrantes, con alto porcentaje de padres ausentes“, agregó la educadora.
Acevedo señaló que es relevante el uso del tiempo del aula y la evaluación formativa que trascienda a un control o una prueba. “Que los niños no tengan temor a equivocarse“, enfatizó.

La profesora valoró la retroalimentación y el apoyo desde la coordinación pedagógica, lo que fue acompañado de otras estrategias como el “estímulo positivo” como motor de motivación, la lectura diaria en la misma escuela y pequeños controles (dictados de números y oraciones, comprensiones de lectura breves), fomentando siempre el trabajo “entre pares”.
“Tienen que leer acá (en la escuela) porque en la casa no lo van a hacer“, indicó Acevedo. “Esas pequeñas estrategias fuimos instalando respecto al Simce, y más allá del Simce, (lo importante es) que los niños aprendieran. Yo soy mamá también, entonces los trato como si fueran hijos“, concluyó Acevedo.
La realidad del colegio de La Florida
La coordinadora académica, Denisse Illanes, abordó el contexto de vulnerabilidad del establecimiento, cuyos alumnos provienen en gran parte de Estación Central debido a la falta de cupos en otras zonas; además, la “población (de la escuela) es un 50% extranjera”.
“Generamos esta instancia de poder tener dos buses de acercamiento que recogen a los niños a las 7 de la mañana y entregan a los niños aproximadamente a las 5 de la tarde”, detalló Illanes.

En esa misma línea, planteó que los padres de los estudiantes trabajan todo el día o no cuentan con una oportunidad laboral regular. Esto último ocurriría porque, “al estar indocumentados o no tener su situación migratoria regular, es más complejo el proceso de conseguir trabajo“, señaló.
Tanto la coordinadora académica como la profesora Gabriela Acevedo declararon que hay familias “un poco más ajenas al proceso educativo de sus hijos“. En ese contexto, explican que “se entiende también que sus esfuerzos están en tener una casa, mantener su casa, tener alimento, comida“.
Si bien hay casos en que las familias “no adhieren” a las actividades del establecimiento, se busca apoyarlas e integrarlas. Una vía de acercamiento ha sido la escolarización de los padres en horario nocturno, donde se han dado ceremonias en las que, simultáneamente, un apoderado obtiene su licencia de enseñanza media y su hijo la de básica.
Sobre la realidad socioeconómica, Illanes precisó que “son (familias) de escasos recursos” que, en ocasiones, “no tienen para comprar una colación”.
“Hay niños que en realidad buscan las colaciones de la Junaeb para poder llevarlas a sus familias (…) Lo que un compañero a lo mejor no quiere, unas frutas, juntarlas y llevarlas para su casa”, detalló.
La jefa de Unidad Técnica Pedagógica (UTP) manifestó que buscan que la comunidad comprenda “que la educación sí es una herramienta que les puede permitir salir de este entorno“.
Esto se fomenta mediante el trabajo de la autoestima académica y la motivación escolar, apuntando a “optar por una mejor calidad de vida“, con la educación superior como objetivo.

“Me refiero a cosas tan simples como abrir el grifo de la llave y tener la opción de poder tener agua en su casa, o tener una pieza para poder dormir, porque tenemos muchas familias en donde los niños viven con sus familias completas en una pieza. No tienen sus espacios propios”, señaló.
La escuela suele proporcionar alimentación y vestimenta a los menores. Incluso, el equipo del Programa de Integración Escolar (PIE) a veces se instala en el kiosco del establecimiento para vender productos y “juntar recursos para darles atenciones médicas, neurológicas, psicológicas a los papás“.
En ocasiones, el mismo colegio ha trasladado a niños a consultas médicas (con sus apoderados presentes) a un Centro de Salud Familiar (Cesfam), gestionando el transporte para evitar el estancamiento en el aprendizaje.
Denisse Illanes también calificó como una barrera la baja escolarización de algunos padres, quienes “no saben cómo sacar una hora al consultorio o hacer el trámite de migraciones y claramente todo esto impide que podamos prestarle la ayuda que el niño necesita”. Finalmente, aludió a una barrera cultural en ciertas familias que “no ven en la educación una herramienta para que sus hijos salgan adelante”.
El contraste con los niveles mayores
Actualmente, la Escuela Particular Rafael Sotomayor Baeza mantiene un enfoque prioritario en el primer ciclo, desde prekínder hasta cuarto básico, lo que se reflejó en los resultados Simce 2025.
Lamentablemente, en octavo básico no hubo un aumento considerable en la última evaluación: si bien subió cinco puntos en Lengua y Literatura: Lectura, bajó un punto en Matemática y se registró un descenso de 11 puntos en Historia, Geografía y Ciencias Sociales, respecto de 2019. No obstante, existen resultados favorables en indicadores de desarrollo personal y social.
En comparación con 2019, el nivel de octavo básico mostró un incremento de 10 puntos en la autoestima académica y motivación escolar; 15 puntos más en clima de convivencia escolar respecto a 2017; un ascenso de 8 puntos en participación y formación ciudadana, y tres puntos más en hábitos de vida saludable.
Illanes precisó que el foco en el primer ciclo se realiza con trabajo riguroso y profesional en aula, con altas expectativas en los alumnos, y con el apoyo del equipo directivo y de toda la comunidad escolar.
La coordinadora enfatizó el seguimiento del proceso y la entrega de una educación de calidad, independiente del contexto o del índice de vulnerabilidad.
“Lo que estamos buscando ahora es fortalecer completamente el primer ciclo en cuanto a resultados y en cuanto a metas, estructura“, especificó.
Una vez robustecida esa base, se pretende “ir avanzando en los niveles” superiores, enfocándose actualmente en “avanzar hacia quinto y sexto (básico)“, concluyó Illanes.




