El ministro del Interior, Claudio Alvarado, salió a contener un flanco que se ha ido abriendo en paralelo a la tramitación del Plan de Reconstrucción: las tensiones políticas dentro del oficialismo y las críticas a la conducción comunicacional del Gobierno.
En ese contexto, reconoció dificultades, pero descartó que ellas deriven en un cambio de gabinete. Asimismo, manifestó confianza en la tramitación de la ley miscelánea que ingresará el Ejecutivo esta semana.
No hay “dos almas” en el Gobierno: “Son caricaturas”
Desde la oposición han planteado la existencia de “dos almas” al interior del Ejecutivo. En particular, fue el senador del Frente Amplio, Diego Ibáñez, quien instaló esa tesis: una más proclive al diálogo —representada, según el parlamentario, por el propio Alvarado y el ministro García Ruminot—, y otra más rígida, encarnada en el equipo económico que encabeza Jorge Quiroz.
Frente a ese diagnóstico, el jefe de gabinete optó por desactivar el conflicto. “Todos los ministros de Estado, por las funciones y naturaleza de su cargo, están disponibles para conversar y dialogar”, afirmó en el programa Estado Nacional, descartando diferencias estructurales en el Ejecutivo.
En esa línea, apuntó directamente a la oposición asegurando que intenta instalar caricaturas:
“Lo que trata de hacer siempre una oposición es buscar eventuales diferencias para generar un problema o una dificultad donde no existe”. Y reforzó el mensaje político del Gobierno: “Tenemos claro que para avanzar, y la política se caracteriza por eso, se debe siempre dialogar, conversar y tratar de convencer”.
El ministro fue más allá y negó de plano la existencia de corrientes internas en pugna. “Son caricaturas; el gobierno es uno solo que tiene un objetivo común”, sentenció.
Alvarado descarta cambio de gabinete
Pero el ruido político no solo se ha concentrado en el Congreso. También ha escalado en el propio Ejecutivo, particularmente por el rol de la vocera de Gobierno, Mara Sedini, quien ha enfrentado cuestionamientos por errores comunicacionales y versiones que luego han debido ser precisadas o corregidas por La Moneda.
Consultado por ese frente, Alvarado adoptó un tono más matizado, reconociendo implícitamente dificultades sin personalizarlas: “Las acciones que toma un gobierno, hay estilos y formas, y todos estamos sujetos al escrutinio público; algunas veces nos entenderán mejor, algunas veces nos malinterpretarán”.
Y agregó, abriendo la puerta a ajustes en la forma más que en el fondo: “Si ha existido alguna dificultad o algún error, obviamente la naturaleza humana es así: nos equivocamos, se pueden corregir y queremos avanzar”.
Pese a ese reconocimiento, el titular de Interior descartó que estas tensiones deriven en un cambio de gabinete en el corto plazo, una posibilidad que ha comenzado a circular en el mundo político precisamente por el desgaste en algunas vocerías.
“Estamos bastante lejos de aquello”, sostuvo, para luego enfatizar la lógica de continuidad dentro del Ejecutivo: “Aquí lo que importa es que actuemos bajo objetivos comunes. Los ministros sabemos la fecha en que nos nombran, pero no sabemos la fecha en que dejamos de servir”.
Plan de Reconstrucción
El telón de fondo de estas definiciones es la inminente llegada al Congreso del Plan de Reconstrucción, eje prioritario del Gobierno, pero que ha generado reparos no solo en la oposición, sino también en sectores del oficialismo.
En ese escenario, Alvarado buscó instalar una señal de apertura, particularmente hacia el Partido de la Gente (PDG), cuyos parlamentarios han adelantado un rechazo inicial al proyecto tal como está concebido.
El ministro, sin embargo, apostó por un cambio de escenario una vez iniciado el debate legislativo. Aseguró que existe “buen ánimo” para discutir la iniciativa y confió en que, al conocer el detalle, las posiciones podrían moderarse.




