El Mundial de Chile 1962 quedó marcado en la historia de los chilenos como uno de los mayores eventos, pero para el soviético Eduard Dubinski, no lo fue.
La cita planetaria, organizada en medio de enormes dificultades para el país tras el terremoto de 1960, acumuló episodios cargados de tensión política y agresividad dentro de la cancha.
Uno de los casos más impactantes ocurrió en Arica, durante el enfrentamiento entre la Unión Soviética y Yugoslavia de primera fase, donde una brutal infracción terminó años después con la muerte de un futbolista.

La selección soviética arribó al torneo como una de las grandes favoritas tras conquistar la Eurocopa de 1960. En aquella final había derrotado precisamente a Yugoslavia por 2-1, un antecedente que elevó aún más la rivalidad entre ambos equipos.
El sorteo tampoco ayudó a calmar el ambiente, ya que los dos quedaron emparejados en el Grupo 1 junto a Uruguay y Colombia.
El duelo trascendía lo deportivo. Apenas una década antes, las relaciones entre Iosif Stalin y el mariscal Josip Broz Tito habían protagonizado una fuerte ruptura política que profundizó las diferencias entre la Unión Soviética y Yugoslavia.

Esa enemistad ideológica se trasladó al césped ariqueño y convirtió el partido en una batalla permanente.
Eduard Dubinski y la “patada de la muerte” en Chile 1962
En la previa del certamen, el técnico soviético decidió apostar por Eduard Dubinski como lateral derecho titular.
El defensor del CSKA Moscú no destacaba por su físico ni por una técnica refinada, pero sí por su intensidad y dureza para disputar cada balón. Paradójicamente, en Chile terminó siendo víctima de una de las acciones más violentas que se recuerden en una Copa del Mundo.
El encuentro comenzó con enorme intensidad y abundante roce físico. Ambos equipos buscaron imponerse mediante la presión y las entradas fuertes, aunque ninguno logró sacar diferencias durante el primer tiempo.
La tensión aumentó con el correr de los minutos y el árbitro alemán Albert Dusch mostró poca capacidad para controlar el desarrollo del juego.

Cerca del descanso ocurrió la jugada que marcó para siempre aquella tarde en Arica. Dubinski intentó despejar un balón sin demasiada presión, pero el yugoslavo Muhamed Mujic llegó tarde y le clavó los toperoles sobre la pierna derecha. El impacto resultó devastador: el soviético sufrió fractura de tibia y peroné de inmediato.
La dureza de la infracción estremeció incluso a los propios compañeros de Mujic.

Pese a la gravedad de la acción, el árbitro decidió no expulsar al capitán yugoslavo. Poco después del partido, los dirigentes de Yugoslavia tomaron una medida drástica y apartaron al delantero de la selección nacional. Mientras tanto, la Unión Soviética terminó imponiéndose por 2-0.
Una lesión que nunca sanó
El partido entre la URSS y Yugoslavia dejó otras varias secuelas físicas de consideración. Slava Metreveli necesitó doce puntos de sutura en una ceja, Viktor Ponedélnik sufrió un severo hematoma en el tobillo y el yugoslavo Zeljko Matus terminó con una fractura nasal.
Sin embargo, la situación más dramática fue la de Dubinski, cuya carrera quedó prácticamente destruida tras aquella entrada.

Aunque el defensor logró regresar parcialmente a las canchas, nunca volvió a recuperar su mejor nivel. Años más tarde, en 1968, médicos en Ucrania detectaron un sarcoma en la zona donde había recibido el golpe.
La lesión derivó en un cáncer maligno que obligó a múltiples operaciones. Su estado empeoró progresivamente y el futbolista murió el 11 de mayo de 1969, luego de sufrir una infección vinculada a la herida.
Eduard Dubinski había nacido el 6 de abril de 1935 en Kharkiv, ciudad que entonces formaba parte de la Unión Soviética. Provenía de una familia trabajadora de origen judío y consiguió abrirse camino en el fútbol hasta llegar al CSKA Moscú. Su carrera prometía mucho más, pero aquella tarde en Chile modificó su destino para siempre.

Por su parte, Muhamed Mujic cargó durante el resto de su vida con el estigma de haber protagonizado “la patada de la muerte”.




