La muerte de Lyhanna, una niña de 11 años en Francia, ha generado conmoción en todo el país. Su presunto homicida, a pesar de tener denuncias por abuso sexual, se encontraba en libertad. Ante este trágico suceso, el ministro de justicia francés, Gérald Darmanin, ha descartado dimitir, lo que ha provocado protestas en ciudades como París, Marsella, Lyon y Burdeos, frente a los edificios de los tribunales judiciales.
En medio de las manifestaciones, una mujer llamada Caroline, miembro de la ONG feminista AG-33, expresó su indignación y llamó la atención sobre la necesidad de proteger a los niños víctimas de violencia sexual. El ministro Darmanin, por su parte, se comprometió a revelar toda la verdad sobre los fallos institucionales que rodean el caso de Lyhanna, asegurando que no ocultará nada a los franceses.
A pesar de las críticas y presiones para que renuncie, Darmanin se mantuvo firme en su cargo, afirmando que asumirá su responsabilidad y que los errores en el caso de Lyhanna no fueron resultado de sus decisiones. El presunto asesino de la niña tenía denuncias previas por abusos a menores, lo que ha puesto en entredicho el sistema judicial francés en cuanto a la protección de los menores.
El ministro ha ordenado una revisión de todos los procedimientos relacionados con delitos sexuales y violentos contra menores. Ha solicitado a los fiscales generales elaborar un inventario detallado de las denuncias en trámite por delitos contra menores, para determinar si el caso de Lyhanna es un incidente aislado o si existen problemas estructurales más amplios en el sistema judicial francés.




