La Unidad de Investigación optó por no revelar mayores detalles de los abusos debido a la gravedad de los hechos y con el fin de evitar la difusión de antecedentes que pudieran afectar la sensibilidad de los lectores. El nombre de la víctima y cualquier dato que pueda identificarla fue modificado para este artículo para protegerla.
Cada vez que Igor Orlando Concha Maass abusaba de Lucía, la obligaba a quedarse callada. Insistía en que ese era su secreto. Que revelarlo, le traería consecuencias negativas en su vida. Lucía tenía 14 años la primera vez que fue abusada. Igor, 46. Ella era su alumna. Él, su profesor, su director y su mentor; una eminencia, como él mismo se hacía llamar, dentro del mundo musical de la región del Bío Bío.
Fue precisamente por la música que Igor conoció a Lucía. Ella, motivada por sus padres e inspirada por su tía, se inscribió para tocar violín en el Conservatorio Laurencia Contreras de la Universidad del Bío-Bío. Él, además de ser el director del centro, generó un estrecho vínculo de confianza que más tarde usaría para tener actos de significación sexual contra ella.
Según acreditó la justicia, cuando Lucía llegó al conservatorio estaba viviendo la separación de sus padres y un cáncer terminal de su tía, la misma que la inspiró a ser violinista. Estaba angustiada. Y fue en ese cúmulo de emociones que Igor “comenzó a manifestarle su confianza y a decirle que él estaba para ella, para apoyarla y comprenderla”.
—Justamente en este proceso, en cierta ocasión en que ella estaba muy triste, llorando, la toma de su rostro y la besa— se lee en los documentos a los que accedió la Unidad de Investigación.
El Ministerio Público planteó que se hace referencia a la teoría del hechizo. Es decir, él era el director del centro y ella manifestó sentimientos de agradecimiento y cariño por ocho años en el que ella no era capaz de salir de dicho embrujo. Ella misma declaró que a sus 14 años sintió sentirse enamorada y dependiente de todo lo que él decía. Fue siendo mayor de edad, y tras un episodio de violencia intrafamiliar, que lo denunció.
Igor fue condenado a siete años de cárcel por estupro y abuso sexual.
Su defensa alegó que ambos tuvieron una relación sentimental que podría ser cuestionable ética y moralmente, pero no como un delito. A su juicio, la verdadera víctima es él.
—Por situaciones que son humanas se gesta una atracción, tanto de Igor hacia Lucía, como de Lucía a Igor (…) Resulta perfectamente posible que un adulto y una adolescente de catorce años se enamoren recíprocamente (…) Lo único que hizo mi representado fue enamorarse de esta persona hasta el último minuto —intentaron esgrimir.
El primer acercamiento
La denuncia contra Igor Concha comenzó cuando su “relación” llegó a su fin. En febrero de 2022. Lucía tenía 22 años y vivía en Santiago. Estudiaba para ser violinista profesional. Llevaba con Igor ocho años.
Fue un episodio de violencia intrafamiliar el que destapó los abusos que iniciaron cuando ella era menor de edad. Lucía contactó a una abogada del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (SernamEG) para que la representara por una causa que abrió durante esa fecha en el tribunal de Familia de Santiago. A medida que le iba contando, la letrada le planteaba que todo era más grave. Que había otro tipo de delitos asociados.
El fallo plantea que ese fue el inicio “de una toma de conciencia por parte de Lucía en cuanto a la relación abusiva que había tenido”.
Lo que relató Lucía —y que más tarde declararía en la fiscalía— se remontaba al primer semestre de 2014, cuando tenía 14 años. Durante ese periodo estaba triste por la separación de sus padres y la enfermedad de su tía. Se le veía llorar en los pasillos del conservatorio. Se encontró con Igor, que era el director. Él le preguntó cómo estaba. La invitó a su oficina a conversar y beber un café.
Ella se sentó frente al escritorio. Él, sobre la mesa adelante de ella. Lucía se puso a llorar e Igor la abrazó. Ella apoyó la cabeza sobre su hombro. Vestía uniforme.
Allí comenzaron los abusos.
Lucía quedó en shock. Era su primer beso con un hombre de 46 años. Nunca había tenido ningún otro acercamiento con nadie. No supo qué hacer. Agarró sus cosas y se fue.
A la noche, Igor le escribió por redes sociales. Le pidió que lo que acaba de ocurrir quedara entre ellos dos porque podía ser perjudicial para él.
Según el relato de Lucía, en los días siguientes no pasó nada. Se veían en el conservatorio, se saludaban y cada vez que Igor la invitaba a su oficina, conversaban. Eso duró un mes, hasta que volvió a cometer hechos similares.
Después de ese momento ya no se detuvo. Y los abusos no hicieron más que escalar.
—Lucía indica —detalló la fiscalía— que ella se limitó a responder a lo que él pedía o lo que él quería hacer. Era como que ella solamente estaba, lo que explica que en ese momento ella se sentía súper dependiente de él por esa relación de cercanía y de confianza que se dio con el tiempo.
El Divo
Igor Orlando Concha Maass tenía 46 años cuando conoció a Lucía. A nivel profesional tenía una trayectoria consolidada. Además de ser el director del conservatorio, también tenía una carrera como barítono solista y profesor de canto lírico. En el mundo cultural tenía mucha relevancia: fue presidente, secretario y director del Teatro Bío Bío. También hacía clases en varios colegios y universidades de la zona.
Declaraciones contenidas en el expediente judicial dan cuenta que los propios compañeros de Lucía lo admiraban. Ella misma lo hacía. Organizaba eventos, obras y conciertos navideños que lo transformaban en una especie de eminencia.
En estos mismos testimonios, sus exalumnos recuerdan que Igor hablaba siempre de sus viajes, de su trayectoria musical, de sus historias como cantante e incluso de los trajes que mandaba a diseñar.
—Sus compañeros bromeaban con su actitud y le decían “El Divo” a sus espaldas.
A nivel personal, Igor estaba casado y tenía dos hijos. Uno de la edad de Lucía. En paralelo, durante 2013 tuvo una amante que primeramente fue apoderada de uno de sus alumnos. Al año siguiente comenzó a abusar de Lucía mientras en paralelo seguía con las otras dos mujeres.
Fuentes de esta investigación detallan que Igor tuvo un cambio importante en su imagen corporal. Antes de conocer a Lucía era obeso. En 2011 se hizo una operación bariátrica y todo en él cambió. Sobre todo su forma de vestir. Él mismo explicó que eso le dio más confianza.
—Había gente que le decía que cambió su imagen, que se creía lolo. Por su actividad siempre ha tenido que vestir bien. Pero por su problema de obesidad mórbida que tenía usaba cosas no muy bonitas, se iba más por lo cómodo. Se tenía que ir a comprar ropa incluso a Santiago, a la Casa El Gordito. Pero después de la bariátrica, obviamente fue un cambio abrupto y llegó a 60 kilos, se sintió mejor (…) Hubo mucha gente alrededor suyo que empezó a acercarse de otra manera, no un caso para mal, pero distinto. La misma auxiliar le mencionó “profe, qué bonito se ve” —afirma una de las personas que lo conoció.
Los mismos consultados cuentan que, en parte, eso le subió el ego y creía que varias personas lo miraban distinto.
Un sumario interno que realizó la Universidad del Bío Bío da cuenta que otras menores de edad sufrieron “algunas conductas de carácter sexual”. No de la misma forma que Lucía, pero sí exponen un patrón. Por ejemplo, una de ellas relató tocaciones mientras le enseñaba técnicas de respiración. Otra alumna contó que le puso los labios en la boca para enseñarle a soplar. Una tercera describió comentarios sexualizados y una última susurros incómodos al oído. Con Lucía los comentarios también estaban.
Manipulación absoluta
Los padres de Lucía declararon que en un momento percibieron que su hija estaba distinta. Lo notaron en su forma de vestir: quería verse más grande, distinta e incluso se distanció de la gente de su edad.
Funcionarios que trabajaban en el conservatorio durante 2014 corroboraron dicha versión. También confirmaron que Igor se encerraba con llave en su oficina cuando Lucía estaba adentro. Su excusa, como admitió frente a fiscalía, era que no lo hacía a propósito, solo pasaba porque “la chapa estaba mala”.
—En ese tiempo era un secreto a voces que algo estaba pasando, todo el conservatorio sabía que el acusado y la víctima pasaban mucho tiempo juntos —confesó una testigo.
Lucía, por su parte, admitió que nunca contó nada. Si alguien le preguntaba, lo negaba. A las únicas personas que les reveló que tenía “una relación” con Igor a sus 14 años fueron dos amigas. Les exigió que no podían revelarlo o sería perjudicial para todas.
Este argumento fue el que usó —y el que se obligó a creer— durante ochos años. Como su sueño era ser violinista, Igor le decía que si contaba lo que ocurría entre ellos, nadie le iba a creer. Además de que su corta carrera se iba ir a pique y la de él no, porque ya tenía mucha trayectoria. “Una manipulación absoluta”, explicó la fiscalía.
—Ella creía que en el fondo podía verse afectada si se destapaba esta situación por hacerla sentir copartícipe de lo que estaba ocurriendo. El trasladar la responsabilidad es una forma de silenciamiento. La víctima señaló que la opinión de él era muy importante porque tenía un camino recorrido, porque era reconocido. Él le decía y la manipulaba, como indicándole “tienes que mantenerte cerca de mí para poder progresar en tu carrera” —aseguró el Ministerio Público.
La manipulación también fue por aspectos físicos. Lucía tuvo problemas de obesidad e Igor se aprovechó de su inseguridad. Reforzaba la idea de que nadie la iba a querer ni se iba a fijar en ella como él lo hacía.
Otro aspecto que resaltó el ente persecutor fue que Igor también le compraba cosas a Lucía para que pudiera dedicarse a la música y tener el control. Una vez le compró un chip de celular y le impuso que debía contestarle cuando él la llamara. A veces, cuando no le respondía, llamaba a su amiga para sacar información.
“Una relación de amor”
El Ministerio Público acusó a Igor Concha por abuso sexual hiperagravado y estupro reiterado. A su juicio, el “consentimiento otorgado por Lucía se encontraba viciado desde el comienzo”.
Dicho argumento lo usaron porque la defensa de Igor, a cargo de Raúl Bustos Saldías, planteó que nunca fue una relación abusiva, por el contrario, “fue una relación sentimental. Una relación de ocho años vinculada al amor”.
—Igor Concha se fue de vacaciones junto con Lucía. Tenían proyectos juntos, hablaron de matrimonio, hablaron de tener hijos. Por lo tanto, lo que estamos en presencia aquí es de una relación sentimental que puede ser enjuiciada desde el punto, ético-moral, pero no es lo que plantean los acusadores como hechos aislados y de abuso —expresó.
Según él, nunca fue un abuso porque Igor no estuvo con Lucía para saciar sus impulsos. Él, supuestamente, se enamoró. Por eso estuvo ocho años con ella, porque “quedó hechizado”. “Su único error fue insistir en una relación desgastada”, insistió el abogado.
—Claro que empezó esto cuando la víctima tenía catorce años y su representado tenía cincuenta. Socialmente puede ser reprochable, recriminable, pero la pregunta es, ¿puede surgir amor entre dos personas en esas condiciones? —dijo el abogado.
En simple, en sus alegatos defendió que siempre fue una relación “reciproca”.
Los chats
Cuando Igor declaró, aseguró que desde un principio se dio cuenta que había una conexión mutua y que a él nunca le interesó la edad. Ni siquiera se la preguntó. Sin embargo, hay mensajes que pudieron ser rescatados entre ambos y presentados como medios de prueba durante el juicio en los que Igor reconoce saber que era una niña.
Si bien las pruebas y los delitos que se le imputaron a Igor comenzaron cuando Lucía tenía 14 años. Su ingreso al Conservatorio Laurencia Contreras fue cuando ella tenía 13.
Condena
Después de la pelea en Santiago que destapó todo, Lucía fue asesorada por el Programa de Apoyo Jurídico a Víctimas de Violencia Sexual de la Pontificia Universidad Católica. Antes de que se trasladara a Santiago a estudiar, ya había intentado alejarse de Igor, sin lograrlo. Él no lo aceptaba y la culpaba de todo.
—La libertad de la niña para poder consentir, en realidad, nunca existió y por lo mismo, a lo menos, son constitutivas de circunstancias de estupro —plasmaron desde la fiscalía.
El abuso se dio porque no estaba en condiciones de decirle que no a Igor. Mucho menos de ponerle límites cuando era menor de edad y él era el director del conservatorio. Era él quien “tenía un rol dominante en la relación”.
El Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Concepción lo condenó a siete años de cárcel por los delitos de abuso sexual y estupro reiterados, más la inhabilitación absoluta perpetua para cargos y oficios públicos y derechos políticos y la inhabilitación absoluta para profesiones titulares mientras dure la condena.
Fue un fallo unánime de las magistradas María José Vidal Araya (presidenta), Michele Bascur Postel y Claudia Etcheberry Barrera. Se le condenó también a diez años de inhabilitación absoluta para cargos, empleos u oficios ejercidos en ámbitos educaciones que involucren una relación directa y habitual con menores de edad.
El tribunal dio por acreditado, más allá de toda duda razonable, que entre 2014 y 2017, Lucía fue abusada.




