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Hasta 36 horas para llenar el depósito: la crisis de combustible que sacude a Rusia

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Deutsche WelleMedio de comunicación alemán en convenio de colaboración con BioBioChile

Conductores de distintas regiones de Rusia enfrentan esperas de varias horas —e incluso días— para cargar combustible. Con la escasez en aumento, muchos recorren ciudades enteras buscando estaciones aún operativas, pasan la noche en sus autos y aguardan largas colas para repostar.

En los últimos meses, Ucrania intensificó los ataques con drones contra refinerías rusas. El 6 de julio fue alcanzada la planta de Omsk, a unos 2.500 kilómetros de la frontera, y ya se han golpeado las diez mayores refinerías del país, desde la región de Leningrado hasta Omsk. Esta campaña ha profundizado una crisis de abastecimiento que se extiende por buena parte del territorio ruso.

El cierre de estaciones de servicio se reporta en múltiples zonas. Las pocas que siguen operando acumulan filas kilométricas. En Chita, en Transbaikalia, se registran tiempos de espera de hasta 36 horas; algunos automovilistas agotan el combustible en la fila y deben empujar sus vehículos.

La falta de gasolina está alterando hábitos cotidianos. Crece el uso compartido del auto para compras y traslados escolares, y más personas apuestan por el transporte público, que también acusa el impacto. Según Kommersant, los taxistas reducen su actividad, cancelan trayectos largos en las principales ciudades y las tarifas suben. En áreas rurales, se disparan las compras de caballos para labores forestales, cosecha de heno y tareas agrícolas. También repuntan con fuerza las ventas de bicicletas: en junio, el marketplace CDEK.Shopping reportó un alza del 131% frente a mayo.

Mientras tanto, el Kremlin niega que exista una escasez sistémica. Pese a que casi un tercio de las refinerías estaría fuera de servicio, el gobierno guarda un perfil bajo, según la diputada Nina Ostanina, que cuestionó la falta de explicaciones de las autoridades del sector en plena antesala de la cosecha y advirtió sobre riesgos para el suministro de granos bajo sanciones internacionales. El viceprimer ministro Alexander Novak atribuye las dificultades a compras por pánico y a la especulación, asegura que hay combustible suficiente y sostiene que los problemas se limitan a estaciones puntuales que podrían normalizarse con ajustes logísticos. Gobernadores de Krasnodar, Irkutsk y Pskov comparten ese diagnóstico, señalando que algunos minoristas han alimentado la alarma.

Desde Pskov, el gobernador Mikhail Vedernikov describió un clima de temor a perder movilidad para ir al trabajo o cuidar a los hijos, con taxistas y pequeños negocios acumulando reservas para no ver caer sus ingresos, y agricultores preocupados por fallas en maquinaria y pérdidas de cosechas, factores que presionan la demanda al alza.

En el plano político, la aprobación de Vladimir Putin muestra señales de desgaste. Una medición de la Fundación Rusa de Opinión Pública, realizada entre el 19 y el 21 de junio, registró una caída del 74% al 69% en una semana, el nivel más bajo desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania. Al mismo tiempo, aumentan las inquietudes sobre la economía, en particular por los precios y el costo de vida.

No obstante, esto no se traduce en un giro mayoritario contra la guerra. Un sondeo del Centro Levada publicado en junio indica un repunte del respaldo a la campaña militar: 30% de apoyo, seis puntos más que en marzo de 2026. En paralelo, el porcentaje que favorece abrir negociaciones de paz cae al 60%, siete puntos menos que en febrero de 2025.