Uno de los frentes que el presidente José Antonio Kast no ha logrado cerrar en sus primeros meses de gestión es el de su propio bloque oficialista. Tras una semana marcada por roces internos y por el debate sobre una posible coalición, el Mandatario aprovechó el primer consejo general ampliado del Partido Republicano desde su llegada a La Moneda para dirigirse directamente a sus bases y pedir confianza en las decisiones del Gobierno.
El contexto era complejo. En los días previos se reactivaron las tensiones por recriminaciones cruzadas entre Chile Vamos y Republicanos, llamados desde Renovación Nacional para que Kast ordenara a los partidos y, finalmente, por la discusión sobre ampliar la coalición.
Ante ese cuadro, el Presidente decidió intervenir. Primero convocó en La Moneda a los líderes de los partidos oficialistas y luego llevó su mensaje a la militancia republicana. En un discurso de más de una hora, reivindicó el papel del partido que fundó, al que definió como el “corazón” del Gobierno, pero pidió comprender que encabeza una administración más amplia, en la que muchas decisiones deben mirarse más allá de Republicanos.
En la colectividad admiten que el mensaje apuntó principalmente a las bases. En los últimos meses han surgido inquietudes por decisiones del Ejecutivo, como la conformación del gabinete o el vínculo con Chile Vamos. Por eso, la intervención buscó instalar una idea: Republicanos sigue siendo el eje político del Gobierno, pero no todas las definiciones responderán exclusivamente a la lógica partidaria.
Mientras Kast intentaba zanjar esa discusión, en la misma semana emergió desde su propio partido una propuesta aún más ambiciosa. El diputado Diego Vergara planteó conformar una gran coalición que integre a Republicanos, Chile Vamos, los Nacionales Libertarios e incluso al Partido de la Gente.
La idea, sin embargo, encontró rápidamente matices dentro del Partido Republicano. El jefe de bancada, Benjamín Moreno, sostuvo que no es el momento para ese debate y que la prioridad debe ser respaldar la agenda gubernamental.
El primer rechazo abierto llegó desde el Partido de la Gente. Su líder, Franco Parisi, ya había descartado sumarse a una coalición durante esta administración, y el partido reiteró que mantendrá una postura propositiva frente al Gobierno sin renunciar a su independencia.
Una respuesta similar entregaron los Nacionales Libertarios. Johannes Kaiser planteó que, antes de hablar de coaliciones, es necesario definir un proyecto político que las sustente y advirtió que hoy existen diferencias demasiado profundas para pensar en una alianza de ese calibre.
Desde Chile Vamos también se emitió una señal política relevante. Tras una semana de fricciones con Republicanos, en el bloque comenzó a imponerse otra tesis sobre el futuro del oficialismo: antes de ampliar, hay que ordenar la alianza existente. En esa línea, el vicepresidente del Senado, Iván Moreira, reconoció que no están dadas las condiciones para una gran coalición. A su juicio, Chile Vamos debe fortalecer su identidad de centroderecha, moverse hacia el centro y mantener acuerdos puntuales con Republicanos y los Nacionales Libertarios, más que una alianza formal.
Así, el consejo general ampliado de Republicanos dejó una postal ambivalente. Kast logró transmitir un llamado a la disciplina y a la confianza hacia su partido, pero la discusión sobre el rumbo del oficialismo quedó más abierta que nunca: mientras el Presidente intenta ordenar a quienes hoy sostienen su gobierno, los partidos aún no alcanzan consensos sobre la forma de un proyecto común.




