La Justicia rusa excluyó este viernes de la contienda electoral al veterano opositor Borís Nadezhdin, uno de los pocos críticos de la guerra que permanece en Rusia sin estar encarcelado ni exiliado. La decisión llega a dos meses de los comicios legislativos, en un contexto de descenso marcado en la popularidad del presidente Vladímir Putin.
Nadezhdin, de 63 años, aspiraba a un escaño en la Duma en las elecciones de septiembre, pero un tribunal de la región de Moscú lo declaró culpable de extremismo, lo que lo descalifica como candidato independiente. La causa de la sanción fue la aparición de una imagen del fallecido líder opositor Alexéi Navalni, incluida en un enlace compartido por Nadezhdin en sus redes sociales, un patrón ya visto en otros casos contra liberales. El político rechazó los cargos y argumentó que, tras su muerte, el nombre de Navalni debía haber sido retirado de los listados oficiales de extremistas y terroristas.
“El objetivo real es silenciarme e impedir mi participación en las elecciones a la Duma”, dijo durante la audiencia. Recibió una multa de 1.000 rublos (unos 13 dólares), la sanción mínima prevista, aunque se libra de los 15 días de arresto administrativo. Aun así, se ve obligado a suspender la recogida de firmas para su nominación. No es la primera vez que lo apartan de una elección: en 2024 la Comisión Electoral Central ya le vetó competir en las presidenciales contra Putin, entonces por supuestas irregularidades en las firmas presentadas.
La exclusión de Nadezhdin se suma a la de otros aspirantes críticos, en su mayoría por cuestionar la campaña militar rusa en Ucrania. Medios independientes sostienen que el Servicio Federal de Seguridad está cribando candidaturas para asegurar unos comicios legislativos sin sobresaltos. Además de reclamar el fin de la guerra, Nadezhdin ha denunciado el bloqueo de internet —“Putin no entiende bien cómo funciona el mundo moderno”, dijo en una entrevista— y ha atribuido el desabastecimiento de combustible a los ataques ucranianos contra refinerías.
A la salida del tribunal calificó el proceso de “único” y afirmó que el fallo era previsible. Recordó que fue elegido diputado por primera vez en 1990 y aseguró liderar los sondeos en las cuatro circunscripciones de la región de Moscú donde competía.
Como atenuante, mencionó sus problemas de salud —cardiopatía y diabetes— y sus cuatro hijos. Contó que ha sufrido dos infartos y advirtió que una reclusión podría poner en riesgo su vida. Detenido el lunes e impedido de salir del país por deudas, se descompensó durante la vista por una subida de presión arterial, lo que obligó a llamar a una ambulancia que lo atendió en la sala. Tras el fallo, anunció en su canal que haría una pausa para recuperarse y que presentará un recurso. Analistas consideran que su actitud desafiante, después de ser catalogado la semana pasada como “agente extranjero” y acusar al Kremlin de apartar a los rivales “más peligrosos” para garantizar “el resultado deseado”, selló su exclusión.
Mientras tanto, la popularidad de Putin continúa en retroceso. El desgaste por la guerra, la contracción económica, los ataques con drones, las restricciones en redes sociales, el aislamiento de Crimea y las colas en gasolineras han conformado un escenario adverso para el Kremlin y para Rusia Unida. Según el Fondo de Opinión Pública, el apoyo a la gestión de Putin cayó cinco puntos en la última semana, un descenso inédito desde 2022, situándose en el 66% —frente al entorno del 80% que mantuvo durante buena parte del conflicto—. La confianza personal en el presidente también bajó dos puntos, del 69% al 67%.




