Omar Abdulkadir Artan atravesó uno de los momentos más duros de su carrera cuando, pese a estar convocado para el Mundial 2026, le fue denegada la entrada a Estados Unidos bajo las políticas migratorias impulsadas por el entonces presidente Donald Trump.
Semanas después de aquel episodio que lo dejó fuera de la cita planetaria, el árbitro somalí rompió el silencio y se alista para afrontar el reto mayor de su trayectoria: dirigir la final de la Supercopa de Europa entre el PSG y el Aston Villa, este miércoles en Salzburgo, Austria.
Con 34 años, Artan pasó de ser el centro involuntario de una controversia migratoria a convertirse en un referente del arbitraje internacional. Será el primer colegiado no europeo en pitar una Supercopa de Europa, un hito que premia años de trabajo y una carrera forjada lejos de los grandes escenarios del fútbol.
“Tuve suerte, pero he trabajado muy duro para llegar hasta aquí y estoy muy orgulloso. Como se pueden imaginar, crecí en una situación difícil, pero eso no me impidió perseguir mis sueños”, contó a la UEFA.
El revés fue especialmente doloroso porque Artan llegaba a Estados Unidos tras consolidarse como uno de los árbitros africanos con mayor proyección. No poder ingresar le arrebató una meta por la que había luchado durante años. Sin embargo, lejos de frenar su camino, aquel obstáculo antecedió uno de los nombramientos más relevantes de su vida.
“Mucha gente me comprende, porque cuando uno lleva muchos años trabajando y se supone que debe hacer algo, y luego no puede hacerlo, es muy difícil. Sin embargo, agradezco enormemente el apoyo que recibí en todo el mundo; estoy muy agradecido”, dijo.
El giro que cambió su año llegó a inicios de junio, poco después de su regreso. La UEFA le confió la Supercopa de Europa, poniéndolo ante un escenario completamente nuevo para él: un partido de primera línea en el Viejo Continente.
“Cuando recibimos la llamada, fue una alegría inmensa para mí y mi familia. Hay una gran comunidad somalí en Europa y en Austria, y están encantados de que yo arbitre un partido como este”, afirmó.
“Este será mi primer partido en Europa. Vivir aventuras, crear recuerdos y aprender cosas nuevas siempre es genial”, añadió.
Un árbitro que tuvo que abrirse camino desde cero
La historia de Artan se gestó lejos de los grandes estadios. Perdió a su padre cuando era niño y creció separado de su madre, circunstancias que marcaron una infancia compleja y lo obligaron a forjarse por su cuenta.
El arbitraje apareció casi de casualidad. Una lesión le impidió seguir jugando y encontró en el silbato la vía para mantenerse ligado al fútbol. Empezó en duelos informales y encuentros menores en su barrio, pasó a partidos escolares organizados y luego dio el salto a la liga somalí.
Desde entonces, no dejó de ascender. En 2024 se convirtió en el primer somalí en dirigir un partido de la Copa Africana de Naciones y, más tarde, en el primer árbitro de su país en pitar una final de la Liga de Campeones de la CAF.
Su evolución fue reconocida con el premio al Árbitro Masculino del Año 2025 de la CAF. Ahora, su nombre vuelve a quedar unido a otro logro histórico.
“Me gusta ver fútbol europeo, pero, independientemente de eso, estudio a fondo a los equipos: cómo juegan, sus comportamientos, tácticas y muchos otros detalles”, explicó.
Este miércoles, en Salzburgo, Artan tendrá la posibilidad de escribir un nuevo capítulo en una carrera ya marcada por hitos. El Mundial que no pudo dirigir por las restricciones migratorias en Estados Unidos quedó atrás.




