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Alertan riesgos a la soberanía en el sur de Argentina por tensiones con Reino Unido y Chile

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PerfilMedio de comunicación argentino en convenio de colaboración con BioBioChile.

Argentina y su extremo austral volvieron al centro del debate geopolítico. En pocos días, el amarre en Ushuaia de un petrolero con bandera británica, las palabras de un jefe militar que generaron respuesta de Chile por el Estrecho de Magallanes y movimientos internos en las Fuerzas Armadas reactivaron las preguntas sobre el alcance efectivo de la soberanía argentina en el sur.

Se trata de hechos distintos, pero sirven de marco para una disputa más amplia, según publicó el medio asociado Perfil.

En el confín austral se superponen los principales ejes estratégicos del país: el reclamo por las Islas Malvinas, la presencia británica en el Atlántico Sur, la explotación de hidrocarburos y pesca, el control de rutas hacia el Pacífico por el Estrecho de Magallanes y la proyección sobre la Antártida.

El Atlántico Sur exhibe asimetrías concretas. Argentina mantiene su reclamo sobre Malvinas frente al Reino Unido, lidia con flotas extranjeras al borde de su Zona Económica Exclusiva y observa el avance de proyectos petroleros cercanos al archipiélago, mientras debe vigilar un espacio marítimo vasto con recursos acotados.

A ello se suma una tensión menos visible pero persistente con Chile. Aunque la relación bilateral dejó atrás la hipótesis de choque abierto y se apoya en mecanismos de cooperación, el Estrecho de Magallanes, el Canal Beagle, el Pasaje de Drake y la proyección antártica conservan un peso estratégico que los acuerdos de paz no borraron.

En ese marco, Chile permanece como la única hipótesis de conflicto convencional latente para Argentina, administrada durante décadas mediante acuerdos, diálogo y coordinación militar.

La reacción del Gobierno chileno a las declaraciones del brigadier general Gustavo Javier Valverde, jefe de la Fuerza Aérea Argentina, mostró cuán rápido se activa la sensibilidad cuando se alude al extremo austral.

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No son, por sí solos, episodios de crisis. Más bien son señales de un tablero estratégico que sigue abierto.

Tras la controversia por un buque, una frase sobre un paso marítimo o una decisión respecto de una base militar, asoman preguntas de fondo: cuánto espacio marítimo puede controlar Argentina, con qué medios protege sus recursos y cómo sostiene su presencia donde confluyen Reino Unido, Chile, flotas pesqueras, intereses energéticos y la proyección antártica.

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Reino Unido, Chile y las disputas de Argentina por el extremo austral

El reciente amarre en Ushuaia del VS Promise, un petrolero bajo pabellón británico, reabrió el debate con el Reino Unido.

La nave había operado en Río Cullen, donde cargó crudo de Tierra del Fuego, antes de dirigirse a la capital provincial.

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La presencia del buque generó el rechazo del Gobierno de Tierra del Fuego, que cuestionó la llegada de una embarcación británica en plena vigencia del reclamo por Malvinas.

Desde el Gobierno nacional defendieron la operatoria y afirmaron que no se vulneró la normativa. Alegaron que la Ley Gaucho Rivero no prohíbe genéricamente a toda nave británica, sino a aquellas vinculadas con exploración o explotación de recursos en la cuenca de Malvinas.

El caso también expuso un tironeo institucional por el control del puerto. Ushuaia está intervenido por la Agencia Nacional de Puertos y Navegación desde enero, medida del Ejecutivo nacional impugnada por la administración fueguina.

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Más allá del aspecto legal, el episodio volvió a exhibir la singularidad de una zona donde Argentina sostiene su reclamo sobre Malvinas mientras el Reino Unido mantiene presencia política, militar y económica constante en el Atlántico Sur, según Perfil.

En las islas, además, progresa Sea Lion, el proyecto petrolero de Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum, con inversiones para desplegar producción e infraestructura que aumente la extracción.

La energía agrega otra capa a una disputa histórica: mientras continúa el reclamo diplomático argentino, avanzan actividades de explotación en aguas circundantes al archipiélago.

El segundo frente se abrió con las declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Valverde, quien en una entrevista subrayó la relevancia estratégica del extremo austral y citó a Magallanes, el sur y el Pasaje de Drake como áreas ligadas a la soberanía y la seguridad.

Las palabras motivaron la respuesta del Gobierno chileno, que reafirmó la indiscutible soberanía sobre el Estrecho de Magallanes y recordó los tratados vigentes.

La Cancillería argentina buscó descomprimir y ratificó el apego a los acuerdos con Chile, en particular el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984.

Digno de admiración 👏. Este comunicado se guarda para la posteridad, para enseñárselo a futuras generaciones y que vean como se debe resolver un malentendido entre dos países hermanos que no sólo están unidos por 5.308 kilómetros de frontera, sino también por la cooperación y…

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El Estrecho de Magallanes, paso natural entre Atlántico y Pacífico, confiere especial sensibilidad al asunto. Su valor se potencia con el del Pasaje de Drake, que separa el extremo sudamericano de la Antártida.

No solo pesa su geografía: allí convergen rutas marítimas, ciencia, recursos y la proyección antártica, donde Argentina mantiene presencia histórica.

La tensión diplomática se produjo mientras ambos países sostienen cooperación militar. Participan del ejercicio Viekarén en el área del Canal Beagle, con misiones de búsqueda, rescate y salvamento.

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La convivencia entre ejercicios conjuntos y chispazos públicos evidencia la sensibilidad del escenario austral. El desafío para Argentina es sostener posiciones soberanas e intereses estratégicos sin poner en riesgo los acuerdos que ordenan el vínculo con Chile.

Cabe mencionar que a esta polémica también se suma un polémico video publicado el martes por la Armada Argentina en sus redes sociales: muestra fiordos y aguas interiores del Estado de Chile, sin mencionar que es territorio chileno.
En específico, y tal como constató BioBioChile, dicho registro incluye paisajes y lugares característicos de la región de Magallanes, e incluso se alcanza a ver un monumento con una bandera y una embarcación de Chile en la grabación. Sin embargo, el texto que acompaña la publicación omite esta información y da a entender que se trataría de un escenario argentino.
La publicación oficial detalla: “El destructor ARA ‘Almirante Brown’ navegó por los canales fueguinos rumbo al Ejercicio Multinacional UNITAS LXVII, atravesando uno de los escenarios marítimos más australes y desafiantes del país”. El texto agrega que durante el recorrido, la unidad continúa fortaleciendo el adiestramiento de su dotación y reafirmando el compromiso de la Armada Argentina con la cooperación regional.

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La presencia y desafío de control efectivo, mientras Gobierno de Milei vendió predio de la Armada Argentina

La discusión sobre soberanía también refiere a la capacidad de sostener presencia territorial y marítima en el sur.

Este mes, el Gobierno de Javier Milei, mediante el Decreto 764/2026, autorizó la venta de un predio de la Armada Argentina de 382.594,79 metros cuadrados en Ushuaia, como parte de una reorganización del patrimonio militar.

El Ejecutivo plantea usar los fondos de ciertas enajenaciones para financiar el reequipamiento, en línea con el Plan ARMA, que canaliza ingresos por ventas, alquileres o privatizaciones de activos estatales hacia la modernización de las Fuerzas Armadas.

A ello se suma el Plan Dédalo, con el que la Armada reestructura su Aviación Naval, trasladando la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima y la Escuela de Aviación Naval de Punta Indio a Bahía Blanca.

También prevé el retiro definitivo de los Super Étendard, aeronaves de la Guerra de Malvinas que integraron por décadas las capacidades aeronavales.

Estas definiciones reabren el debate sobre la asignación de recursos de Defensa y qué medios priorizar para un país con costa extensa, disputas pendientes y proyección antártica.

El interrogante se vuelve más nítido al observar el Atlántico Sur, donde confluyen energía, pesca y ciencia, lo que exige vigilancia y control.

En la llamada Milla 201, inmediatamente fuera de la Zona Económica Exclusiva, operan cientos de barcos extranjeros en temporada de calamar, con fuerte presencia de flotas chinas.

El reto no es solo disuadir la pesca ilegal dentro de aguas propias, sino contar con herramientas para monitorear lo que ocurre junto al límite de las 200 millas y resguardar recursos migratorios.

La actividad hidrocarburífera en Malvinas plantea un desafío similar. El avance de Sea Lion confirma que, mientras continúa la puja por la soberanía, la explotación de recursos crece.

En síntesis, la soberanía en el sur no se define solo en discursos o reclamos históricos. Depende de sostener presencia, controlar espacios marítimos, ampliar infraestructura y mantener capacidades militares.

Atlántico Sur, Estrecho de Magallanes y Pasaje de Drake conforman un espacio clave por recursos, rutas y cercanía antártica. El desafío argentino será asegurar presencia efectiva mientras gestiona reclamos, vínculos regionales y restricciones materiales, concluye el artículo citado.