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La guerra sin fin con Irán erosiona la credibilidad de Trump: de semanas prometidas a medio año en curso

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Agencia EFEAgencia española de noticias

La guerra que, según se anticipaba, duraría semanas y ya suma seis meses sin señales de conclusión, junto con las reiteradas proclamaciones sobre la reapertura del estrecho de Ormuz —que continúa cerrado—, han minado la credibilidad del presidente de EEUU, Donald Trump. Sus detractores sostienen que cambia de postura “cada 24 horas”, lo que reduce el efecto de sus mensajes en los mercados y en el precio del petróleo.

La Operación Furia Épica, iniciada por EEUU e Israel contra Irán el 28 de febrero, fue presentada como “casi completada” en marzo y una “victoria total” en abril. En mayo, el mandatario notificó al Congreso el fin de las hostilidades directas con Teherán.

En al menos una decena de ocasiones, Irán desmintió al presidente sobre una tregua inminente. El alto el fuego se firmó el 17 de junio y venció en agosto, con supuestas conversaciones para reabrir el estrecho de Ormuz que Teherán negó, asegurando que solo dialogaba con Omán. Actualmente, el proceso permanece paralizado.

Medio año después, es complicado ordenar una cronología entre anuncios y hechos. Pese a que Trump sostiene que controla el paso clave para el comercio mundial de crudo y gas, el último fin de semana de agosto solo cruzaron por allí 20 buques, un 90% menos de lo normal.

“El estilo negociador de Trump siempre fue proclive a giros abruptos, pero la guerra ha acentuado sus inconsistencias y ha debilitado aún más su credibilidad”, señaló a EFE el economista de Brookings, Douglas A. Rediker.

La retractación TACO

La política de aranceles de Trump popularizó el acrónimo TACO (Trump Always Chickens Out, ‘Trump siempre se acobarda’) entre funcionarios, analistas y operadores, que lo interpretan como una estrategia de amenazas sobredimensionadas para obtener objetivos. En el frente exterior, esa pauta está alterando la confianza de los aliados.

Para estos “resulta difícil considerar las alianzas históricas como algo más que vínculos transaccionales, en los que valores compartidos, intereses estratégicos y compromisos de largo plazo ya no sustentan ni las políticas ni su credibilidad”, apunta Rediker.

Según el profesor de la Universidad Americana Garren Martin, Trump ya era conocido por “tomarse libertades con los hechos y la precisión” en temas internos; “lo llamativo es ver el mismo patrón en declaraciones sobre la conducción de una guerra”.

Dos semanas después de iniciada la ofensiva, Trump afirmó que un expresidente le confesó en privado su arrepentimiento por no haber atacado a Irán de igual modo. Los portavoces de los cuatro exmandatarios vivos —tres demócratas y un republicano— lo desmintieron.

Para los expertos, es cada vez más imprescindible atender las réplicas de Irán para comprender la marcha de las conversaciones o posibles acuerdos y apoyarse en verificaciones independientes para dimensionar la situación sobre el terreno.

“El problema es que los adversarios han identificado este patrón. Por eso, es menos probable que den peso a cada declaración, sabiendo que muchas pueden no traducirse en nada”, concluye Martin.

Tácticas, no estrategias

Para buena parte de la audiencia, Trump es un interlocutor “caótico”, “impredecible” y “emisor de un caudal constante de mensajes contradictorios” que le permite reivindicar logros en cualquier escenario.

En el caso de Irán, los objetivos iniciales incluían un cambio de régimen y bloquear el desarrollo de un arma nuclear. Al frustrarse la perspectiva de derrocar al gobierno, el foco pasó a neutralizar sus capacidades militares y nucleares. Aun así, la superioridad estadounidense no ha doblegado a Teherán, lo que también erosiona la credibilidad de EEUU.

“Irán no solo evitó la derrota; además infligió daños considerables, directos e indirectos, a aliados de Washington”, sostiene Martin, quien describe una “sensación creciente” de que la guerra, cada vez más impopular, se ha convertido en un “atolladero” para Trump.

Los mercados, por su parte, parecen inmunizarse ante la verborragia oficial.

Si al comienzo del conflicto los comentarios de Trump movían con fuerza el precio del crudo, ahora los anuncios de nuevas negociaciones apenas generan reacciones moderadas.

“Si el presidente declara algo y no cambia el comportamiento de navieras o aseguradoras, es improbable que los mercados respondan con intensidad a promesas de una resolución cercana”, evalúa Martin.

Rediker añade que “la atención se ha desplazado hacia los mercados de bonos, donde los temores sobre inflación global, mayores niveles de deuda, disrupciones en cadenas de suministro, riesgos geopolíticos, pasivos ligados a la Inteligencia Artificial y la incertidumbre general han impulsado fuertes alzas en los costos de endeudamiento a largo plazo”.

“La falta de credibilidad es un lastre. Construirla cuesta; destruirla, no”, advierte el economista.